La arqueóloga mexicana (Nueva York, 25 de enero de 1951) defiende su investigación en la Zona Arqueológica de . Gracias a sus aportaciones hoy se conocen datos específicos sobre algunos barrios de esta ciudad, que tiene diferencias sustanciales si se le compara con el área maya o México-Tenochtitlan.

Manzanilla es pionera en el estudio de ADN antiguo para obtener datos arqueológicos, además de realizar prospección con herramientas científicas, metodologías de investigación que hoy son reconocidas y que han llevado a la arqueóloga a ser parte de importantes instituciones de talla mundial.

Por sus 75 años, Linda Manzanilla conversa con EL UNIVERSAL sobre los grandes desafíos de su carrera, las aportaciones de su labor en la comprensión de la vida en Teotihuacan, y hace una crítica a la arqueología actual, que no cuenta, dice, con presupuestos necesarios para que los jóvenes investigadores realicen trabajos de largo aliento.

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También habla de los retos de ser una de las primeras arqueólogas en el mundo en tener influencia en la disciplina; dice que en la academia hay gente “mediocre” que coloca obstáculos, pero ella “sigue en su carril”. “Como dicen: voy derecho, no me quito, porque mi vida es la arqueología y, además, mi lema es hacer ciencia, no ciencia ficción, con el pasado”, apunta.

Con 75 años por cumplir y más de medio siglo de investigación, ¿qué retrospectiva observa de su trabajo?

Hemos sido pioneros en la utilización de la tecnología. En los años 80 no se usaba la tecnología para la arqueología ni la aplicación de técnicas geofísicas. Había otros proyectos, en esa época, que utilizaban sólo un tipo de técnica. Pero nosotros usamos varias, y veíamos los mapas de las anomalías y la contrastación para hacer tanto con la geofísica como con la geoquímica una radiografía de lo que puede estar abajo. De esto fuimos pioneros; mi primer tesista doctoral, Luis Barba, ha sido el impulsor de ese campo que se conoce como la prospección previa a la excavación arqueológica. Luego fuimos pioneros en el estudio de los restos óseos desde distintas disciplinas que están en los institutos de Geofísica, Física y Geología de la UNAM, porque antes esos laboratorios no trabajaban con restos humanos y nosotros, con las investigaciones en el barrio Teopancazco, en Teotihuacan, abrimos el estudio para entender quién es quién en ese registro arqueológico que hacemos del pasado, por ejemplo, en el centro de barrio de Teopancazco que yo excavé durante 13 temporadas de campo. Así, nos dimos cuenta de que había migrantes de otros lados de Mesoamérica, que los atraían para anclarlos como trabajadores dependientes del barrio. Encontramos sus esqueletos y nos preguntábamos cómo poder aplicar la ciencia del siglo XXI para averiguar de dónde venían, qué hicieron en vida, qué patologías tenían, qué dieta seguían, su edad, sexo, entonces analizamos el ADN antiguo, isótopos de oxígeno, de estroncio para ver la paleodieta. Hicimos un proyecto bastante complejo, interdisciplinario, para esta comprensión de quién es quién y luego pudimos darle vida a este barrio. Esa investigación ganó el premio más importante en arqueología: Shanghai Archaeology Forum, en 2015.

Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL
Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL

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¿Qué investigación le ha impactado o desafiado más?

Lo que más me ha impactado es entender cómo vivían los teotihuacanos en los conjuntos multifamiliares. Hicimos, en los años 80, un proyecto acerca de cómo se vivía en los multifamiliares por grupos corporativos. Ganó el Premio de Nacional de Arqueología, el Alfonso Caso del INAH en 1994. Esa investigación fue el clímax de la interdisciplina, los estudios de ADN; así vimos todo lo que la ciencia podía aportar a la arqueología. Sin embargo, el desafío más grande fue entender cómo estaba gobernada Teotihuacan. Es muy desafiante entender la vida de la élite gobernante, porque no es como en el área maya, que hay un gobernante y está el palacio en una Acrópolis, la tumba real del gobernante con su nombre, sus hazañas... no, aquí es un consejo de gobierno y se diluye en el registro arqueológico. No hemos encontrado una tumba real de gobernantes en Teotihuacan; es difícil atarlos a espacios particulares y esto es un desafío porque son individuos que están personificando deidades, son austeros, no son como los administradores de los barrios de la urbe, que se enriquecen, que forman alianzas, que van por corredores y traen gente foránea, materias primas, bienes. Eso lo entendimos muy bien con la arqueología, pero la élite gobernante se nos va; están los datos, pero no queda muy claro cuántos son, quiénes son.

