La natación mexicana enfrenta un problema que no pasa por la falta de talento, sino por el rezago tecnológico de sus instalaciones. Mientras el alto rendimiento internacional avanza con estándares cada vez más exigentes, muchas albercas de competencia en este país siguen operando sin el equipamiento mínimo que —desde 2012— es obligatorio en escenarios de primer nivel. La brecha tecnológica condena a los nadadores a competir en desventaja.

Desde los Juegos Olímpicos de Londres, los bancos de salida modernos y los soportes para la salida de dorso son parte esencial del entorno competitivo. No contar con ellos limita el trabajo técnico, impide reproducir condiciones reales de competencia y afecta directamente la mejora de marcas y los procesos de clasificación. Resulta incomprensible que instalaciones donde se han invertido millones de pesos sigan careciendo de implementos que impactan de manera inmediata.

La situación es crítica en sedes clave del país, como la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Centro de Alto Rendimiento de Tijuana, el CNAR en Ciudad de México, la alberca Leyes de Reforma en Veracruz y la alberca pública de León (posible sede de la Olimpiada Nacional 2026), escenarios que carecen de estos recursos técnicos indispensables para la preparación de alto nivel.

Existen, sin embargo, modelos a seguir. Querétaro y Zinacantepec han apostado por la modernización. En la primera, han incorporado arrancaderos y soportes de dorso que permiten entrenar en condiciones equivalentes.

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