Anunciada recientemente como ganadora del en la categoría, la artista Irma Palacios (Iguala, Guerrero, 14 de junio de 1943) recapitula, en entrevista, ciertos momentos de su trayectoria: desde su entrada al mundo laboral como empleada en un banco, trabajo que abandonó definitivamente para dedicarse al arte, hasta su amistad con figuras como Ilse Gradwohl, Juan García Ponce, Manuel Felguérez y Mercedes Oteyza, y el influjo no explícito de Lilia Carrillo.

Ganadora también de la Beca Guggenheim y de la Medalla de Oro Bellas Artes 2022, Palacios dijo que se sintió entusiasmada y llena de gusto tras recibir la noticia, y profundizó en el papel que tienen las generaciones de artistas ya consagrados respecto a los más jóvenes. La nada es uno de los lugares finales a los que le gustaría conducir su obra, afirmó.

El premio se dio a conocer el 24 de diciembre, pero aún no tiene fecha oficial de entrega.

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Cuénteme ¿cómo fueron sus años de formación?

Yo quería estudiar contabilidad porque iba a trabajar o trabajé en un banco del Grupo Chihuahua, un superbanco. Pero me salí porque quería estudiar arte y renuncié. Me aceptaron la renuncia y me felicitaron por querer estudiar arte. Entonces, ahí cambió todo. A mí siempre me gustó dibujar. Siempre estaba atenta al arte porque me interesa mucho. Y me interesa que también los jóvenes se interesen mucho por esto. Y porque es una carrera muy satisfactoria cuando se consigue por lo que uno ha trabajado mucho, para hacer unas exposiciones que sean buenas, de maravilla, que se expongan en los mejores lugares, que tenga galería y que todo se pueda ir consiguiendo. A veces depende de los jóvenes y del empeño que pongan en los resultados y también de la respuesta de la gente cuando va a una exposición.

Veo que una etapa de su trabajo parece tener la huella de Francis Bacon, ¿es correcto?

Puede ser, claro. Uno a veces ni se da cuenta de esas cosas que pasan porque uno conoce tantas obras de pintores diferentes que de alguna manera se registran muchas cosas sin querer. Yo quisiera ser como Van Gogh, pero hay una gran diferencia de todo. Aquí un artista muy representativo de México es José Luis Cuevas.

García Ponce escribió sobre usted, ¿fueron amigos?

La primera vez que invité a Juan García Ponce fue porque había una exposición donde yo participaba. Fue en Coyoacán, él fue a la exposición, le gustó y escribió, no mucho, en esa ocasión. Pero posteriormente, cada vez que hacía una exposición, me decía que le informara porque él quería ver todo acerca de mi carrera. Yo lo invitaba siempre porque fue un gran personaje, muy reconocido. Yo confiaba mucho en sus conocimientos sobre arte. Los Castro Leñero y yo íbamos mucho a casa de Juan y a veces salíamos muy tarde por estar hablando de algún tema.

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¿Eso fue en la década de los años 60?

En los años 60, 70. Ahí había cenas, mandaba a comprar tacos. Una vez hice un pastel para Juan García Ponce. Y no lo podía creer.

Leo que la poesía es una de sus principales influencias, ¿qué poetas le gustan?

Francisco Hernández. Yo lo conozco de hace mucho tiempo y lo que escribe me gusta. A mí me ha escrito en muchas presentaciones, para alguna exposición. Eso debe estar en los catálogos.

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¿Qué cambios nota en su obra?

Con modificar un poco los materiales ya hay un cambio. Entonces, a mí me gusta buscar diferentes materiales, me gusta hacer óleo, pero también acuarela. Y la escultura, hice últimamente varios proyectos de escultura que están en la Bodega Nacional [una serie de siete esculturas que hizo en 1994].

¿Qué nota en la obra de los artistas jóvenes en el presente?

Lo que yo he podido decirles a través de la prensa es que tiene uno que seguir adelante: insistir, ser terco, insistir. Yo soy esta o este y quiero seguir siéndolo, y voy a tratar de conseguirlo.

¿Y qué siente que necesitan los artistas del presente?

