Sobreviviente de la violencia del narco, Carmen Larrañaga, protagonista, junto con Néstor del Valle, de la nueva novela de Élmer Mendoza, congrega muchas de las batallas de las mujeres que enfrentan la violencia machista que persiste en México. Ella, la Sirena, disputa la candidatura a una diputación federal en Culiacán en un tiempo donde la violencia azota a la política; en esa aspiración temeraria, ella halla resonancia en las tragedias de las viudas de policías, las madres de desaparecidos, las feministas, académicas y trabajadoras sexuales, y encuentra la amistad en un guardia de seguridad jubilado y en un grupo de mujeres.
Aunque a lo largo de sus novelas, el escritor y columnista de EL UNIVERSAL ha abordado el universo femenino a través de mujeres fuertes, no lo había hecho de manera tan profunda y con la consciencia social y humana, ni había expuesto la realidad política y social mexicana como lo logra en La sirena y el jubilado (Alfaguara, 2026), una historia que se sitúa entre el thriller político y el retrato social, que deja ver, asegura, el oscurantismo que vivimos en México.
¿Qué detona la historia y que entres a las luchas de las mujeres y la violencia política?
En la medida en que la violencia afecta nuestra vida, afecta el lenguaje, afecta las formas de comunicación, el cómo hablamos, de qué no hablamos y qué debemos decir con gestos. Antes de la pandemia yo comencé esta historia, luego de que en El Colegio de Sinaloa dedicamos un ciclo sobre las problemáticas que enfrentan las mujeres. Y a mí me impactó mucho el dato que manejaron ahí de que se estaban asesinando a casi 10 mujeres al día. Eso me dolió y dije “¿Qué es esto?, ¿qué ha pasado?”... Allí dijeron también que los culpables no solamente eran varones sino mujeres. A partir de toda la provocación que me hicieron ese grupo de mujeres sobre la desaparición en este país y el asesinato de mujeres, comencé a pensar, a trabajar, a hacer notas, a hacer registros. Pasaron los años y en las elecciones pasadas, cuando yo prácticamente había terminado la novela, me asombró saber los datos de la cantidad de políticas mujeres, también varones, que fueron agredidas, heridas o asesinadas. Compruebo cada día que frente a la barbarie, las ideas generalmente fracasan o tardan muchísimo en plantarse. Y que la lucha de las mujeres es muy cuesta arriba.
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¿Una lucha donde jóvenes tienen pocas opciones de vida?
Los rezagos en el terreno educativo son muy severos. Estuve el viernes en una reunión con la Presidenta en Mazatlán, las personas que estaban allí y yo mismo tocamos el tema de la educación y ella lo tocó también y tocó la deserción. Y la deserción, que es la fuente de la que se alimentan los cárteles, se dá en secundaria y prepa. No es nuevo, hay una advertencia que tiene unos 25 años. Yo formo parte de un grupo de promotores de lectura, siempre estamos en las escuelas evitando la deserción, también lo hacemos desde El Colegio de Sinaloa. Es un trabajo muy modesto, pero es un trabajo necesario para lograr que alguno de los chicos que van para allá, puedan decidir no hacerlo.
¿Aun así crees que el cambio vendrá de las instituciones?
No quiero dejar de confiar en las instituciones porque tener esperanza a uno le da fuerza para seguir viviendo y yo tengo esperanza. Sé que a la Presidenta le ha toca do bailar con una muy fea y que esperamos todo de ella. Yo espero que lo que dé al país tenga que ver con su género; es decir, con ser mujer, más que con ser política o ser de la transformación y esas cosas que no sirven. La conciencia de ser mujer, la conciencia de que gobierna un país que está identificado como uno de los más violentos del mundo y donde las víctimas más frecuentes son las mujeres. Yo creo que no puede estar ciega a eso, al menos muchas mujeres que yo conozco siguen teniendo esperanza. Apenas va por el segundo año y yo espero que no les falle porque son mujeres que han sufrido historias como las que cuento aquí.
¿Querías que esta novela hablara de la realidad actual?
Cuando yo era joven ser político no era opción porque el partido que gobernaba era muy corrupto, que había hecho la masacre del 68. Y lo que ha pasado con las derivaciones de algunos políticos de izquierda despertó interés, pero no lo han conseguido; incluso el partido en el poder parece ser parte de ese poder enfermo. ¿En qué país viven? Los que no vivimos en Ciudad de México, creemos que ellos solo piensan en su calle que está en la Ciudad de México. Los políticos se preocupan más por hacer todos los acomodos políticos y sus reformas que resolver los problemas urgentes como es el asesinato de mujeres.

¿Qué representa dentro de tu literatura esta novela?
Tardé muchos años en crear un estilo y estoy en él, La sirena y el jubilado es una variación nada más; he cambiado de personajes, pero tengo el mismo lenguaje. El tratamiento es diferente porque es una novela que no se parece a las del Zurdo Mendoza, eso me costó muchísimo trabajo. Empecé a escribir la novela antes de la pandemia y tardé en terminarla porque es un registro distinto que estaba intentando hacer. Soy un autor que siempre trabaja mucho sobre sus propias dudas y resolver mis dudas me hace llegar a otras conclusiones a las que no había llegado. Aquí tuve que crear dos personajes principales, pero los otros también brillan. El reto es nunca perder mi objetivo principal que es hacer literatura. Desde luego cuento un problema bastante grave, pero debe tener un nivel estético, debe tener dentro mi estilo y el patrón literario sobre el que trabajo, tiene que tener también una provocación.
¿México está siempre presente, tu barrio, tu gente?
Como muchos otros, soy uno de los autores que cuenta este país y cuenta esta época. Es algo que es cercano a mí y me facilita, sobre todo la utilización del lenguaje y de los espacios, pero también la presencia de seres reales. Hubiera podido contar la biografía de cualquiera. Había muchas personas, muchas mujeres con interés político en alguna etapa de su vida y que no pudieron porque tenían que pagar con el cuerpo, tenían que pagar con dinero.
Yo no sé qué vaya a pasar, pero, no estamos bien. Las decisiones que están tomando las Cámaras y todos los poderes, no son decisiones que así, sin ser analista, uno pueda pensar que es para mejorar a México. Vamos a ver qué pasa o cuántos años nos va a llevar salir de este oscurantismo.
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