En el año 2050, el equipo ganador de la Copa del Mundo se enfrentaría con la primera selección de robots entrenados y programados para jugar el deporte más popular que ha visto la humanidad en cerca de dos siglos; bajo los estándares de la FIFA, la escuadra robótica gana. Esta es la premisa fundacional de la liga RoboCup, que hace tres décadas inició un programa educativo con el objetivo de desarrollar la robótica en el mundo en diversas áreas.
Hace un par de décadas, la imagen de un robot humanoide enfrentándose a Ronaldo, Zidane o Del Piero, era inimaginable; no obstante, en un par de décadas más, la tecnología robótica y de la IA podría ser tan avanzada que los jugadores humanos no tendrían oportunidad.
Más allá de la especulación, basta con observar el pulso y estado de la tecnología robótica actualmente, que se ha desarrollado exponencialmente con el avance de las redes neuronales y los fundamentos de la inteligencia artificial. En meses recientes, hemos observado imágenes de robots en redes sociales, donde son capaces de correr maratones o practicar artes marciales y coreografías con un esplendor y finura sorprendentes, véase la ceremonia del Año Nuevo Chino 2026.

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Si bien hay antecedentes en la cultura y literatura sobre esa hipotética gesta futbolística, reflexionar sobre su posibilidad en la actualidad nos lleva a un análisis más profundo y a comprender que el planteamiento conceptual es incorrecto y sin sentido como un propósito final.
Para llevar a cabo esta reflexión y hablar de robótica en el marco del Mundial de Futbol 2026, Confabulario charló con tres especialistas de larga trayectoria en robótica e IA, mexicanos quienes participaron, graduaron y retiraron del RoboCup: Raúl Rojas, Luis A. Pineda y Hernando Ortega.
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¿QUÉ ES LA ROBOCUP?
De acuerdo con la Federación Mexicana de Robótica, el RoboCup es una iniciativa internacional con la intención de impulsar el avance de la investigación en robótica, inteligencia artificial y áreas de estudio relacionadas al proveer un problema estándar en el que se pueden integrar y examinar una amplia gama de tecnologías. El futbol es su eje estandarte, pero existen categorías de robots de servicio y rescate, entre otras, con sus respectivas subcategorías.
“En este tipo de competencias, como el futbol robótico, hay un enfrentamiento del hardware, así como de la velocidad de cómputo, cálculo y programación”, apunta Raúl Rojas, profesor e investigador de la Universidad Libre de Berlín.
Graduado politécnico y de larga trayectoria en robótica e IA, Rojas participó y encabezó a su equipo en la victoria de dos RoboCup. Actualmente enfocado en el estudio de redes neuronales profundas, Rojas dejó de construir robots futbolistas en 2007 para dar el siguiente paso y desarrollar el cerebro de los vehículos autónomos berlineses autoNOMOS. Desde entonces, han pasado muchas cosas dentro y fuera de la cancha.
El desarrollo de la robótica, refiere, va a la par de la inteligencia artificial, los cuales han crecido veloz y exponencialmente en los últimos años. Cuando él y su equipo participaban en las competencias observó que cada año la capacidad de cómputo y de hacer cálculos se duplicaba, sin embargo, en 2012 hubo un cambio exponencial en la curva de crecimiento, no sólo en el diseño de robots futbolistas, sino en las capacidades de la IA que modificaron el software en todo el ramo: el avance de la inteligencia artificial profunda con redes neuronales en múltiples capas, similar a los pasos de razonamiento que puede tener un sistema para llegar a una conclusión, explica.
“El otro factor importante es que ahora tenemos los llamados GPUs: tarjetas que antes se utilizaban para gráficas y para juegos, que ahora se utilizan para el paralelismo masivo de estos sistemas. Sin esas tarjetas hubiera sido imposible entrenar a estos sistemas de redes neuronales, entonces las dos cosas se complementan”.
Rojas enfatiza que la inteligencia artificial y la robótica siempre han sido una revolución desde sus inicios, en los años cincuenta, pero ahora ya son una doble revolución –una híper revolución– porque los algoritmos que crecían a un cierto ritmo anual en potencia, junto con el hardware, ahora tienen crecimientos anuales exagerados, que posibilitan cosas que antes eran muy difíciles.
Un ejemplo son los robots que vemos en China, acota, que participan en maratones o competencias, que hace 20 años eran difícil de imaginar, puesto que todavía tenían problemas para moverse e incluso subir escalones era toda una proeza.
MÉXICO, SEDE DEL ROBOCUP.
En México, quizá el robot más popular y de más desarrollo en sus diferentes versiones ha sido Golem, proyecto universitario encabezado por el investigador Luis A. Pineda, quien desde el Departamento de Ciencias de la Computación del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) de la UNAM, ha atestiguado ese desarrollo en la tecnología y software en los últimos años.
