Un nuevo libro de Carlos Martínez Assad, En la tierra todo pasará y también en Medio Oriente (Ediciones del Lirio, 2026), llega con una enorme actualidad. Estamos de nuevo en una confrontación armada y podemos pasar de las noticias en cada momento del día a las reflexiones de un texto que nos abre la mirada histórica de una región que ha vivido en guerra desde hace muchas décadas.

El autor escribe con mucha libertad un ensayo, una historia, una crónica y un análisis. Este libro tiene cuatro partes, en la primera: “La falsa idea de la paz prolongada”, destaca múltiples piezas de un rompecabezas que nos hablan del mundo actual, es decir, de la inmigración, el destierro, la huida de la guerra, de la represión; de la búsqueda de un refugio por razones políticas, militares, de violencia. Hay una descomposición global y agravada, que recorre diversas geografías, como Turquía que “acoge la mayor población de refugiados del mundo con 3.7 millones, seguido por Colombia con 1.7 millones, que incluye a venezolanos, Pakistán con 1.4 millones y Alemania con 1.2 millones” (p. 57). Estos complejos fenómenos de inmigración se han vuelto la causa más publicitada que articula las agendas de las ultraderechas en todas partes. Hay una mezcla de nacionalismos, populismos y rechazo a los otros, a los diferentes, por su color, su religión, su origen, su lengua.

En una segunda parte, “Las representaciones de la guerra”, se anotan viejos resortes que se actualizan para una polarización cada vez más radical entre el islamismo, cristianismo y sionismo. Se muestran, por ejemplo, los cambios de Santa Sofía en Estambul, que pasó de ser museo a mezquita; la pugna que pierde el laicismo frente al regreso de lo religioso, como expresión cultural que acompaña los tambores de guerra. Rusia-Ucrania, Armenia-Azerbayán; pueden cambiar los nombres, pero las dinámicas de confrontación se mantienen; Estados Unidos-Irak, Israel-Líbano; oriente-occidente, las actualizaciones de estos capítulos se pueden leer en los diarios de hoy en la mañana, Israel-Estados Unidos en contra de Irán; Irán en contra de sus vecinos. Dice el autor, “Irán es un país del que se habla mucho y se conoce poco. En el diario El País se señala que a Irán se conoce más por su cine, que es espléndido y se hace forma clandestina.

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Crédito: Fernanda Rojas/ El Universal
Crédito: Fernanda Rojas/ El Universal

Entramos en la guerra actual, otra de las aventuras del trumpismo que reprueban los ciudadanos de Estados Unidos: 27% aprueba, 43% desaprueba, 39 aprueba la gestión de Trump, a 8 meses de las elecciones intermedias, datos de Reuters/Ipsos, (Reforma, 6/03/2026). De forma tímida en la prensa crítica de Estados Unidos, The New York Times le pregunta a Trump: “¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?”, y le señala que fue imprudente, que no tiene estrategia, que violó la normatividad interna del país y el derecho internacional, pero que el “régimen iraní, para ser claros, no merece ninguna consideración. Desde su revolución hace 47 años, ha generado miseria en su propio pueblo, en sus vecinos y en todo el mundo. Este año ha matado a miles de manifestantes. Encarcela y ejecuta a disidentes políticos. Oprime a las mujeres (…) El gobierno de Irán representa una amenaza distinta porque combina esta ideología asesina con ambiciones nucleares” (28/02/2026).

Hay un desarrollo muy documentado de lo que ha pasado con el Líbano, sus tragedias, las guerras, la destrucción de su capital, Beirut. Ese pequeño país que una vez fue un paraíso y tuvo recursos financieros, pluralidad religiosa y una tradición milenaria, hoy es parte de las trampas de la guerra, quizá porque tiene a los peores vecinos que alguien puede tener: Israel, Siria, Turquía, todos con pugnas internas y externas. Luego viene una parte muy amplia sobre las fronteras de la guerra, Líbano, Palestina ocupada como le dicen, y llegamos a Gaza, a la tragedia del 7 de octubre de 2023 y al genocidio que siguió. Dice el autor: “De nuevo aparece la misma trampa narrativa de golpear a la población palestina de Gaza, identificada con el brazo armado de Hamás y en el límite, porque se escuda en ella; lo mismo sucede respecto a Hezbolá, al confundir arbitrariamente a esta milicia con la población civil por ser chiita (…) Pero resulta que los libaneses ya han expresado su desacuerdo para participar en la guerra de Gaza y en contra de que su país se involucre en la contienda más amplia que se está desarrollando” (p. 151).

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En la tercera parte, “Aceptar y volverse parte del infierno”, están personajes como Netanyahu, un ultranacionalista conservador, apoyado por Trump, genocida en Gaza y apoyador de los colonos judíos que les roban sus tierras a los palestinos. Ese personaje es repudiado por un alto porcentaje de ciudadanos israelíes, entre otras cosas por una regresiva reforma al poder judicial que afectará mucho al sistema de pesos y contrapesos en su país. El conflicto entre Israel y palestina tiene una historia centenaria, está llena de planes para hacer dos estados, guerras, acuerdos de paz, mucha irresponsabilidad de países europeos como Reino Unido que partieron y repartieron el Medio Oriente desde sus intereses imperiales frente a débiles colonias. La lógica de la guerra ha dominado ese conflicto, que parece que no tendrá fin. Los esfuerzos de pacificación, los famosos acuerdos de Oslo, y el rechazo de los judíos ultraconservadores que quieren extinguir al pueblo palestino, y que dominan la región.

La supremacía de Israel y su principal aliado, Estados Unidos, con el trumpismo y con los gobiernos demócratas, reconfiguran hoy esa lastimada región del mundo que, como dice la última parte del libro es “Un mundo en guerra”. El autor explora las posibilidades de un estado palestino y analiza cuatro escenarios: el más probable, el probable, poco probable y menos probable. Lo que vemos hoy en día es más guerra, más destrucción de los territorios palestinos, la guerra en contra de Irán, Hamas, Hezbolá, Siria, Gaza. Es probable, dice el autor, la existencia de territorios autónomos, una suerte de kibutz palestinos. El gran Israel como el escenario probable, y los dos estados lo menos probable. Nuestra generación no verá los dos estados.

El autor cita una ola de acontecimientos que atraparon al mundo en un clima de conservadurismo radical a fines de los años 70’s y principios de los ochenta: los ayatolas en Irán, Juan Pablo II en Roma, Tacher en Reino Unido, Den Xiaoping en China y Reagan en Estados Unidos. Me pregunto, finalmente, si hoy en día con Trump, Netanyahu, la guerra contra Irán, Putin y la guerra contra Ucrania, Europa y sus debilidades y el poderío chino al alza, en un clima que, como dijo el primer ministro de Canadá, Carney, ya no obedece al derecho internacional y a las instituciones que se crearon al fin de la Segunda Guerra Mundial, es decir, estamos en un mundo incierto donde predomina la ley del más fuerte, la ley del trumpismo. Para ayudar a responder esta pregunta y otras muchas, hay que leer este libro…

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