Cultura

Iñárritu: El cine a la agenda cultural

El realizador, que acaba de ingresar a El Colegio Nacional, charla con EL UNIVERSAL de cine, recursos al sector, política y migración

Alejandro González Iñárritu. Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL
28/05/2026 |04:26
José Quezada
Reportera de la sección CulturaVer perfil

(Ciudad de México, 1963) habla en entrevista con EL UNIVERSAL, después de convertirse en el primer cineasta que ingresa oficialmente a , sobre sus planes en la institución, el retroceso cultural que ha enfrentado México y la condición inmigrante.





Con su ingreso vendrán figuras no tan relacionadas con la idea tradicional de cultura

—Precisamente mi intención es traer a El Colegio Nacional, a través de mí, abrir la puerta a muchos otros cineastas que merecen tener también una voz de su experiencia, de la sabiduría en lo que han hecho para poder compartirla con quien quiera que les sea útil. Creo que el cine siempre se vio antes como una especie de arte secundario más popular, más como entretenimiento que como cultura. Y lo es. Porque, como dije ayer, el cine se manifiesta de millones de cosas No hay un solo cine, pero también el cine puede ser profundamente poético, antropológico, un espejo de la sociedad que puede brindar mucho diálogo y sabiduría colectiva. Creo que esa es la parte que es bien interesante, las dos cosas pueden convivir. Y que se hayan atrevido a invitarme a mí quiere decir que o son muy valientes o cometieron un gran error. Pero ya que abrieron la puerta vamos a ver de qué forma integramos al cine a la conversación cultural del país.

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¿Qué actividades tiene ya proyectadas?

—Te mentiría si te dijera que ya tengo una agenda porque estoy en un momento bien difícil. Estoy editando y terminando mi película. Me costó mucho escribir este texto porque lo que yo traté de racionalizar ayer o articular es lo que yo hago intuitivamente. Yo no trabajo intelectualmente, yo trabajo intuitivamente. Tuve que poner, por este ejercicio, las cosas en palabras y en un orden, pero estoy al mismo tiempo poniendo un orden en mi película. Fue un trabajo paralelo. No me ha dado tiempo todavía de ponerme a pensar, realmente, cuál va a ser mi primera actividad o cómo quiero hacer, pero lo que sí te puedo decir es que me gustaría mucho ser, prácticamente, un vehículo para dar entrada a muchos cineastas que, como yo, tendrán mucho que decir.

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Entrevista al director de cine Alejandro González Iñárritu, quién recientemente ingresó al Colegio Nacional Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL

¿Usted cómo percibe la cultura y la educación en México?

—Creo que tristemente se ha venido erosionando, enormemente, por una casi campaña de López Obrador, quien veía la cultura como un acto elitista Innecesario, aristócrata, oportunista, atacando prácticamente la libertad de pensamiento, que es lo que define esta casa [El Colegio Nacional] y etiquetándola como una especie de parásito de la sociedad. Lo cual me parece, en primer lugar, una agresión innecesaria; en segundo, muy ignorante porque no es así y porque el arte y la cultura son esenciales para la vida interna, espiritual, trascendental de la gente. Es un elemento vital. Un pueblo sin cultura no es pueblo. Punto. Sí, puedes tener frijoles y arroz, pero no es nada si no hay una forma de manifestarnos y, de alguna forma, palpar esa existencia de alguna forma, manifestarla, hacer testimonios, a través del arte de lo que somos, de lo que sentimos. Es lo que nos hace aprender. Creo que, tristemente, la percepción o la concepción de la cultura de este partido es absolutamente equivocada y ha mermado todos los presupuestos.Tengo esperanza de que hay una iniciativa de hacer un incentivo cinematográfico aún más potente. Parece que va a haber un incentivo fiscal para invitar gente a producir más, que haya más producción de cine, lo cual me parece muy bueno y un signo, a lo mejor, de que las cosas pueden cambiar. Ojalá que haya un cambio de política cultural en ese aspecto.

¿Es una línea similar a la que se hace en Estados Unidos?

—En Estados Unidos hay incentivos fiscales en algunos estados y cada sexenio cambia. Y es una tragedia. Donde hay incentivos fiscales de verdad es en Reino Unido, en Italia, digamos, son dos países donde hay verdaderamente beneficios fiscales, verdaderamente más sostentidos, como una ley cultural más allá de los partidos. Porque sí sólo entran por sexenios, no sirve. Toda la infraestructura necesita mucho tiempo para formarse. A mí me ha tocado, en lo que he vivido en Estados Unidos, varios: el de Atlanta fue una de las grandes ciudades donde se estaba filmando y lo quitaron; Nuevo Orleans, Luisiana, todos los chavos se fueron a vivir ahí y lo quitaron. El incentivo fiscal tiene que ser un compromiso a largo plazo porque tarda mucho en que realmente eso empiece a tener un sentido, es una industria. Ojalá que este incentivo no sea sólo una especie de fachada, de caricia a la cultura que es popular. Pero también lo que necesita es la música, como lo que hacen en Venezuela con El Sistema. Eso es un programa cultural. Soy muy amigo de Gustavo Dudamel. 85 mil, 100 mil chicos de barrios pobres son músicos clásicos, y les ha salvado la vida. Eso es un programa cultural, eso es un apoyo cultural, y eso es lo que López Obrador tristemente no pudo entender: que cuando realmente sacas de la pobreza mental y existencial a los chicos y desde los 7 años empiezan a tocar el violín y se convierten en unos buenos seres humanos porque tocan el violín, y a lo mejor tienen ingresos pocos, pero el señor es un violinista, ese es un programa social cultural brutal, y eso es algo que debió haber entendido bajo sus principios —que comparto muchos, pero ese me parece una negación brutal.

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¿Cómo cambió su sentido de la migración con una figura tan xenófoba como Trump?

—Lo hemos visto todos, en tiempo presente, basta ver las noticias para entender. Antes este tipo de discursos se escondían. Ahora, la crueldad se ha convertido en bandera política. El que un presidente posteé cómo se maltrata a la gente con cadenas, cómo los humillan y la forma en que se refiere a los inmigrantes. La degradación, el insulto, la crueldad en un gobierno es algo que nunca habíamos visto en la historia. El abuso. Es preocupante porque está sucediendo en todo el mundo, no sólo en Estados Unidos. Y aquí en México pasa también, tengo que decirlo. También el trato que hay de los latinoamericanos que llegan aquí con condiciones pobres. Los asaltan, los violan, también aquí suceden cosas terribles para los migrantes y lo tenemos que ver y reconocer.

Usted estaba en California, ¿qué sigue ahora?

—Estamos en un éxodo, todavía flotador, podríamos decirlo. Estamos en el bardo total, el limbo.

¿Puede hablar algo de su próxima película?

— La verdad no mucho porque tiene muchas sorpresas, pero te puedo decir que es una película como nunca había hecho. Una película extremadamente original, una comedia salvaje con un Tom Cruise que va a sorprender al mundo, con muchos actores brillantes. Que me tomó nueve años escribir iniciando con Sabina Berman, luego Alexander Dinelaris y Nicolas Giacobone. Una película que se ha venido transformando, de un tema que me interesa muchísimo, adaptado con un gran sentido del humor y espero que la gente vaya a reírse mucho, a divertirse, pero también espero que haga pensar y sentir a mucha gente. Estoy muy contento, muy orgulloso de la película.

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