El académico expone que el robot de servicio Golem de la UNAM surgió a principios de los años 2000 con el objetivo de desarrollar un agente conversacional inteligente capaz de sostener diálogos en lenguaje natural mediante inteligencia artificial. A diferencia de otros sistemas de la época, Golem integró capacidades multimodales que le permitían coordinar conversación, navegación y percepción visual en español. Su presentación en el Museo Universum tuvo un gran impacto mediático y acercó al público a la interacción con robots mediante conversaciones apoyadas por gráficos y herramientas visuales.
La evolución del proyecto coincidió con la iniciativa para que México fuera sede del RoboCup Mundial 2012. Para pasar de su primera etapa de investigación hacia demostraciones públicas y un entorno competitivo en la categoría de Servicio, Pineda y su equipo dieron un nuevo cuerpo a Golem. “Fui a Singapur en el 2010 al Robocup y a la vez que participaba en la delegación que solicitó que México fuera la sede en 2012, vi lo que hacían los robots en diversas competencias y en particular en la competencia de robots de servicio, los de tipo ‘Robotina’ que asistan a seres humanos en las tareas cotidianas”.
En su paso por diversas competencias internacionales, además del RoboCup, Golem tuvo un buen desempeño y estuvo entre los primeros lugares en más de una ocasión. Jugando como local en 2012 se quedó en el octavo lugar, pero fue ascendiendo en las subsecuentes competencias con gracia, elegancia y aptitud; el equipo estaba listo para mostrar una versión más avanzada del Golem III en 2020, pero llegó la pandemia.
El robot se quedó guardado en el laboratorio un par de años para después ser desarmado y pospuesto. Su carrera en las competencias culminó, señala Pineda, no obstante, ha sido rehabilitado para seguir haciendo investigación.
MÉXICO NO GANARÁ EL MUNDIAL ROBÓTICO, AÚN.
Recuerdo pasajes del RoboCup 2012, realizado en el World Trade Center, con el auspicio de diversas instituciones. El equipo de Golem sabía que podía haber dado una mejor competencia: el entusiasmo y la decepción, como cuando un jugador de la selección nacional falla un penal, se podía observar en el rostro de académicos como el de Hernando Ortega.
Aunque también académico del IIMAS, Ortega ha explorado los caminos del emprendimiento robótico. Con su empresa incubada en la UNAM, Laidetec, ha incursionado en áreas vinculadas con los aprendizajes que dejaron el RoboCup en el área de servicio.
“Lo bonito de RoboCup fue que muchas de las pruebas nos recordaban por qué en la escuela enseñaban ecuaciones diferenciales”, señala. La ciencia, ingeniería y matemáticas detrás del funcionamiento de los robots en las competencias permitían que encontraran objetos y los reconocieran, identificaran personas, las escucharan y entendieran, o lograran partear un “balón” sin desplomarse en el intento.
Aunque la robótica se ha popularizado en el país, refiere, la masa crítica que diseñaba y desarrollaba robots como Golem se ha deteriorado. Es decir, ante el acceso a la compra de esta tecnología, escuelas e instituciones han dejado de lado procesos como su diseño y programación propios, agrega, en tanto que empresas y gobierno sólo compran la tecnología extranjera sin entender qué o quiénes están detrás de ella.
Adicionalmente, se están formando nuevos estudiantes, pero sin un mercado o industria que pueda absorberlos, apunta. Por otra parte, al asistir a diversas ferias tecnológicas en el país para presentar modelos como Centurión, ha observado cómo diversos grupos de emprendedores buscan inversión en sus proyectos, pero ofrecen poca innovación o desarrollo propio.
“Están comprando componentes o los robots por completo sin participar mucho en su programación, inteligencia artificial o la propuesta de cosas novedosas. Parece que en México nos estamos volviendo usuarios y compradores de tecnología robótica como con el desarrollo de la computación”.
En el marco del Mundial de Futbol en nuestro país, el gobierno federal lanzó –a través de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti)– la Copa FutBotMX, un torneo nacional de fútbol robótico, el cual busca fomentar las habilidades en matemáticas, inteligencia artificial y programación de estudiantes, como las que Ortega observa que se están perdiendo.
“Quizá no es el torneo de RoboCup, pero es algo parecido en su planteamiento. Es un buen evento para incentivar y emocionar a los estudiantes”.
LABORATORIO DE IDEAS ROBÓTICAS.
Como expone Luis A. Pineda y confirma Hernando Ortega, el RoboCup más que un fin es un medio. Raúl Rojas lo define aún con mayor exactitud:
“El planteamiento de que en el 2050 los robots ganarán a los campeones del Mundial es más bien un slogan, una forma de atraer a la gente para interesarse por la competencia”. No obstante, añade, la verdadera labor del RoboCup es la de ser un laboratorio de ideas, no sólo para producir robots futbolistas, sino de todo tipo.
“Muchos de los que participaron en RoboCup –me incluyo– comenzaron a hacer otro tipo de robots posteriormente, como vehículos autónomos o drones”. Un amigo que jugaba contra su equipo en el torneo, ejemplifica, fundó una compañía para producir robots de transporte.
