El 2026 es un año clave para la arquitecta Frida Escobedo (Ciudad de México, 1979). Su estudio de arquitectura celebra su 20 aniversario, fue nombrada miembro honorario del American Institute of Architects (AIA), comienza la construcción de la nueva ala de arte moderno y contemporáneo que diseñó para el Museo Metropolitano de Nueva York y, al mismo tiempo, arranca la renovación del Centro Pompidou, museo parisino donde colaborará con las firmas AIA Life Designers y Moreau Kusunoki.
Por si fuera poco, ayer le otorgaron el National Design Award que otorga el Museo Nacional de Diseño Cooper-Hewitt. Estos hitos se suman a logros que ha alcanzado en los últimos años, como la apertura de su oficina en Nueva York (2022) y la comisión de la nueva sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar (2025).
“Frida es sin lugar a dudas la arquitecta más destacada, no sólo de México, sino a nivel global actualmente”, afirma Miquel Adrià, arquitecto y fundador de la revista Arquine. Lo que lleva a Escobedo a ser la mujer a seguir en el ámbito cultural en este año.

Lee también: Proyecto Templo Mayor revela ceremonia monumental de Motecuhzoma Ilhuicamina; hallan cofres y tesoros mexicas
En entrevista con EL UNIVERSAL, realizada en diciembre de 2025, Escobedo reconoció que llegar a este nivel de su carrera profesional fue un camino difícil y de mucho trabajo. Al preguntarle si el género plantea problemáticas dentro del gremio, la arquitecta declaró: “Queda mucho trecho que recorrer para que la disparidad de género se elimine, todavía no estamos ahí, pero me siento increíblemente privilegiada de poder seguir trabajando”.
Para celebrar su trayectoria, los expertos Hans Ulrich Obrist, director artístico de la Serpentine Gallery; Ana Elena Mallet, curadora especializada en diseño; Joseph Ruocco, miembro del jurado de AIA, y Miquel Adrià, arquitecto y fundador de la revista Arquine, reflexionan sobre la trayectoria de la mexicana.
La arquitectura según Frida
“Hay muchas dimensiones en la práctica de Escobedo, por supuesto la principal es la conexión de las cuestiones sociales, económicas y políticas. Creo que para Frida la arquitectura es una conversación, un diálogo sobre el futuro, pero no sin perder el pasado. Tiene mucho que ver con acercar a la gente, crear espacios donde la gente pueda ir más allá de la separación, algo que caracteriza lo de hoy en día en una época tan polarizante”, dice Hans Ulrich Obrist, quien seleccionó a Escobedo para diseñar el pabellón anual de la galería en 2018.

Joseph Ruocco compartió a este diario que su argumento para hacer miembro honorario a Escobedo en la AIA tiene que ver con el aspecto de “convocar el compromiso cívico y elevar la experiencia humana” de sus diseños. En particular, para Ruocco, el proyecto con mayor impacto que ha diseñado la mexicana es la destilería que creó para la mezcalería Yola, en Oaxaca.
“Ella creó un espacio que apoya y empodera a la mano de obra local femenina. El diseño que hizo integra un espacio de guardería, áreas de reunión y un espacio seguro para las mujeres que hayan sufrido violencia doméstica. Sustituyó la cafetería con una cocina comunitaria que también permitiría que las trabajadoras llevaran comida a casa. Estas decisiones responden directamente a la carga del doble turno que enfrentan las mujeres que además de trabajar, tienen obligaciones domésticas, ayudando así a redefinir el espacio de trabajo como un lugar de cuidado”.
En cuanto a lo estético, Obrist dice que los diseños de la mexicana siguen la idea de que los edificios reflejan los cambios culturales, por lo que sus creaciones no son estáticas, además de que “luz y sombra” son elementos importantes.

