La destrucción de la casa común

Alberto Aziz Nassif

Lo más probable es que el conservador episcopado mexicano se sienta muy incómodo con el papa Francisco y su proyecto

La Encíclica, Laudato si’, que publicó recientemente el Papa Francisco establece un análisis sobre la destrucción del medio ambiente. Establece una relación entre los problemas ambientales y el modelo de desarrollo; ubica a los actores y señala responsables. En el documento aparece de manera enfática el costo social del modelo para los grupos más vulnerables de la sociedad. Después del texto hizo un viaje por Ecuador, Bolivia y Paraguay, en donde definió un discurso social en contra de las actuales formas de acumulación y, al regresar, impulsó la agenda ambiental con un grupo amplio de alcaldes.

La destrucción del planeta es resultante de un modelo desigual y sucio que necesita ser modificado. La referencia utópica del Papa, por llamarla de alguna forma, recupera la visión de San Francisco de Asís, el personaje que inspira a Jorge Mario Bergoglio. El Papa habla de una narrativa ecológica y de la relación entre naturaleza y mística cristiana. Sus argumentos apuntan hacia un pluralismo en donde reconoce los aportes científicos y señala los focos rojos que el actual modelo de desarrollo ha hecho al planeta. El análisis es crítico, el tono es drástico como se ve en la siguiente afirmación: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.

Para Francisco, el clima de la modernidad ha producido una “rapidación”, un incremento en la velocidad de la vida que ha llevado a la contaminación, a una cultura del desperdicio y al consumismo. Desde la globalización analiza lo que ha pasado con el agua y la biodiversidad en el planeta. Francisco establece la relación entre el ambiente humano y el entorno natural y muestra cómo se han degradado ambos en una sola crisis. En suma, el “ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado la posibilidad del planeta”.

Una parte central del texto son los excluidos del desarrollo, el intercambio desigual entre países y la “deuda ecológica” que existe del Norte hacia el Sur. El Papa señala que el “sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente (…) los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

Hay una condena al uso de transgénicos y propone una ecología integral. Cuando se habla de soluciones pide incorporar no sólo lo técnico, sino “la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas”, en donde los contextos de las comunidades, de cada grupo humano, son básicos para enfrentar el problema. Ahora que se ha vuelto dominante el neoextractivismo en América Latina y en África, se puede mirar con más detalle esta Encíclica. Esa forma de acumulación que va por las materias primas o commodities, genera conflictos en las comunidades y produce destrucción del medio ambiente. Es la nueva versión de una antigua historia colonial en nuestros países. El gobierno en México entrega todos los días recursos naturales a compañías nacionales y extranjeras que no les interesa cuidar el medio ambiente, ni a las comunidades, sino sólo extraer ganancias.

Una propuesta del Papa es un cambio de hábitos, practicar la “educación ambiental” para generar una “ciudadanía ecológica”. Insiste en apoyar iniciativas locales, porque es en estos espacios donde hay que hacer la defensa del medio ambiente, por eso llamó a un numeroso grupo de alcaldes. Pero, al mismo tiempo, dice que se necesitan acuerdos globales que se cumplan, una “autoridad política mundial” para gobernar el caos ambiental que cada día es más costoso para todos.

Hay en el texto de Francisco múltiples contribuciones de episcopados de diversos países y, de manera destacada, del Sur. No existe en todo el documento una sola referencia a los obispos mexicanos, seguramente porque no han aportado nada al cuidado de la casa común. Lo más probable es que el conservador episcopado mexicano se sienta muy incómodo con Francisco y su proyecto, y no se diga la derecha gobernante…

Investigador del CIESAS.

@AzizNassif

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