La Ciudad de México fue el punto de partida del tour global de “El Diablo Viste a la Moda 2“, con una presentación en el Museo Anahuacalli que combinó cine, moda y cultura en un mismo espacio.
El evento se estructuró como un desfile que reunió a cerca de 20 diseñadores mexicanos, incorporando sus propuestas dentro de la narrativa de la película. Con ello, la producción no solo activa su estrategia de promoción, sino que también sitúa el talento local dentro de una plataforma de visibilidad internacional.
Anne Hathaway apareció con un mini vestido rojo de lentejuelas firmado por Stella McCartney, construido con volumen en la cadera y una silueta estructurada que enfatiza el carácter escénico del look. La elección del brillo y la forma refuerza una estética que se aleja de lo discreto y se acerca a una presencia más enfática dentro del lenguaje de la moda.

El estilismo se completa con botas over-the-knee en negro, que aportan contraste y continuidad visual. En conjunto, el look proyecta una lectura contemporánea, alineada con una industria donde la imagen tiene un peso narrativo claro.
En contrapunto, Meryl Streep optó por un diseño de Schiaparell, un vestido camisero en azul marino, ceñido con cinturón y acentuado con botones dorados. La silueta, de líneas definidas, responde a una construcción clásica que prioriza estructura y proporción.
Los accesorios —bolso estructurado, gafas oscuras y joyería discreta— refuerzan una estética contenida, donde cada elemento cumple una función específica. El resultado es un conjunto que privilegia la consistencia visual sobre la experimentación.
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La aparición conjunta de ambas actrices construye un contraste claro entre dos aproximaciones al vestir. Por un lado, una propuesta que recurre al impacto visual y la expresividad; por el otro, una que se sostiene en la sobriedad y la precisión.
Este contraste no solo responde a decisiones estilísticas, sino que también sugiere una lectura sobre los distintos códigos que conviven actualmente dentro de la industria de la moda.
El desfile en el Museo Anahuacalli incorporó el trabajo de diseñadores como Raquel Orozco, Iván Ávalos, Cynthia Buttenklepper, Carla Fernández y María Ponce, entre otros. Su participación sitúa la moda mexicana dentro de un entorno de proyección global, vinculándola con una de las franquicias cinematográficas más influyentes en términos de estilo.
El uso de un espacio como el Anahuacalli, con su carga artística y cultural, refuerza además la intención de articular una narrativa que trasciende lo estrictamente promocional.
Lo presentado en el Museo Anahuacalli confirma que The Devil Wears Prada 2 no solo retoma a sus personajes, sino que amplía su alcance hacia nuevas conversaciones dentro de la industria. La elección de México como punto de partida y la integración de diseñadores locales delinean un proyecto que busca dialogar con un panorama global más diverso.
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