Miquel Adrià destaca que entre las virtudes de Escobedo como arquitecta se encuentran su sensibilidad con el arte, lo que la ha llevado a trabajar proyectos con Museo Jumex, la Galerie Nordenhake, o su última participación en Art Basel (Suiza) junto a la artista argentina Marta Minujín. Otro aspecto importante para Adrià es el manejo de materiales de Escobedo: “Tiene esa capacidad de hacer que hasta el material más simple, más corriente, transgredirlo y convertirlo en un material poético”.
Ana Elena Mallet explica que la función, la estética, la limpieza y el dramatismo son elementos claves en su arquitectura, así como trabajar con materiales y recursos propios del lugar donde se hace la obra. “Es una obsesiva con la luz, con los acabados, con los detalles y esa parte del proceso de ir de lo muy general a encontrar muchas referencias”, añade la curadora, quien trabajó con Escobedo en la exposición “El diseño de Cartier: Un legado vivo”, en el Museo Jumex, en 2023.
Disciplinada, pero sin dejar de ser flexible, es otra manera en la que Mallet describe a la arquitecta que puede trabajar desde la escala de un edificio, hasta joyas y mobiliario, como los bancos que se pueden ver en exhibición en Nordenhake, hasta el 14 de marzo.

Espacios comunitarios
Escobedo está lejos de ser una “starchitect”, —término que surgió en los 90 para etiquetar a arquitectos que eran la figura central del proyecto, como Frank Ghery o Norman Foster— porque en su proceso de diseño “toma todas las ideas de los involucrados y a partir de ese roster de ideas aterriza las soluciones de los proyectos. (…) Me ha impresionado mucho su manera de armar equipos, de delegar, de atraer a gente súper talentosa, no solamente les permite hacer, sino claramente les enseña, los forma en un camino”, dice la curadora, quien recuerda que Escobedo también ha tenido una trayectoria como docente en universidades como Yale, Columbia y Harvard.
Entre los expertos también llama la atención porque, comparada con otras firmas, la oficina de Escobedo es de menor tamaño. En conversación con este diario, la mexicana ya había explicado que procura una “expansión cuidadosa”, pues busca que sus equipos sean pequeños y que ella esté involucrada en cada proyecto. “Tratamos de mantener los equipos lo más compactos que se puedan para que los proyectos se trabajen de manera directa, colaborativa con muchas conversaciones de por medio en las que yo estoy continuamente involucrada”, dijo.
Ulrich Obrist también recuerda el sentimiento de comunidad que propició Escobedo con su pabellón en Londres: “logró atraer a la gente y crear una conversación en un espacio conveniente. Fue muy impresionante que creó un espacio abierto, accesible, realmente público. No tenía puertas”. El curador, uno de los más importantes a nivel internacional, recuerda que incluso una vez un taxista le contó el impacto que tuvo el pabellón de Escobedo en su hija, quien años después se decidió por estudiar arquitectura. “Tuvo esta epifanía arquitectónica en el pabellón y él quería agradecer por eso. Incluso me contó que él y su hija no iban a museos porque decía que no estaban hechos para ellos. Pero fue porque el pabellón de Frida no tenía puertas que alentó a que caminaran por él y así pasó con muchos que visitaron la estructura y tuvieron una experiencia que los enriqueció”.

Proyección internacional
La llegada de Escobedo al Met cambió las reglas del juego, dice Adrià, pues el proyecto originalmente lo iba a hacer el ganador del Pritzker David Chipperfield. La comisión terminó siendo para Escobedo, quien entonces, 2022, fue anunciada como la primera mujer en diseñar un edificio para el museo y se destacó que es latina. Sin embargo, Adrià apunta que más allá de la cuota, fueron sus virtudes las que la catapultaron a alcanzar ese logro: “la verdad es que el caso de Frida emerge como una nueva estrella, por su propia levedad, por sus características, por su carisma”.
Sobre qué esperar de Frida Escobedo a futuro, Mallet considera que la arquitecta “tiene algo de misterio”, sobre todo porque tanto su imagen como su carrera están en construcción. “Yo creo que esa disciplina, esa visión y constante curiosidad que tiene, la va a llevar a poder realizar una carrera muy sólida y muy internacional”, agrega.
“Estamos encantados de que después del pabellón en la Serpentine Gallery, porque fue su primera comisión internacional grande, Frida haya tenido mucho éxito. Es emocionante ver cómo ha crecido y ver cómo hace lo del Met, el Pompidou y el Ministerio. Lo que es muy especial es su increíble curiosidad y la forma en la que conecta distintas disciplinas”, concluye Hans Ulrich Obrist.

[Publicidad]
[Publicidad]




