¿Regresa el optimismo?

Alberto Aziz Nassif

La caída de los precios del crudo es un golpe al presupuesto gubernamental

El inicio de 2016 acumuló en pocos días una gran cantidad de malas noticias, a tal grado que el encanto de empezar un nuevo año se esfumó a una gran velocidad. Las piezas de este rompecabezas son muy similares a las del año anterior. Deterioro de los precios del petróleo por debajo de los 25 dólares; la devaluación por arriba de los 18 pesos por dólar. La violencia del crimen organizado deja una víctima visible, la alcaldesa de Temixco, Morelos, Gisela Mota, es asesinada al día siguiente de tomar posesión del cargo, como una expresión muy significativa del infierno en el que México está atorado. Uno de los diarios más importantes del mundo, The New York Times, publica un editorial muy duro en contra del presidente Peña Nieto. Pero de pronto, la recaptura del Chapo Guzmán se construye como el gran acontecimiento que lleva a decir: “misión cumplida”, como si en realidad se hubiera resuelto un problema grave como la pobreza, la desigualdad, la violencia o la impunidad.

La caída de los precios del crudo es un golpe al presupuesto gubernamental. El propio Gurría (secretario ejecutivo de la OCDE) lo señaló así: “No nos hemos podido despetrolizar más que por la mala” (EL UNIVERSAL, 7/I/2016). Ha sido tan fuerte la baja que incluso las coberturas han disminuido, si el año pasado fueron de un poco más de 70 dólares, en este año llegan sólo a 49. Al mismo tiempo, la devaluación del peso sigue en picada y algunos pronostican que pronto se pueda llegar a veinte por uno. Han regresado los viejos tiempos de la volatilidad. ¿Con estos precios cuál es la línea de flotación de la reforma energética, el gran proyecto del gobierno de Peña Nieto?

En el frente político las imágenes son bastante lamentables. El PRD y el PAN insisten en hacer alianzas para poderse enfrentar a la maquinaria del PRI. Aquí se puede parafrasear el dicho que dice vale más una buena imagen que mil palabras. Una caricatura de Hernández en La Jornada (7/I/2016) muestra un cuadro de tres personas que están de espaldas, un joven perredista toma de la mano a una mujer panista de mediana edad, mientras al mismo tiempo, un señor priísta, que inicia la calvicie, abraza a la mujer como si fuera su pareja. La caricatura expresa el drama que vivimos en donde la oposición, como diferencia y promesa de cambio, se ha esfumado como un horizonte con credibilidad.

La violencia pega un golpe certero, el asesinato de la alcaldesa de Temixco es la expresión de un fracaso contundente en la política de seguridad pública. El mensaje no deja margen de error, el que no se alinea a los intereses criminales, se muere. ¿Cuántos ayuntamientos están dominados por el crimen? Esta realidad se da en diversos territorios del país. Los cárteles piden espacios como obras públicas, donde circula el dinero, y seguridad, donde se cierra el círculo de impunidad. Quizá Gisela Mota no aceptó la regla y le costó la vida. Mientras tanto, el gobernador de Morelos y el presidente municipal de Cuernavaca han dado un espectáculo terrible.

The New York Times (4/I/2016), publicó un editorial fuerte y directo, “Las respuesta que Peña Nieto no le da a México”, en donde afirma que Peña ha tratado de “lavarle la cara a varias verdades incómodas”, la casa blanca, en donde puso a su amigo para investigar el caso; la fuga del Chapo, sobre la que no se ha dado una explicación convincente (hoy recapturado); y el caso de Ayotzinapa, “una de las mayores y más atroces violaciones a los derechos humanos en la historia mexicana reciente”, y el gobierno ha negado a los investigadores internacionales la posibilidad de entrevistar a los “militares en el lugar de la desaparición”. Esto es lo que se piensa del gobierno mexicano en muchos círculos de opinión en Estados Unidos, nuestro principal socio comercial.

Cuando la economía y la inseguridad golpean al país, la recaptura del Chapo es, sin duda, una tablita de apoyo para el gobierno. Sin embargo, es importante dimensionar el hecho y no caer en el ridículo de cantar el Himno nacional, como se hizo en la Cancillería, porque en realidad no alcanza ni para que regrese el optimismo. ¿Se conforman con demasiado poco? Es que no hay más para celebrar…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios