Hay un momento en la vida de toda máscara de pestañas en el que deja de hacer lo que prometía. El cepillo sale cada vez más seco, aparecen grumos y, aunque todavía quede producto en el envase, la tentación de agregarle una gotita de agua para “revivirla” se vuelve inevitable.
Pero con el maquillaje de ojos hay una regla que vale la pena tomar en serio: que todavía quede producto no significa que siga siendo buena idea usarlo.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda desechar la máscara de pestañas tres meses después de haberla comprado. La razón tiene que ver con la forma en que utilizamos este producto: cada vez que sacamos y volvemos a introducir el aplicador, este entra en contacto con el área de los ojos y puede quedar expuesto a bacterias y hongos.

A diferencia de otros productos de maquillaje, la máscara tiene un contacto muy cercano con los ojos y su aplicador se introduce repetidamente en el envase. Con el paso del tiempo, los conservadores pueden perder eficacia y los microorganismos pueden crecer en el producto. Además, la humedad y el calor pueden acelerar su deterioro.
Por eso, aunque una máscara parezca “normal” a simple vista, no siempre es posible saber si su calidad microbiológica sigue siendo adecuada.
La FDA señala que los fabricantes suelen recomendar desechar las máscaras entre dos y cuatro meses después de su compra; en sus recomendaciones específicas para maquillaje de ojos, indica descartarla a los tres meses.
Este es uno de esos trucos de maquillaje que conviene dejar atrás. Cuando la máscara empieza a secarse, no debes agregarle agua ni saliva para intentar recuperar su textura.
La FDA advierte que hacerlo puede introducir microorganismos al producto y, en el caso del agua, también puede diluir los conservadores que ayudan a controlar su crecimiento. Así que, si tu máscara ya está seca, grumosa o cambió notablemente su textura, es mejor despedirse de ella que intentar prolongar su vida útil.
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Los tres meses funcionan como una referencia importante, pero no tienes que esperar a que se cumpla ese tiempo si el producto presenta cambios antes.
Si notas que el rimel cambió de olor, color o textura, se volvió demasiado seca o comienza a comportarse de una manera distinta a cuando estaba nueva, lo más prudente es desecharla. La FDA recomienda tirar los cosméticos que presenten cambios de color u olor y, específicamente para la máscara de pesteñas, desecharla cuando se haya secado.
También hay una situación en la que no deberías pensarlo dos veces: si tienes una infección ocular, suspende el uso de maquillaje para los ojos y desecha los productos que estabas utilizando cuando apareció la infección, ya que podrían haberse contaminado.
La próxima vez que estés a punto de rescatar esa máscara que lleva meses en tu cosmetiquera, piensa que probablemente ya cumplió su misión. Con el maquillaje de ojos, estrenar una máscara nueva no solo significa conseguir mejores pestañas: también es una forma sencilla de cuidar una de las zonas más delicadas del rostro.
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