Para que la esperanza comience a tener alguna forma en , tienen que producirse cambios concretos, palpables, en los temas que afectan a la población, pero también con respecto a las libertades, a los a la pluralidad, dice Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), escritor y guionista venezolano que vive exiliado en México y quien analiza el presente de su país, del que salió en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez y en la primera ola represiva de Nicolás Maduro.

El escritor, uno de los autores contemporáneos más reconocidos de América Latina, ganador del Premio Herralde de Novela en 2006 y del Premio Tusquets en 2015 con Patria o muerte, novela sobre Hugo Chávez, conversa con EL UNIVERSAL sobre Venezuela, motor de su literatura.

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Con la detención de Maduro, ¿cómo evalúas la situación?

Lo que ocurrió en la madrugada del 3 de enero aún está ocurriendo, es una historia que no se ha terminado de escribir y, por lo tanto, es muy difícil de leer. La información que tenemos es poca, vaga, confusa… No sabemos, por ejemplo, algo tan básico como el número de muertos ese día. No sabemos cómo pasó todo. Obviamente, no fue una acción improvisada, es algo que forma parte del proceso de conversaciones y negociaciones que venía llevando el gobierno de EU con la cúpula que tiene el poder en Venezuela. Por eso no deja de ser llamativo que, dentro del chavismo, el tema de una posible complicidad o traición interna se haya tratado también con ambigüedad y sutileza. Según Trump, la detención de Maduro es un relato grandilocuente y luminoso; según el chavismo, es un relato lleno de sombras con demasiados silencios. Los venezolanos somos simples espectadores que tratan de buscar otras señales y estamos obligados a explicar lo que aun no logramos entender.

¿Era esta la transición qué tú como venezolano esperabas?

Creo que si el oficialismo hubiera aceptado su derrota electoral, el país habría tenido una oportunidad para construir una transición. Pero en estos momentos no siento que estamos ante una “transición”, en todo caso, no en los términos en que se venía hablando de una transición “hacia la democracia”. Por ahora, pareciera que sólo estamos ante una modificación en la conformación del poder de quienes controlan el país. Habrá qué ver si existe el madurismo sin Maduro y qué pasa con el nuevo actor que ha ingresado al juego, aplicando los mismos métodos que el oficialismo, imponiéndose por la fuerza, hablando y actuando como un chantajista.

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¿La intervención de EU le ha quitado el sabor a triunfo de parte de los venezolanos?

No sé si en estos momentos puede hablarse de un “triunfo de los venezolanos”. De seguro, para la gran mayoría, la detención de Nicolás Maduro y de Cilia Flores tiene algo gratificante, un placer como de desquite ante unos mandatarios que han sido déspotas, corruptos, crueles; que en mas de una ocasión se burlaron públicamente de las miserias de los venezolanos… pero esa sensación pequeña y fugaz no es una victoria. Hasta ahora, en este contexto, parece haber sólo dos ganadores: el gobierno norteamericano y los que han quedado al frente del poder en Venezuela. Trump ha logrado salir del problema de tener una flota inmensa en el Caribe, sabiendo que sus votantes no aprueban que los EU se metan en otra guerra. La captura de Maduro y Flores le ha dado la oportunidad de ofrecer un relato hollywoodense ante su audiencia, un cuento donde “América” triunfa y —sin perder la vida de un soldado— destituye a un tirano y libera a un país. Pero este hecho es casi un accidente en un proceso más amplio. La “intervención” norteamericana parece ser algo que ya se venía negociando y que ahora comienza a implementarse. A Trump le interesa el petróleo y volver a tener control sobre la región. Al chavismo le interesa permanecer en el poder. Y en medio de esa negociación, los venezolanos queremos tener la esperanza de recuperar la democracia, las libertades, los derechos humanos…; no hay señales claras de que podamos lograrlo.

¿Por qué tan celebrada y cuestionada la salida de Maduro?

La salida del poder de cualquier tirano siempre es celebrada. Maduro enfrenta graves acusaciones por delitos de lesa humanidad, bajo su gobierno ha habido por lo menos 15 mil ejecuciones extrajudiciales. Ahora mismo están saliendo datos que delatan también su corrupción, una fortuna estimada en miles de millones de dólares… Pero, al mismo tiempo, la manera en que “sale” del poder viola toda la legislación internacional, ingresar de esa manera y bombardear un país es totalmente cuestionable y establece un precedente pésimo en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. Hay una gran discusión sobre estos dos puntos, azuzada por supuesto, por la polarización. Lo que sí queda claro es que la salida de Maduro representa en gran fracaso de la diplomacia y de la presión internacional. Tanto Lula como Petro y también el propio AMLO, en su momento, le pidieron a Maduro que mostrara las actas, que demostrara que en realidad había ganado la elección. Nunca lo hizo. Le importó un carajo y se burló de todos. Se impuso por la fuerza internamente. Todo es parte de un mismo proceso: el triunfo de la fuerza sobre la política.

