Tras el declive de Teotihuacán y previo al auge de los mexicas, existió Tula, una poderosa e influyente ciudad en la cual, se dice, surgió el mito de Quetzalcóatl, uno de los principales dioses de las civilizaciones mesoamericanas.
Actualmente es la zona arqueológica más conocida de Hidalgo y una de las pocas en el país que ofrecen la experiencia de recorrerla al amanecer.
Si te interesa hacer este recorrido, más vale que te lances pronto, pues solo estará por una corta temporada.

La zona arqueológica de Tula se encuentra en la ciudad homónima, al suroeste de Hidalgo, no muy lejos de los límites con el Estado de México.
Los vestigios prehispánicos están dentro del Parque Nacional Tula, una pequeña Área Natural Protegida semidesértica con mezquites, magueyes pulqueros, yucas, nopales, acacias, huizaches, cacomixtles, garambullos, zorras grises, tuzas, conejos castellanos, lagartijas cornudas de montaña y varias especies más.
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Desde el centro de Tula son 10 minutos en auto; desde Pachuca, 1 hora de camino, y desde CDMX, haces alrededor de 1 hora y 40 minutos, aproximadamente.
De acuerdo con las investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Tula —conocida como Tollan-Xicocotitlán— se fundó aproximadamente en el 700 d.C. por teotihuacanos y chichimecas, aunque el mito dice que el responsable fue el legendario rey/sacerdote Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl.
Poco a poco se convirtió en un importante centro ceremonial y religioso, especialmente por su relación con este personaje, al que después varias civilizaciones prehispánicas adoptaron como deidad tutelar.
Además de ser la capital de la civilización tolteca, también fue una ciudad comercial de gran importancia, sobre todo al encontrarse en medio de yacimientos de obsidiana y otros minerales y en las rutas que venían del norte de México, la Península de Yucatán y Centroamérica.
La ciudad prevaleció durante 4 siglos, pero su apogeo se dio entre el 900 d.C. y el 1,000 d.C., cuando se estima que tenía hasta 85 mil habitantes y una extensión de 16 kilómetros cuadrados, siendo la urbe más grande de Mesoamérica en su época.
De su esplendor sobreviven algunos vestigios, por ejemplo:
Ahí mismo está el Museo de Sitio Jorge R. Acosta, con 5 secciones que cuentan la historia del lugar y exhiben cerámica y esculturas.
Al igual que todas las zonas arqueológicas de México, la de Tula abre regularmente en horario diurno, de 9:00 a.m. a 5:00 p.m., pero la Secretaría de Cultura y el INAH han planeado una experiencia diferente: Amaneceres Toltecas.
Esta actividad consiste en un recorrido guiado de aproximadamente 2 kilómetros por los sitios más emblemáticos del complejo, pero con un toque especial: comenzando a las 4:30 a.m. para poder observar el amanecer.
A medida que caminas por sus calzadas, plazas y basamentos y te platican sobre su historia y los valores de los guerreros toltecas, podrás ir apreciando el despertar del sol y cómo sus rayos 'tiñen' los vestigios de más de 1,000 años de antigüedad.
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El costo de los recorridos al amanecer en la zona arqueológica de Tula es de $210 pesos para extranjeros y $105 para mexicanos y residentes.
Los boletos están disponibles en taquillas del recinto (de lunes a viernes de 9:00 a.m. a 4:00 p.m.) o previa reservación mandando correo a:
Toma en cuenta que esta experiencia se ofrecerá únicamente los sábados hasta el 18 de julio.
Facebook: ‘Centro INAH Hidalgo’.
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