“La competencia es un catalizador de ideas, de gente y de algoritmos que derivarán en toda una serie de robots, como ha sucedido. Claro que la competencia continúa y siguen llegando más y nuevos estudiantes, con ese planteamiento: que jueguen uno o dos años, aprendan la tecnología, la lleven al límite y después se pongan a hacer otra cosa, digamos, más productiva”.
IGUAL LOS HUMANOS VAN A PERDER.
En el año 2050, es probable que haya una demostración simbólica de la partida de futbol entre humanos y robots, pero tomarlo demasiado en serio o esperar que alguno de los equipos “deje el corazón en la cancha” es un error de concepto. Raúl Rojas y Luis A. Pineda explican por qué.
“Sería una competencia muy desigual”, dice el politécnico berlinés, puesto que los robots podrían utilizar motores potentes y anotar goles desde una distancia humanamente improbable. “Podrían calcular muy bien el ángulo de tiro o quebrar la pierna del jugador humano; ¿serán robots de metal contra jugadores de carne y hueso?”.
Es por ello que se tienen que definir muy bien las características del partido y de los jugadores robóticos, reglas y condiciones que no son de la naturaleza de un juego como lo conocemos, añade.
“Todo esto se encuentra el aire, en el futuro, pero, efectivamente, cada vez es más factible tener robots que no solamente corran como el que vimos en el maratón chino, sino que controlen una pelota y tiren a gol de manera competitiva contra los humanos”.
Pineda ahonda más y parte del planteamiento de tres preguntas para reflexionar sobre la validez conceptual del evento humano-robótico: ¿cuál es la naturaleza de la competencia planteada?, ¿es factible?, y la más importante, ¿para qué queremos este tipo de robots?
Sobre la primera cuestión, partimos de que las categorías humana y robótica son distintas, por lo que habría que definir el tipo de robot apto para esta tarea. ¿Será un equipo con similitudes a las capacidades de los seres humanos?, es decir, ¿de la misma “categoría”? ¿Con qué tipo de capacidades físicas y mentales?, expone el universitario. Tendría que ser adaptado como un auto de la Fórmula 1, que tienen restricciones impuestas para poder competir, ejemplifica.
“Esto no ha sido definido en la fundación del RoboCup, no se dice cómo o bajo qué circunstancias los robots se van a limitarse y en qué sentido van a ser comparables con los seres humanos. Mientras no se defina es un error categórico”.
Adicionalmente, las motivaciones emocionales y mentales de un ser humano para ejercer un sobreesfuerzo físico o dejar el “corazón en la cancha” es algo fuera de la categoría robótica, agrega.
Ahora bien, ¿es factible? Aunque la tecnología sea desarrollada, ¿se puede hablar realmente de que esos robots futbolistas serán autónomos? “Es muy diferente a los robots que hemos visto correr el maratón, que lo hacen sobre una ruta bien trazada, una actividad arquetípica que mantienen por un tiempo largo en un espacio bastante predecible”.
En el futbol es distinto: hay un equipo antagónico, con muchos movimientos, flexibilidad y plasticidad. “No sé si eso lo van a lograr los robots, pienso que hay limitaciones fuertes para alcanzar una autonomía que no dependa de su programación y tengan la capacidad de interactuar en el mundo de manera más dinámica”.
Finalmente, ¿por qué tendríamos robots humanoides que jueguen futbol? Más aún, señala Pineda, ¿por qué un robot va a querer ganar el juego? ¿Por qué va a dejar el “corazón en la cancha”? (“si para ellos no significa nada”).
“Cuando desarrollamos un robot humanoide ya no es una cuestión tecnológica, sino metafórica del ser humano (…) Las atribuciones que nosotros hacemos a la máquina al considerarla humana genera un cambio en nuestro comportamiento para relacionarnos con ellas. Ahí hay un peligro ético”.
Raúl Rojas pone otro tema en la cancha, la importancia del error humano para el juego y el deporte como lo conocemos; un ejemplo lo observamos ya en el Árbitro Asistente de Video (VAR, por sus siglas en inglés). “Muchas veces a la gente no le gusta el videoarbitraje porque se tarda, interrumpe el juego y luego de todas maneras quedan descontentos con el resultado, aunque vean en la pantalla que sí hubo fuera de lugar. El partidario del equipo dañado siempre verá otra cosa”.
Entonces hay una discusión muy grande acerca de hasta qué punto se debe automatizar o no el deporte, añade, porque el factor humano con sus errores –mientas no sean pagados o corruptos– son parte del juego.
Los robots difícilmente cometerán ese tipo de errores, entonces, son un adversario que no tiene cabida en el juego y futbol como lo conocemos –un arte, describe Pineda, que paradójicamente no tiene sentido en la perfección de la automatización–. Sin embargo, la romantización de esa narrativa ficcional del futuro puede seguir alimentando el corazón de la competición y el RoboCup, su objetivo, después de todo, no es anotar el gol, sino repartir el juego a lo largo de la cancha y aprender de ello.