Hacia 1926, los escritores que formaron el grupo de Ulises, más tarde conocido como Contemporáneos: Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen y Jorge Cuesta, ya habían recorrido un camino considerable en las letras y la cultura.
Formaron asociaciones literarias como La Sociedad Rubén Darío y El Nuevo Ateneo de la Juventud. Publicaron algunas revistas: Revista Nueva, La Falange, y participaron en El Maestro, México Moderno, Antena. Editaron su propia obra y fueron incluidos en algunas Antologías: Antología de Poetas Modernos de México (Cvltvra, 1920), Antología Ocho Poetas (Porrúa, 1923) y la Antología de Prosistas Modernos de México (Ed. Ermilo Abreu Gómez y Carlos G. Villenave, 1925). Dictaron conferencias como “La poesía de los jóvenes de México”, que Villaurrutia leyó en la Biblioteca Cervantes en 1924 y que resultó en una suerte de manifiesto para el grupo, al que entonces consideró como “El grupo sin grupo”. Fueron profesores de la Escuela Nacional Preparatoria, la Universidad Nacional de México y la Escuela de Verano de la Universidad. Se integraron al Servicio Diplomático como fue el caso de González Rojo. Y escribieron de forma asidua en diferentes medios.
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A partir de 1921, colaboraron con el gobierno de Álvaro Obregón por medio de la Secretaría de Educación Pública, bajo las órdenes de José Vasconcelos y, en 1924, en el gobierno de Plutarco Elías Calles, en el Departamento de Salubridad con Bernardo J. Gastélum.
Aunque habían tenido un recorrido amplio y bien definido, los todavía jóvenes albergaban algunos planes que aún no se habían podido llevar a cabo, como formar un grupo artístico en el que se desarrollara un proyecto con cuatro ejes puntuales: el literario, el plástico, el teatral y el editorial. Para esto era necesario un apoyo económico, que lo obtuvieron con la generosidad y el talento desbordado de Antonieta Rivas Mercado, quien los complementó de forma intelectual.
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Antonieta Rivas Mercado
La figura de Antonieta Rivas Mercado es fascinante, su extraordinaria personalidad todavía produce una extraña seducción. La mujer polifacética que habitó en muchos tiempos y espacios. La célebre hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado. La integrante de los grupos Ulises y Contemporáneos. La amiga de tantos personajes. La profesora universitaria. La auspiciadora de tantos proyectos culturales. Antonieta, ese temperamento tan complejo, una estrella fugaz que apareció en el momento preciso para “lanzar la bomba” en el medio social, cultural y político, para poco después sucumbir al finalizar la tercera década del siglo XX.
Antonieta regresó de un viaje por Europa el 7 de julio de 1926 y en tan sólo unos meses se integró nuevamente al movimiento cultural que comenzaba a surgir en México. Continuó con su preparación y asistía a la Escuela de Verano en donde tomaba un curso que impartía Daniel Cosío Villegas. Más adelante, buscó un profesor de pintura para su hermana menor, fue entonces cuando la pusieron en contacto con el pintor Manuel Rodríguez Lozano, con quien comenzó una profunda amistad.
Fue por medio de Rodríguez Lozano que se reencontró con Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, y otros integrantes del grupo. La reunión se realizó en la casa de Diego Rivera y Lupe Marín en Mixcalco 12. La comprensión fue inmediata, Antonieta era una mujer brillante, Novo y Villaurrutia se identificaron con ella y la incitaron a formar parte de su proyecto.
En los meses siguientes realizaron reuniones en la casa familiar de Antonieta en la colonia Guerrero. Ahí se congregaron escritores, pintores, músicos, fotógrafos. Se presentaron las primeras ideas y decidieron que el grupo se llamaría “Ulises”, por el influjo que habían tenido de la novela de James Joyce: Ulysses, pero también porque les apasionaba la idea del “viaje”, que se convirtió en el objeto de sus inquietudes. El mito de Ulises transfigurado en Odiseo, Simbad, Robinson o El Hijo Pródigo fue el símbolo cardinal en esta etapa; el eterno viajero henchido de curiosidad, en constante búsqueda del mundo pero sobre todo de sí mismo, fue su motor de inspiración.
Para iniciar con esta aventura realizaron veladas en las que escuchaban música, anhelaban formar una nueva orquesta sinfónica; también hablaban de literatura, de arte y, sobre todo, leían obras de teatro. La idea principal de esos jóvenes era organizar una compañía teatral, un nuevo proyecto dramático que fuera la base del teatro moderno en México.
En enero de 1927, falleció el padre de Antonieta, el arquitecto Antonio Rivas Mercado, en su testamento la nombró albacea de todos sus bienes, sólo hubo una excepción, la casa de la colonia Guerrero, que quedó en manos de su hermana mayor, así que unos meses más tarde, Antonieta se trasladó a la casa de Monterrey 107, residencia que diseñó Adamo Boari. Ahí fue donde realmente se llevaron a cabo todos los planes del grupo Ulises, que fue auspiciado en su totalidad por Antonieta.
El Grupo Ulises
1926 fue un año de proyectos. El grupo repensó el trabajo que había realizado hasta entonces, todos estaban activos en sus puestos de gobierno, en su labor escritural y en tareas relacionadas con la cultura.