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¿Venezuela pasó de dictadura a ser dominio de un emperador?

Venezuela no ha dejado de ser una dictadura. La detención de Maduro no es una rebelión que ha “derrocado” a una tiranía. La construcción de una épica es artificial, irreal. Y no sólo porque quienes quedan al frente del gobierno en Venezuela es el propio gabinete de Maduro, su equipo más cercano, sino porque además el programa presentado por Marcos Rubio para el futuro del país no contempla —de inmediato y como prioridad— un cambio profundo de régimen, ni siquiera es prioritario un proceso gradual de transformación hacia la democracia.

¿Por qué EU no negoció a través María Corina Machado?

María Corina Machado sí tiene mucho arraste y fuerza dentro de la población venezolana. Fue la líder que —contra miles de obstáculos— recorrió el país y logró aglutinar a los sectores populares en contra del gobierno. Ella y su equipo diseñaron e implementaron un operativo extraordinario que permitió desnudar al poder y probar el fraude electoral… Pero siempre ha sido una líder radical, cerrada a la negociación, negada a ofrecer salidas al oficialismo. Yo intuyo que Trump se refería a eso, a que ella no tiene las relaciones, la posibilidad de negociar con las fuerzas militares, políticas, empresariales que dominan el país. Para negociar en los términos y con las prioridades —negocios y petróleo— que quieren los norteamericanos. Es una ecuación pragmática. Por otro lado, también María Corina ha mantenido una estrategia personal equivocada con respecto a Trump. Lo ha adulado demasiado. Ha hablado de compartir con él el premio Nobel de la Paz, un premio que —según ella— es de todos los venezolanos. Está tratando de hacer algo imposible: satisfacer a un narciso.

¿Son Delcy y Jorge Rodríguez la continuación del chavismo?

Desde la muerte de Chávez, Delcy y Jorge Rodríguez se alinearon a Maduro. Han formado parte de su equipo y participado en todos sus programas y decisiones ¿Garantiza esto la continuidad del régimen? Es difícil saberlo. Yo creo que estamos ante un corte importante. No hay que olvidar que Nicolás Maduro tenía una legitimidad de origen. Él era el ungido. Estaba ahí gracias a un dedazo del propio Chávez. Con su salida, hay por lo menos un quiebre simbólico, al que se suma el aparente aislamiento de Diosdado Cabello.

Todo lo que hace el gobierno de EU se sostiene en una premisa: creer que Delcy y Jorge Rodríguez representan o pueden controlar a los diferentes sectores de eso que hasta ahora hemos llamado chavismo, madurismo… se trata de una corporación compleja, donde conviven grupos con distintos negocios, territorios, grupos armados, prisioneros… Hasta ahora, Nicolás Maduro, el “heredero legítimo”, había administrado el poder y el dinero entre todos. Lo que pueda pasar de ahora en adelante es un enigma.

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¿Cuál es el reto que enfrenta ahora Venezuela?

Los retos son infinitos. Tenemos que tratar de volver a ser un país, y no la propiedad privada de la nueva oligarquía “bolivariana”. Me temo que eso es un proceso largo y muy difícil. Estamos muy lejos de recuperar la democracia. Apenas estamos tratando de que los presos políticos recuperen la libertad. Y mira lo que nos está costando… Todavía ni siquiera tenemos muy claro dónde estamos parados y qué realmente está sucediendo. Es cándido pensar que EU puede, a control remoto o con la intermediación de una embajada, “gobernar” o “administrar” una realidad tan compleja como la venezolana. También sería cándido pensar que el oficialismo está aceptando todo este proceso de manera obediente y sumisa, sin reacomodarse, reorganizarse y buscar maneras de resistencia y persistencia. A mí me preocupa que se dé por sentado que ya acabó una etapa y que todo lo que viene es nuevo y distinto. Para que la esperanza comience a tener alguna forma, en Venezuela tienen que producirse cambios concretos, palpables, con respecto a los temas que afectan a la población, y con respecto a las libertades, a los derechos humanos, a la pluralidad.

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