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Marcela, una de las figuras más emblemáticas del CMLL, ha convertido su pasión por el cuadrilátero en un legado que trasciende generaciones. Ese amor por el deporte lo comparte con Skadi, su hija, quien aunque carga con el peso de un apellido, ha sabido abrirse camino con identidad propia.
Su esfuerzo constante, su disciplina y la valentía con la que enfrenta prejuicios han despertado en la veterana no únicamente orgullo, sino también un profundo respeto.
“El camino para Skadi fue difícil. Ella no tuvo trato preferencial; se ha ganado su lugar en el CMLL. Le ha costado mucho trabajo. Ha demostrado calidad, talento y que no pueden discriminarla por su peso. Ha batallado, pero la admiro y la respeto por levantar la voz. La empresa se dio cuenta de que es una verdadera luchadora. La he visto crecer y tiene el don del público”, mencionó Marcela.
Con el deseo intacto de compartir, en esta etapa final de su carrera, más cuadriláteros al lado de Skadi, Marcela le dejó un gran consejo a su hija para construir una trayectoria sólida.
“No nos han tocado muchas funciones juntas; han sido pocas, pero las he disfrutado. Espero que más adelante sea posible. Vamos de la mano y trato de aconsejarla para que siga su camino. Le he dicho que tenga amor, que se entregue al 100 en el ring, así sea con cinco personas”, finalizó.
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