Con drones exploran ciudades prehispánicas ocultas en Michoacán

Especialistas usan además tecnología Lidar en la zona arqueológica; hallan restos de una joven de alto rango

Tingambato_Michoacán
La ciudad de Tingambato, contemporánea a Teotihuacan, está entre Uruapan y Pátzcuaro, Michoacán, y para llegar a algunas de sus áreas se emplea tecnología pues está en medio de huertos de aguacate. Fotos: CORTESÍA JOSÉ LUIS PUNZO
Cultura 30/04/2020 00:30 Antonio Díaz Actualizada 14:13
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La Zona Arqueológica Tingambato, ubicada en el estado de Michoacán, se encuentra cimentada sobre otras dos ciudades enterradas a cuatro metros de profundidad, señalan los más recientes estudios realizados por el arqueólogo José Luis Punzo.

El investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)  explica en entrevista que Tingambato es una zona arqueológica que fue habitada entre el año Cero y el 900 d.C. por pobladores de la región y que en un momento fue contemporánea a Teotihuacan y después continuó en el periodo Epiclásico (650-900 d.C.)

Las más recientes investigaciones, señala Punzo, han contribuido a descubrir y confirmar que debajo de la ciudad había otras dos ciudades previas, pero que por algún motivo fueron enterradas, por lo que actualmente se encuentran a cerca de 4 metros de profundidad.

“En el año Cero hubo una primera aldea que fue destruida y encima se construyó otra gran plataforma que permaneció hasta el año 500 d.C., pero que también fue tapada y encima de ella se construyó otra gran ciudad, que es la que se puede visitar hoy en día”, declara.

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Sin embargo, aún no cuentan con los datos de por qué se destruyeron las otras ciudades, aunque señala que sí cuentan con evidencias de que durante la tercera etapa “pareciera” que llegaron pobladores provenientes de lo que actualmente es el centro de México aproximadamente en el año 550 d.C., esto porque fueron encontrados elementos de Teotihuacan.

La Zona Arqueológica Tingambato se encuentra entre Uruapan y Pátzcuaro, sobre un terreno fértil, lleno de vegetación y hasta el momento sólo han sido exploradas alrededor de 100 hectáreas, pero su estudio no es fácil porque en algunas partes hay huertos de aguacate.

Entre la naturaleza

Ante las dificultades por la naturaleza, José Luis Punzo decidió investigar la Zona Arqueológica de Tingambato a partir de la utilización de las tecnologías Lidar (Light Detection and Ranging o Laser Imaging Detection and Ranging) y drones.

“Los estudios se hacen con tecnologías Lidar y drones, son caras, pero si comparamos los resultados obtenidos con éstas y el tiempo y costo que tendríamos que tener si no la utilizáramos, nos daríamos cuenta que no son tan costosas”, sostiene.

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Tingambato es una ciudad poco conocida, afirma el arqueólogo; sin embargo, desde 2014 es explorada con drones que portan equipos de fotografía, con los que se captan imágenes aéreas (ortofotografías), mismas que contribuyen a la generación de modelos tridimensionales.

Las ortofotografías contribuyen al registro de pirámides e incluso en procesos de excavación, pero esa no es la única tecnología, también hace uso de la Lidar, que “utiliza un pulso láser para determinar las superficies. Hemos hecho un Lidar terrestre  que nos da una precisión enorme de los edificios, de las relaciones arquitectónicas que tenemos en el sitio”.

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El uso de los drones y la Lidar es complementario, porque, por un lado, un dron genera una “nube de puntos” con la que se genera un modelo, pero este presenta una problemática: la imagen incluye la cubierta, por lo que “el dron es muy útil en zonas donde no tenemos mucha vegetación. Por ello, ahora empezamos a experimentar, hacemos modelos híbridos a partir de lo obtenido con drones y lidar terrestre”.

La tecnología Lidar terrestre consiste en la colocación de un instrumento sobre un tripié y se le colocan varios sensores de referencia. El objeto gira 360 grados y dispara una gran cantidad de pulsos láser que pegan en cualquier superficie, con lo que se genera otra nube de puntos.

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Además en Tingambato usan el Lidar aéreo, que genera un mapa del terreno: “Despué, con ayuda de algunos algoritmos se retira la capa vegetal, es decir, con esto se descubren ciudades”.

La ciudad de Tingambato

La zona arqueológica de Michoacán fue habitada por pobladores locales, tuvo características muy particulares en cuanto a su producción cerámica, a su interacción con los lugares cercanos, pero que de acuerdo con Punzo, fue definitivamente uno de los lugares más importantes del occidente de México porque alrededor del año 600 d.C. al 800 d.C tuvo su periodo de mayor auge.

Todo apunta a que la ciudad fue abandonada entre el 850 d.C. y el 850 d.C., pero aún se desconocen los motivos: “Sabemos que hubo un gran incendio, hay zonas absolutamente quemadas, no sabemos si se trató de un problema social interno o un problema ecológico. Gracias a geólogos y geofísicos que estudian volcanes cercanos, sabemos que hubo una erupciones en las zonas cercanas en ese momento, pero aún no tenemos datos precisos”, enfatiza.

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Las investigaciones en ese sitio no solamente se han caracterizado por el uso de la tecnología, también porque se han realizado de manera conjunta con otras instituciones a nivel nacional, como la UNAM, e internacional con las universidades de Auckland  (Nueva Zelanda) y la de Estrasburgo (Francia).

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El trabajo interinstitucional, señala el arqueólogo, ha permitido realizar algunos estudios sobre materiales encontrados en la zona. Por ejemplo, se encontraron minerales, mismos que con ayuda de la Universidad de Estrasburgo, se pudo precisar que son del suroeste de Estados Unidos, mientras que las conchas de mar se pudo precisar que su lugar de origen es el Mar Caribe y el Océano Pacífico.

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En el sitio también han sido encontradas tres tumbas: la primera en 1850, la segunda en la década de los 70 y la tercera en 2012.

El descubrimiento de la última tumba causó conmoción porque se trataba de los restos de una persona con 19 mil cuentas de piedra verde, concha y huesos humanos. Ahora, gracias a los nuevos estudios, José Luis Punzo precisa que se trata de una joven de  entre 15 y 19 años: “Estamos trabajando con la Universidad de Harvard para realizarle estudios de ADN. Hemos descubierto que tenía una deformación craneal y los dientes modificados, es decir, se trata de una persona de alto rango”.

Tras los resultados en Tingambato, dice Punzo, quieren utilizar las mismas tecnologías en Tzintzuntzan, zona en la que se realizará un estudio de más de 50 kilómetros cuadrados: “Es un proyecto de investigación Lidar en conjunto con Conacyt, pero por la crisis sanitaria de Covid-19, todo está detenido. Está en proceso y estamos viendo con qué equipo se va a trabajar”, adelanta el arqueólogo que hoy dictará la conferencia “Tingambato: LIDAR, drones y tumbas en una ciudad michoacana del Clásico y el Epiclásico”, que se podrá seguir vía streaming a través de las plataformas de El Colegio Nacional, a las 18 horas.

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