Que se muevan un poco más dentro de los idiomas porque pueden ser reconocidos a nivel internacional, pueden obtener becas para estudiar en el extranjero y participar en todos los concursos que hay en el mundo. Pueden hacer tanto. Todo lo que quieran. Un joven artista, a lo mejor, debería decir: Me encantaría estudiar en Japón, por ejemplo, o me gustaría mucho exponer en el Museo de Arte Moderno en Nueva York. Son cosas que uno pretende que son muy difíciles. Pero hay que investigar, ir a las embajadas, preguntar cómo se hace. El proceso para llegar a hacerlo. A lo mejor es muy difícil o a lo mejor es fácil. A mí se me hizo muy sencillo que me invitara el maestro Toledo a dar clases en Oaxaca. Y yo me fui a Oaxaca, dejé mi trabajo y todo y me fui con Paco [Castro Leñero]. Porque lo que quería Toledo era que Paco fuera director del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa). Ir a vivir a Oaxaca tiene sus pros y sus contras. Y es que el carácter de Francisco, mi esposo, era muy dedicado a la profesión. Le encantaba trabajar con sus alumnos. Y quería mucho a toda la gente que trabajaba cerca. Ellos nos empezaron a invitar. Pero es de quedarse meses allí. Yo fui a aprender a hacer el papel. No sé hacer papel. Sigo sin saberlo. Pero uno va a ver cómo se hacen las cosas, ¿de qué se trata?, ¿cómo se saca todo ese material tan padre? Y es que hay una comunicación con los materiales que uno debe tener bien resuelta.

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¿Qué consejos le daría a un artista joven, cuando no sabe qué hacer?

Tiene que hacer un esfuerzo porque es diferente a los demás. Y porque tiene un corazón diferente. No nos dieron el mismo corazón.

¿Y cómo siente el presente?Los avances tecnológicos lo hacen vertiginoso

Hay que pescar cambios y usarlos para mejorar. Hay que estar pendiente de esos cambios, porque uno de esos cambios le dará a los jóvenes la diferencia y el triunfo en su carrera.

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¿Le gusta el México actual?, ¿cómo lo percibe?

No mucho, porque me gustaría un poco más de atención de las autoridades o algo hacia la cultura (...) Ha cambiado mucho, no hablo de la Presidenta en particular, hablo en general. Hace falta más atención porque los jóvenes luego dicen: nadie nos fuma. Hay que hablar, ver y ponerse en contacto con artistas que son ya más viejos, y ver cómo solucionar esas cosas.

Por ejemplo, si alguien quiere presentar una exposición en París, ¿qué puede hacer? Primero, ir a la embajada y preguntar qué se necesita, estudiar francés y muchas otras cosas. Todo eso cuesta trabajo a los jóvenes, el apoyo económico también. Siempre debe haber cambios para mejorar la situación del país, la economía, para que los artistas tengan también la posibilidad económica necesaria para desarrollarse. Y eso no es para ir a hacer alborotos al Zócalo en contra de la presidenta. Algo tranquilo, bien planeado, y se pueden obtener cosas. Yo siempre creo en que los artistas tienen un corazón especial y por eso se dedicaron al arte. Yo sé que es difícil, pero se puede hacer algo.

¿Apuesta a que los artistas consagrados hagan redes para apoyar a los artistas jóvenes?

Exacto. Es una muy buena idea porque yo tuve experiencia con los grandes maestros. No lo digo porque yo haya ganado la primera Bienal Tamayo, sino porque Tamayo era una persona a la que le gustaba el arte y disfrutaba de él. Él decía: “I”rma, hay gente a la que le da calentura y va a Houston y aquí tenemos los mejores médicos del mundo. Usted vive exactamente dónde están esas instituciones”. Aunque, a veces, se ve que en algún hospital nadie ha pagado la luz. ¿Cómo las autoridades permiten eso?

¿Qué pregunta diría que atraviesa toda su obra?

La pregunta sería: con lo que veo que has hecho, ¿a dónde vas?, ¿lo vas a realizar?, ¿de qué manera puedes hacer eso para llegar a aquello que quieres? A esa ambición que tenemos todos los seres humanos, no sólo los artistas, de llegar a donde quieres llegar.

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¿A qué lugar le gustaría llegar?

A través de la pintura, llegar a la nada es importante para mí porque significa que ya has probado muchos caminos. Y llegar a la nada es como si cancelaras esos caminos. Pero llegar a la nada también significa que agotaste todos los caminos. Y decir, entonces, ¿ahora qué voy a hacer?, ¿qué voy a hacer con mi vida?, ¿qué voy a hacer con mi futuro?, ¿qué voy a hacer con lo que soy? Son preguntas que uno mismo se haría.

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