Renunciar a la estabilidad de un empleo fijo para perseguir un sueño parecía una apuesta arriesgada, pero Anselmo Rivas Castro no tuvo dudas. Impulsado por su pasión por la lucha libre, el hombre que años después sería conocido como Dragón Rojo decidió dejar atrás la seguridad de las aulas y emprender un camino lleno de incertidumbre con la ilusión de triunfar sobre los encordados.
“Ya son 19 años como luchador en el Consejo Mundial de Lucha Libre. Salí de mi casa, en la Comarca Lagunera, para perseguir el sueño más grande de mi vida. Mis padres no estaban de acuerdo porque, desde la provincia, la Ciudad de México parecía un lugar complicado y sin garantías de éxito. Aun así, decidí arriesgarme, pese al miedo y la incertidumbre. Hoy puedo decir que fue la decisión correcta. Todo ha valido la pena”, recordó. Leobardo Vázquez H.
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