Exiliada desde hace siete años en España, desde donde, dice, sigue en la lucha contra la trata de mujeres y desde donde se mantiene atenta a la realidad nacional, la periodista Lydia Cacho escribió su novela “Un halcón bajo mi ventana” (Lumen) porque para ella era importante escribir una ficción en la que pudiera explorar el pasado para poder entender el presente. Y lo hace como en un espejo de su propia vida y a través desde la lucha feminista en el Movimiento Estudiantil del 68 y esa violencia de Estado que es una maquinaria que persiste.
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“En esa época yo tenía 5 años, ahora tengo 63 años y yo misma estoy en una exploración de qué significa la vida, el caos mundial, mi propio país, en qué estado estamos y cómo sostener la esperanza, el amor y el deseo en estas condiciones”, afirma la escritora en entrevista, donde apunta que, aunque esta no es una novela que pretenda hacer un ejercicio político, sabe que evidentemente todo lo literario y todo lo personal termina siendo político.
“Es una novela que refleja la realidad de una izquierda misógina y machista que en los años 60 estuvo buscando libertades, pero estaban centradas en las necesidades, los deseos y las añoranzas de los hombres, de lo masculino. La lucha de las mujeres en aquel entonces en la realidad, y por eso lo reflejo en la ficción, les incomodaba profundamente a todos estos líderes del 68, a la mayoría de los estudiantes, a los que tenían el micrófono, al corazón de los movimientos estudiantiles, mineros, etcétera”, afirma.
La también autora de “Los demonios del Edén”, que destapó una red de pederastia al más alto nivel y la convirtió en una periodista que vive bajo amenaza, asegura que todos los movimientos sociales de los 60 a la fecha, no hubieran tenido el poder que adquirieron si no fuese por lo que las mujeres hicieron al salir a las calles.
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“Me llamó la atención con toda la investigación para la novela desde hace muchos años, es la cantidad de hombres que hablan por el movimiento borrando sistemáticamente la presencia y la existencia de las líderes mujeres del 68, excepto por tres o cuatro simbólicas, como siempre sucede, siempre hay tres o cuatro mujeres que cubren la cuota de lo de lo simbólico femenino que participa en una lucha revolucionaria que pertenece a la épica de lo masculino. Y que no es privativo de México, igual en la Revolución Cubana, eran Fidel y sus amigos, las mujeres estaban borradas. Y en todo el resto de las revoluciones ha sido así y esta no es la excepción”, afirma.
A la pregunta de si las redes delictivas de trata de mujeres son más fuertes hoy que hace 20 años, Cacho asegura que no es verdad que haya más personas víctimas de trata y de esclavitud sexual y laboral en México, más bien el Estado mexicano es mucho más débil frente a estas redes de trata. Mucho más débil de lo que era antes y esto tiene que ver con el negacionismo.
“Entonces, sí tenemos un hecho concreto que es muy distinto a todo lo que hemos vivido, incluso en la época de ‘Los demonios del Edén’, que ya cumplió 20 años. ¿La diferencia cuál es? Que en aquel momento las y los periodistas cubríamos una doble función que tenía que ver con hacer investigaciones muy puntuales y luego lograr darle la vuelta para que ese trabajo nuestro ayudara judicializar los casos. Lo que ha sucedido es que es cada vez más difícil judicializar un caso”, afirma.
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La periodista agrega que lo grave es que han debilitado de tal manera al poder judicial y a las fiscalías que ya es cada vez más difícil que una familia, que un grupo de activistas, que las redes de los refugios para mujeres víctimas de violencia, incluida la trata y todas las violencias feminicidas, logren judicializar adecuadamente de principio a fin estos casos.
“Y esa sí es una diferencia radical. Y por eso no podemos ceder a ningún gobierno, a ningún a ningún partido político que siga negando, en ningún país del mundo, en Estados Unidos está el negacionismo absoluto sobre el tema de trata, pues Epstein ahí está, amigo del presidente Trump. Eso es lo grave, hay una oleada de negacionismo político con respecto a la trata y las nuevas formas de esclavitud humana en la que por supuesto las redes sociales e internet colaboran y no ayudan, no nos ayudan a proteger a la niñez; en ese sentido sí ha cambiado, pero sin duda yo creo que la gente está mucho más activa, es está más consciente, la gente joven, sobre todo la niñez está mucho más consciente de la realidad”, apunta.
Por ello su apuesta a que tenemos que seguir dando esa grandísima batalla contra el negacionismo. “No me importa de donde venga, no me importa quién sea el partido en el poder, en todos los gobiernos que han estado en el poder en México desde aquel entonces hasta la fecha han permitido que las desapariciones forzadas ejecutadas por cuerpos policiacos, por políticos y por militares corruptos vinculados a miembros del estado, persigan a la prensa, persigan a las organizaciones de la sociedad civil que están trabajando por los derechos civiles y políticos y por los derechos de la niñez”.
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Dice que es un momento estratégico para seguir adelante y decir, "No nos vamos a callar”, y menos cuando una política o un político utiliza frases como “el pueblo manda”, pues asegura que si el pueblo mandara de verdad se reconocería el número de personas desaparecidas que hay, por ejemplo.
“Yo no confío en el Estado mexicano, como nunca he confiado en el Estado mexicano definitivamente. Creo que en eso coincidimos millones de personas, confío en la sociedad mexicana, confío en mi trabajo, confío en las redes increíbles de activistas, de abogadas, abogados que siguen defendiéndonos y confío en el esfuerzo colectivo que seguimos haciendo para poder lograr justicia”, asegura.
Y concluye dando cuenta de su propia historia de amenazas y persecución que la tienen en el exilio. “Sí, yo espero poder morir en México, y no asesinada, y espero poder vivir, o sea, pasar mi vejez aquí en este país, que es mi país que amo. Y mientras tanto pues seguiré hablando de él y escribiendo sobre él y siendo mexicana, aunque haya sido expulsada de mi país por la violencia”.
melc
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