San José, Estados Unidos.— Es normal pensar que todas las estrellas de la NFL dieron sus primeros pasos en el futbol americano en alguna escuela o academia de Estados Unidos. Sin embargo, hace 16 años, en las paradisíacas playas de Cancún, Quintana Roo, se forjó el camino de uno de los protagonistas del Super Bowl LX.
Elijah Arroyo, ala cerrada de los Seahawks de Seattle, es uno de los representantes de México, gracias a las raíces de sus abuelos, en el partido más importante de la NFL y, en entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL Deportes, confesó cómo llegó a la mejor Liga en el mundo gracias a su paso por Cancún.
Nacido en Orlando, Florida, Arroyo se mudó a la joya del Caribe a los siete años por el trabajo de sus padres. En ese entonces, como jugador de los Troyanos de Cancún, entrenó en campos de tierra, con piedras y vidrios rotos, pero en lugar de quejarse, eso formó su carácter.

“Cuando jugué en Cancún fue la primera vez que era parte de un equipo de futbol, de una hermandad, y ahí aprendí a desarrollar todas mis habilidades; jugaba todos los días, hice por primera vez los ejercicios de escalera de agilidad, practicábamos, jugábamos tackle football en la playa y nos divertíamos. Todo pasa por algo y terminé aquí gracias a eso”, recuerda con una sonrisa.
Arroyo jugó durante seis años en Quintana Roo antes de mudarse a Texas. En preparatoria destacó y se convirtió en jugador de Hurricanes, de la Universidad de Miami.
El sueño de aquel niño que esquivaba a los perros que cruzaban el campo de juego en Cancún se materializó cuando fue la selección de segunda ronda en el Draft de 2025 por parte de los Seahawks.
Su participación esta temporada fue limitada: 179 yardas y una anotación, pero está presente en el partido más importante de su carrera y con orgullo de sus raíces mexicanas: “Representar a México es una bendición, me da una sensación de orgullo impresionante”, concluyó.