Este año se cumplen 200 años de relaciones diplomáticas entre Francia y México, un par de naciones que, a lo largo del tiempo, han creado importantes lazos culturales y económicos.
En Ciudad de México, por ejemplo, hay muestras del gusto por los edificios 'afrancesados' que se construyeron durante el porfiriato, como el Palacio de Bellas Artes, el Palacio Postal o el Gran Hotel Ciudad de México.
Pero, seguramente no sabías que existen dos destinos que unen a estos dos países: un ‘pueblo mexicano’ en Francia y un pueblo ‘francés’ en México. Te contamos.

El ‘pueblo francés’ de México es Santa Rosalía —nombrado pueblo mágico en 2023–, en la costa noreste de Baja California Sur, municipio de Mulegé.
Está muy cerca de la Reserva de la Biósfera El Vizcaíno, una de las Áreas Naturales Protegidas más importantes de la Península de Baja California y de los límites con el estado de Baja California.
En auto, Santa Rosalía está a 50 minutos del pueblo de Mulegé, a 2 horas y media de Loreto y a unas 7 horas de La Paz, capital del estado.
La región de Santa Rosalía estuvo habitada por indígenas yaquis, aunque el pueblo se fundó a finales del siglo XIX, gracias al descubrimiento de minas de cobre de alta pureza y la llegada de la minera francesa Compagnie du Boleo (o El Boleo).
Los edificios, casonas y monumentos del pueblo mágico son de estilo francés —de madera y hierro—, similares a los de las colonias caribeñas. Por esta singularidad, en 1986, Santa Rosalía fue declarada Zona de Monumentos Históricos con un catálogo de 32 inmuebles protegidos.
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Entre sus atractivos está la Parroquia de Santa Bárbara, edificada en 1897 con un diseño atribuido a Gustave Eiffel; el palacio municipal de finales del siglo XIX; el Museo de Historia de la Minería con objetos y fotografías históricas y los vestigios de La Fundidora, las instalaciones principales de la Compagnie du Boleo.
Detrás de la parroquia aún sobrevive uno de los establecimientos franceses fundado en 1901: la Panadería El Boleo. Se trata de una casa de madera con rótulos de aspecto antiguo, donde se hornean panes con técnicas europeas.
Además, en Santa Rosalía existen 4 pequeñas oquedades, conocidas como ‘las minitas’: La Maquinita, Santa Bárbara, San Luciano y Santa Águeda. Son minas reacondicionadas para mostrar cómo se extraían los minerales.
A casi 10 mil kilómetros de distancia de Santa Rosalía se encuentra Barcelonnette, el ‘pueblo mexicano’ de Francia, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, en la frontera con Italia.
Su paisaje es montañoso, rodeado de bosque, en el Valle del Ubaye, que forma parte de los Alpes franceses, muy cerca de los parques nacionales de Mercantour y de Écrins.
La ciudad más cercana es Marsella, a unas 2 horas y 30 minutos en auto.
Aunque el nombre de Barcelonnette puede relacionarse con Cataluña, lo cierto es que la nación extranjera más ‘identificada’ con este pueblo es México, debido a que, entre 1850 y 1950, cerca de 5,000 personas de la región migraron a nuestro país.
¿Te suenan los apellidos Caire, Manuel, Derbez, Jean, Armand, Arnaud, Ebrard, Jauffred o Couttolenec? Son algunas de las familias francesas que arribaron a CDMX, Guadalajara, Veracruz y otras ciudades para fundar comercios —especialmente textileros— como El Puerto de Liverpool, El Palacio de Hierro y Fábricas de Francia.
Sus negocios les permitieron amasar grandes fortunas, motivo por el que edificaron grandes casas de verano en Barcelonnette, de las cuales 51 siguen en pie —y 18 más en Jausiers—.
Caso contrario a Santa Rosalía, en la localidad francesa no influyeron estilos arquitectónicos ‘mexicanos’, pues son construcciones al estilo de la Costa Azul. Sin embargo, algunas de las ‘mansiones mexicanas’ llevan nombres como ‘Villa Puebla’, ‘Villa Durango’ o ‘Villa Morelia’ y tienen detalles en mosaicos y vitrales coloridos con reproducciones de sus negocios en México.
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Una de las principales calles del centro de Barcelonnette lleva el nombre de Avenida Porfirio Díaz. No muy lejos hay establecimientos como el bar La Cantina, el restaurante Adelita, el Hotel Spa Azteca, la Plaza Valle de Bravo y, a las afueras del pueblo, un campamento llamado Tampico.
La relación con México va más allá, pues cada agosto se celebra el Festival Latino-Mexicano con charros y escaramuzas, mariachis y exposiciones temáticas.
En Día de Muertos, es común se imparten talleres de maquillaje y haydegustaciones gastronómicas, se organizan desfiles con catrines y catrinas, mientras que el edificio del ayuntamiento se decora con motivos florales, papel picado y altares.
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