Andrés Manuel López Obrador. La tercera es la vencida

Andrés Manuel López Obrador. La tercera es la vencida
02/07/2018
02:20
Misael Zavala / Enviado
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Hace seis años, en medio de una segunda derrota electoral, Andrés Manuel López Obrador escribió el borrador de un texto de despedida: “Quise ser como Madero, como Juárez, como Cárdenas, pero no se pudo. Me voy a retirar”.

A sus 64 años de edad, su terquedad —así descrita por él mismo— lo hizo tomar su tercera candidatura presidencial, convirtiéndose en uno de los aspirantes con mayor edad en la historia de México.

En diciembre, de confirmarse la tendencia, asumirá la Presidencia de la República cumplidos 65 años —el 13 de noviembre—, y estará entre los mandatarios más longevos, tomando en cuenta que Adolfo Ruiz Cortines ha sido uno de los presidentes de mayor edad al iniciar su mandato en 1952 con 63 años.

López Obrador es un personaje poco usual. No tiene cuentas bancarias, tampoco tarjetas de crédito, vive en un departamento que, si bien no es humilde, tampoco es una mansión, y es difícil verlo en una tienda departamental comprando ropa o calzado. Prefiere recorrer el país, se siente más a gusto en los pueblos caminando, empolvándose los zapatos.

Algunos describen su ideología como de centro-izquierda, otros como populista y radical. Él prefiere comulgar con preceptos de los ex presidentes Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. Los cita y toma sus ejemplos, quiere ser como ellos: honesto y hacer cambios radicales para el país.

Además de acabar con la corrupción y el neoliberalismo, tiene el compromiso de tener un gobierno sin gastos suntuosos. Él mismo se describe como sencillo y austero, tanto que pocas veces ha pisado un restaurante de lujo o asistido a cenas de gala.

Duerme un promedio de cinco horas diarias, es de los que descansan poco, incluso al viajar en avión prefiere leer noticias o convertir el asiento en una oficina para planear estrategias con su círculo cercano.

En todos sus recorridos viaja sin guardaespaldas. Realiza sus giras sólo con su jefe de prensa y particular, César Yáñez.

Fuera de cámaras y ante ellas, López Obrador es siempre el mismo. Conversador, de envidiable memoria, sincero, apasionado, nada apresurado y jocoso, y cuenta con cientos de historias que ha recogido en su andar por el país durante los últimos 12 años en las tres campañas en las que ha buscado la Presidencia de la República.

Una vez, en uno de tantos viajes, un hombre le regaló un gallo como muestra de respeto. El candidato de Morena decidió llevarse el animal a su departamento de Copilco y, al no tener un lugar adecuado, lo encerró por la noche en el baño. Cuenta, entre risas, que a las 5 de la mañana del otro día el cantar del gallo despertó a sus hijos y esposa. El animal tuvo que ser regalado.

Ricardo Monreal recuerda que cuando era gobernador de Zacatecas (1998-2004) invitó al tabasqueño a su estado y le ofreció quedarse en el hotel más lujoso, sin embargo, AMLO lo rechazó. Pagó su propia estancia con su familia y solamente comió en restaurantes sencillos. “Nunca le han gustado los lujos”, dice el ahora coordinador regional de la campaña de López Obrador.

Su humildad se remonta a su infancia en Tepetitán, un poblado del municipio de Macuspana, Tabasco. El mayor de siete hermanos creció jugando entre el caudal del río Tepetitán y espacios de tierra que se convertían en campos de beisbol, el deporte que le apasiona.

Antes de él no hubo familiares dedicados a la política. Sus padres, Manuelita (a quien recuerda siempre con nostalgia) y Andrés, fueron comerciantes toda su vida.

Su gusto por la política lo adquirió de varios maestros desde la secundaria en Macuspana y la preparatoria en Villahermosa, pero principalmente en la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la cual estudió por medio de una beca para vivir en la Casa del Estudiante Tabasqueño en la Ciudad de México y de donde se tituló en 1987 con 7.8 de promedio.

Inició como afiliado al PRI. Él mismo se califica como pelliceriano, por su vínculo con el poeta Carlos Pellicer, a quien acompañó en su campaña al Senado como candidato externo priísta en 1976. Después vivió seis años en el Centro Coordinador Indigenista de Tabasco, donde fue conocido por su apoyo a los pobres y a los ancianos.

Sin embargo, su distanciamiento con el tricolor se dio en 1983 por conflictos internos.

Desde ahí se ha convertido en un férreo luchador contra el PRI. Los ha encarado en varias elecciones: dos veces como candidato del PRD a gobernador de Tabasco (ambas derrotado), una más como candidato —también del PRD— a la jefatura de Gobierno de la CDMX (la cual ganó en 2000), y en los últimos 12 años, tres veces como candidato a la Presidencia.

Para Andrés Manuel López Obrador la tercera fue la vencida.

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