Usted se consolidó como una importante voz mundial en la arqueología. ¿Cómo derribó los muros que menosprecian la labor de la mujer?

Durante mucho tiempo yo me dediqué a trabajar en lo que me interesaba, con gente a la que le interesaba lo mismo, como Teotihuacan. Creo que los obstáculos llegaron cuando ingresé como miembro internacional a la National Academy of Sciences de Estados Unidos, institución donde están los ganadores del Nobel; ahí fui la primera mujer mexicana y científica. Antes de eso, considero, no era una mujer muy visible, solo para mis estudiantes, pero cuando la ciencia mundial me otorga ese reconocimiento, empiezan los golpeteos y los obstáculos, porque yo hago investigación, hago proyectos muy llamativos a nivel internacional. En ese punto me di cuenta cómo es que los mediocres sienten envidia, ponen obstáculos y demás. Pero yo tenía que seguir, esta es mi vida, es mi vocación, es mi trabajo, y hoy tengo que seguir trabajando a pesar de esos obstáculos. Pero sí hay mucha gente mediocre y destructiva, lo único que puedo decir es que México está muy mal a nivel académico, porque reacciona de esa forma tan deleznable, tan destructiva, hacia gente que lo único que hace es trabajar, que cree en la excelencia. Yo creo en la excelencia.

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¿Qué panorama observa de la arqueología actual? Se ven avances, pocos, pero ¿qué ve usted?

Veo que no es culpa del INAH o de la UNAM, es la situación de todo el país. Yo tuve mucha fortuna de tener los presupuestos adecuados para hacer estas investigaciones. Ya no existen esos presupuestos. A mí me da mucha tristeza por los jóvenes arqueólogos que están en mi Instituto y los que están en el INAH, que quieren hacer las cosas en serio y que el presupuesto pues no da, simplemente no hay. Yo tuve mucha fortuna de tener los presupuestos adecuados para hacer estas investigaciones interdisciplinarias de largo aliento. Entonces hoy ellos tienen que concursar por fondos en la hoy Secretaría de Ciencia, que también han sido muy reducidos, o en los de la UNAM, que también son pocos fondos y pues no, los jóvenes no tienen las condiciones que yo tuve. Yo fui muy afortunada no solo por la formación que recibí como arqueóloga, sino por la capacidad que tuve para hacer todo esto en las mejores condiciones presupuestales, eso ya no existe.

¿La arqueología debería abrazar más la interdisciplina?

Puedo decir que hay muchos arqueólogos todavía que no abrazan la interdisciplina, pero estoy satisfecha de que mis discípulos hayan creado una tradición, una que sí abraza lo interdisciplinar, y que lo hace muy bien. Por ejemplo, hay un reciente estudio que retoma lo que nosotros iniciamos y es una reciente publicación sobre la población de Monte Albán, hecho por la doctora Lourdes Márquez. Es ahí donde digo que a mí me da mucho gusto que otros antropólogos físicos del INAH sí entiendan que la interdisciplina realmente da niveles de comprensión de los fenómenos mucho más vastos.

¿Qué está investigando?

Estoy analizando instrumentos que tengo que entregar al INAH: tengo que hacer bases de datos, descripciones, fotografías de los instrumentos del palacio de Xalla (Teotihuacan) que excavé entre la Pirámide del Sol y de la Luna, de 2000 a 2021. Hay muchos instrumentos de obsidiana, cuchillos curvos, cuchillos bifaciales, raspadores, puntas de proyectil, son muchísimos de cada tipo de instrumento. Yo hago las bases de datos, no mis ayudantes, las entrego bien organizadas, es mi responsabilidad. Yo las excavé, yo las estudié, yo tengo que entregarlas al INAH, así debe ser, ya que son patrimonio de la nación. Eso hago, además de muchas conferencias, ponencias, sigo publicando artículos, estoy haciendo genómica, sigo haciendo ADN antiguo e isotopía con investigadores de otros lados del mundo; lo que hago me encanta.

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