“Mucho se ha escrito sobre Maximiliano de Habsburgo y aparentemente no hay nada nuevo sobre él, pero resulta que sí, que hay muchas cosas nuevas que tenemos que saber de él todavía”, dice el historiador Aurelio de los Reyes García-Rojas (Aguascalientes, 1942), quien da a conocer facetas inexploradas de este personaje histórico en el libro Maximiliano y su diario de 1863. (La construcción de un emperador vista por un mexicano), editado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México y por el Seminario de Cultura Mexicana.
Esta versión desconocida de quien fue el segundo emperador de México la encontró el investigador en los diarios de este histórico personaje, donde no sólo destacan sus reflexiones más íntimas sino su faceta como un talentoso dibujante desde su juventud. Tanto el contenido de sus diarios, como los dibujos, son materiales inéditos.
De los Reyes señala que hay cierta reputación en torno a Maximiliano, se decía que era “muy mal administrador”, un romántico, que tenía una mala relación con su hermano, Francisco José I de Austria, emperador de Austria y rey de Hungría desde 1848, y que “se la pasaba suspirando junto con Carlota por un imperio”.
Por esta razón, el egresado de la UNAM y de El Colegio de México se planteó como objetivo de este libro darle voz a Maximiliano.
“Nunca hemos oído su voz. Aunque a veces sí es cierto que se la pasaba suspirando por una corona”, dice en entrevista el ganador del Premio Nacional de Artes y Literatura de 2016.
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Los textos
El texto del libro está enfocado en el diario que escribió Maximiliano de Habsburgo en 1863, el último que escribió y fue poco antes de mudarse a México como emperador. Lo terminó el 26 de septiembre y el 3 de octubre fue cuando se le ofrece el trono en México.
“Nos da otra dimensión completamente distinta, una que yo fui descubriendo. Para mí todo fue una sorpresa”, dice el historiador.
Por ejemplo, sobre su señalada ambición, De los Reyes contrasta esa información con un texto que encontró en los diarios, donde Maximiliano dice que de no lograrse establecer un imperio, él continuará desarrollando sus jardines. Esto lo escribió en el contexto de que los Habsburgo debían llegar a México en octubre de 1862, pero el plan se retrasó debido a la Batalla de Puebla, que tuvo lugar el 5 de mayo de ese año.
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“Quedó en veremos. Maximiliano dudaba que se hiciera el proyecto mexicano y su diario lo dice textualmente: ‘si no se hace lo de México, pues me dedico a mis jardines de la Croma y Miramar. Él estaba muy contento con sus jardines”.
Sobre el rumor de la mala relación con su hermano, principalmente debido a actitudes competitivas, el historiador señala que en los diarios de Maximiliano hay muestras de que él sentía un gran respeto por Francisco José. Aunque eso sí, hay evidencias de que Maximiliano era crítico con la visión política del rey de Hungría. “Decía que le faltaba mucho sentido político y le faltaba mucha sensibilidad política”, detalla.
Tras leer estas páginas íntimas y ante la pregunta sobre ahora cómo describiría a Maximiliano, De los Reyes dice:
“En cierta medida sí es cierto que era un romántico, él mismo lo dijo. Era una persona muy sensible, muy aguda, con muchos sentidos del humor, desde luego. Muy lejos de la ambición que se le supone. Fue el hermano quien lo empujó a México. Fui descubriendo todos unos matices que desvendían, afinaban, precisaban o contradecían la imagen que tenemos de él acá en México”.
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Buenos trazos
Un complejo autorretrato, sentado en un escritorio con toda una escena de ciudad al fondo, es el primer dibujo de Maximiliano de Habsburgo que se presenta en este libro. Tenía cerca de 13 años cuando lo realizó. En esta publicación hay escenas serias ilustradas, como un enfrentamiento entre batallones y de un mercado de esclavos; otras más ligeras y graciosas, como un hombre vomitando, querubines, o plecas decorativas inspiradas en adornos medievales; así como elementos personales, como varios barcos —gustaba de las naves— e ilustraciones, incluso algunas pocas a color con acuarelas, de sus viajes, como el que realizó a Medio Oriente. Esos son los dibujos que hizo Maximiliano en sus diarios de juventud, entre 1844 y 1850.
“Estudiando los dibujos con cuidado, vi que está todo el aprendizaje al dibujar. No sé si los hizo asesorado por maestros, seguramente sí, pero sí se ve cómo progresivamente va mejorando las líneas y la perspectiva, hasta que llega al dominio total”, comenta el historiador que también es experto en cine mudo.
Sin embargo, De los Reyes explica que no ha encontrado información que haga referencia a una afición o educación por el arte.
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El hallazgo
Algo que comparten Aurelio de los Reyes y Maximiliano de Habsburgo es la pasión por los jardines —el emperador también fue botánico y hasta hizo exploraciones en Brasil—. Los jardines del Castillo de Chapultepec impulsaron el interés del especialista por este personaje de la historia, que lo llevó a viajar a los lugares donde estuvo el emperador con Carlota. Fue en 2005 cuando hubo una ventana de oportunidad para visitar el archivo de Maximiliano, el fondo Max von Mexiko del Hous, Hof und Staatsatchiv de Viena, que resguarda 185 cajas con objetos y documentos del emperador Maximiliano, como los diarios.
“Muy amables en el archivo, no le piden a uno ningún requisito, entonces me lo facilitaron y empecé a hojearlo. Ahí empecé a encontrar documentos en inglés, francés la mayor parte y en español las negociaciones sobre su venir. Fui revisando caja por caja y en una de ellas están los diarios”, dice.
Para la lectura de documentos, De los Reyes colaboró con el paleógrafo Patrik Fiska y la traductora Mónica Herzig.
“La documentación está escrita en alemán austriaco, y con una grafía que aquí en México no encontré traductor ni nadie que me la pudiera transcribir porque no la entendía. La traductora, muy empeñosa, porque el alemán austriaco está muy contaminado de vocablos procedentes de las diversas lenguas del imperio austrohúngaro. Por eso pude hacer el libro”, afirma el historiador.
De los Reyes dice que continúa frecuentando el archivo, pues trabaja en una segunda parte del libro, sobre el final del imperio y la salida de Carlota a Europa. “Ojalá me alcance la vida”, concluye.
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