Muy lejos de España

Alberto Aziz Nassif

El pasado 30 de noviembre hubo un debate en internet organizado por el diario El País y fue un momento de condensación de los cambios que ha habido en esa parte de Europa y de los que se anuncian para las elecciones del 20 de diciembre próximo

Mi solidaridad para Maite Azuela

El pasado 30 de noviembre hubo un debate en internet organizado por el diario El País y fue un momento de condensación de los cambios que ha habido en esa parte de Europa y de los que se anuncian para las elecciones del 20 de diciembre próximo. En ese paisaje podemos comparar a México y ver lo lejos que estamos de cambios que nos saquen de la crisis de desconfianza y desencanto en la que estamos sumidos desde hace años, porque en nuestro horizonte sólo se ve una profundización de más de lo mismo.

Durante varios años la transición democrática española se consideró como un modelo. En tiempo recientes, con la crisis y el gobierno de derecha del PP, con la caída del PSOE y la política de austeridad, el modelo mostró cuarteaduras importantes. Los movimientos sociales plantearon nuevas alternativas y la democracia inició un cambio importante, se rompió el bipartidismo (PP-PSOE) y surgieron otras opciones políticas. Se podría decir que España respondió a la crisis con una profundización de la misma democracia. Han surgido nuevos partidos, tanto en el centroderecha, como en la izquierda, y ahora existe una competencia entre cuatro fuerzas que cambian por completo el sistema de partidos. Además, esos partidos son opciones reales de gobierno y ya modificaron el modelo de la transición que ha tenido España desde 1978. Se terminó el bipartidismo.

En el reciente debate pudimos observar a tres jóvenes: Pablo Iglesias, líder de Podemos; Albert Rivera, líder de Ciudadanos, y a Pedro Sánchez, líder del PSOE. El actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que busca reelegirse, decidió no asistir, pero fue una ausencia presente y el blanco de múltiples referencias negativas; su atril vacío fue símbolo de un partido que puede resultar el gran perdedor en los próximos comicios. Uno de los rasgos interesantes del debate fue la nueva dimensión que cada día ha cobrado más importancia en la vida pública de ese país: el rechazo a la vieja política y la aceptación de que después de los movimientos sociales y el famoso 15-M (15 de mayo de 2011) hay otra forma ciudadana de hacer frente a lo público, ahora falta una nueva conexión de las instituciones con la calle.

Varias lecciones se podrían aprender de la democracia española, que por cierto tiene expresiones de descontento y desaprobación del gobierno muy cercanas a los parámetros mexicanos. Sin embargo, algo es diferente entre España y México: allá se logran fracturas que expresan cambios de estructura, aquí, por el contrario, se concentran las inercias y las respuestas son más de lo mismo. El modelo políticoelectoral, y no me refiero a las distancias que hay entre una monarquía constitucional parlamentaria frente a una república presidencialista, sino a cosas más básicas como una estructura de medios no monopólica, una duración de las campañas mucho más corta, el papel central del debate, en contraste aquí tenemos campañas largas, un altísimo costo electoral, la dominancia de los spots, una ausencia de debates en formato libre y un largo etcétera de diferencias que nos llevan a dos tipos de democracia y a dos calidades.

La frescura del debate español es resultado de una sociedad que decidió mostrar los diferentes proyectos de país en una competencia cerrada en la que cualquiera de los cuatro grandes partidos puede ganar y cambiar al gobierno. Los movimientos sociales de los últimos años han abierto posibilidades para otras opciones, una derecha más moderna y una nueva opción de izquierda, otros liderazgos y liderazgos más atractivos.

En México urge una nueva coalición progresista que pueda sacar del poder al PRI y su delincuente aliado Verde. En México nos preguntamos ¿por qué razón no hemos tenido otra opción política que no sea el de la derecha del PRIAN? Estamos muy lejos de España. El problema es que ahora no se trata de imitar un modelo de transición, ya sabemos que esas experiencias no se pueden copiar, sino de encontrar las piezas para salir de la crisis de desconfianza y desencanto, que no es otra cosa que salir de la violencia, la desigualdad y la corrupción en la que estamos atrapados y no hemos podido salir. ¿Será posible?

Investigador del CIESAS.

@AzizNassif

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