De faraones, jerarcas y traficantes

Alberto Aziz Nassif

De lo que hay certidumbre es de que el Papa estará lejos de cumplir con todos los grupos e intereses que se han colgado de su visita a México

La visita del Papa ha despertado múltiples expectativas, pronósticos, juicios, deseos y condenas. Es impresionante ver cómo se ha construido esta visita, sobre todo en el mundo de la televisión comercial, en donde resulta difícil escapar al bombardeo de un evento de masas. Los tonos y la modulación han saturado el espacio radioeléctrico del país. Son tantos los usos y abusos que se han hecho de Francisco que resulta complicado apuntar una versión más de esta visita. De lo que hay certidumbre es de que el Papa estará lejos de cumplir con todos los grupos e intereses que se han colgado de su visita a México.

Ante la visita de Francisco se juntan tensiones y expectativas. Se trata de un Papa latinoamericano y jesuita, un hombre que ha renovado el discurso de la Iglesia católica, que se atrevió a limpiar las mafias que dominaban las finanzas del Vaticano y que ha querido darle un sello diferente a una institución eclesiástica que atraviesa por una severa crisis. Francisco habló fuerte sobre medio ambiente y está en una batalla, que por supuesto no ha ganado, de mover a una anquilosada estructura de privilegios y conservadurismo. Como alguna vez me dijo un amigo, es un Papa progresista en lo social y conservador en lo moral, es una frase que lo describe bien. El Papa quiere acentuar compromisos con los más necesitados y revalora una teología comprometida con una agenda social. La tensión polariza porque hay sectores conservadores que lo condenan y sectores progresistas que le reclaman más cambios sobre temas que son difíciles para la Iglesia católica, como la sexualidad, el género, el papel de la mujer. Se trata de retos de la modernidad, de la globalización y la diversidad de un mundo cada vez más complejo, frente a los cuales la Iglesia católica está rezagada. Una crítica que se repite es que hay que pasar de los discursos y los gestos a las acciones.

El Papa llegó a un país instalado en una crisis de derechos humanos; a un México de víctimas de la violencia y víctimas de la pederastia. La misma ruta de la visita marca lugares problemáticos, donde están las huellas del narcotráfico, la migración, de los grupos más vulnerables —los indígenas—, de la precariedad laboral. Francisco ha llegado justo cuando asesinaron a otra periodista, Anabel Flores; murieron 49 personas en un enfrentamiento en la cárcel de Topo Chico, Nuevo León; y el caso de los 43 de Ayotzinapa sigue como un escándalo de impunidad e incompetencia del Estado mexicano.

Con el gobierno fue diplomático como jefe de Estado, hizo llamados a responsabilidad pública, pero la clase política en Palacio Nacional parecía que había ido a un acto religioso. Al cruzar el Zócalo —ya dentro de la Catedral— el Papa hizo una crítica a la jerarquía católica mexicana que, en su gran mayoría y sus núcleos duros, está alejada de la agenda que plantea; ha sido tibia frente a la violencia, ha encubierto la pederastia, ha sido aliada al poder y se ha acomodado a los privilegios. Domina una jerarquía conservadora, clerical e impermeable. Los llamó a la transparencia y a dejar de poner su confianza en los “carros y caballos de los faraones actuales”. En Ecatepec se pronunció contra “los traficantes de la muerte” y la explotación; en San Cristóbal de las Casas estuvo con indígenas y habló de la exclusión estructural y el despojo del que han sido víctimas, invitó a pedirles perdón.

A pesar de toda la diplomacia oportunista (políticos colgándose la medallita), para el gobierno y la jerarquía se trata de una visita incómoda, y muy desagradable para los socios y cómplices de Marcial Maciel. A la vista de todos están los políticos que han gastado recursos públicos en publicidad, que han violentado la laicidad del Estado; pero también está el tráfico de influencias entre la jerarquía católica y las élites. Ahí están los padres de los 43 y las víctimas de Maciel, todos ellos esperan una mirada de Francisco.

Esperemos que los usos y abusos de la visita no terminen por secuestrarla ¿Lograrán los faraones, la parafernalia del poder y la televisión comercial anestesiar los mensajes de Francisco ante la violencia, la exclusión y la corrupción que padece el país?

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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