Ese año aparecieron cuatro libros: Reflejos, de Villaurrutia; Poesías, de Torres Bodet; Espacio, de González Rojo; y una Antología de cuentos mexicanos, editada por Ortiz de Montellano. También colaboraron en la revista de artes plásticas Forma. Sin embargo, en el ánimo de todos permanecía la necesidad de crear un nuevo medio, una revista diferente, que reflejara aquel momento y las ideas que profesaban.
En esta temporada, el panorama cultural de México no los estremecía, sentían que el compromiso nacionalista lentamente los ahogaba, el grupo asumió que, para poder entender su momento, tal como se los mencionó Alfonso Reyes, debían de poner los ojos en el momento universal. La literatura que los apasionaba provenía de Europa, por principio, Ulysses, así como la lectura de À la recherche du temps perdu de Marcel Proust y, de forma determinante, la obra de André Gide, Le Retour de l’Enfant Prodigue, que funcionó como un manifiesto grupal.
La experimentación del grupo en esta etapa surgió con la intención de renovarse, de encontrar el camino, de encontrarse a sí mismos. Se tradujo, para nuestra suerte, en una innovación del medio cultural, de la literatura, del teatro, de la plástica. Fue la entrada de México al siglo XX, a la modernidad.
Su primer cometido fue publicar la revista homónima. Para esto, Salvador Novo solicitó el patrocinio del Dr. José Manuel Puig Casauranc, secretario de Educación del presidente Plutarco Elías Calles, quien aceptó la propuesta y pagó el primer número, que se presentó en mayo de 1927 como Ulises, Revista de Curiosidad y Crítica. La publicación puso de manifiesto el espíritu novedoso y cosmopolita de la agrupación, pero también una sensación de jactancia, de elitismo, que no pasó inadvertida en el ambiente literario y suscitó algunas críticas.
A partir del segundo número, el financiamiento de la revista quedó exclusivamente en manos de Antonieta. La revista alcanzó a editar seis números y concluyó en febrero de 1928. Xavier Villaurrutia recordaba: “Con Salvador Novo dirigí una revista, Ulises, que llevaba este subtítulo: Revista de curiosidad y crítica. La curiosidad era el veneno y la crítica el antídoto. Y viceversa. No había en aquella revista más doctrina que la que encerraban los epígrafes que hablaban de la aventura, del viaje alrededor del mundo y alrededor de la alcoba, de la curiosidad enemiga del tedio, de Simbad que tiene algo de Ulises”.
La única mujer que participó en la revista fue Antonieta, quien realizó una nota sobre el libro En torno a nosotras, de Margarita Nelken. Ahí Antonieta criticó lo limitado del estudio, pues aunque el libro buscaba abarcar diversos problemas de la mujer en esa época, Nelken no logró desarrollar los temas a fondo; la única idea que mereció su atención: “Que la mujer es distinta del varón y debe afirmar su diferencia, en vez de aspirar a igualarse”, quedó como mero esbozo y no consiguió un tratamiento más profundo en la obra.
Hacia finales de 1927, por iniciativa de Antonieta, organizaron la primera exposición plástica de uno de los artistas del grupo, Manuel Rodríguez Lozano. Exposición de Ulises se inauguró el 15 de diciembre y fue la primera exhibición de Rodríguez Lozano en México. Se realizó en un cuarto de vecindad que rentó Antonieta en la calle de Mesones 42. Con esta muestra se buscaba promover la obra de los pintores del grupo, quienes estaban en abierto antagonismo con el proyecto nacionalista del Muralismo. La idea era continuar con exhibiciones de los demás artistas de Ulises.
Pero la idea que siempre estuvo en el aire, indiscutiblemente, fue formar un grupo teatral con la intención de introducir en México un repertorio moderno con obras recientes y extranjeras, que aportara un teatro más serio y con más calidad. Era una inquietud primordial, sobre todo de Antonieta, quien conoció en Europa las innovaciones dramáticas.
Novo, Villaurrutia, Owen y Gorostiza siempre hablaban del tema y se decían cansados del teatro que, “a falta de otras posibilidades, estaban obligados a presenciar”. Insatisfechos con eso, decidieron estudiar obras nuevas, extranjeras, traducirlas y montarlas ellos mismos.
Después de la exposición de Rodríguez Lozano en Mesones, se decidió que el “Cacharro”, como llamaban a ese lugar, fuera el espacio adecuado para dar a conocer el Teatro de Ulises. Xavier Villaurrutia le escribió a José Gorostiza:
“El Teatro de Ulises, se llama. Al fin, y como para un juego, nos reunimos sin sentirlo y ensayamos Símili de Roger-Marx y La puerta de Dunsany. Julio Jiménez Rueda hacía el papel difícil para todos de director. Un día, la representación, con buen éxito de “minoría selecta”. ¿Para qué más? Una segunda representación con la aristocracia como público. ¡La inteligencia marcha sobre ruedas! También para Ulises, la revista, hay ataques. El Universal publicó ayer, precisamente, un editorial en contra de mis ideas sobre la prosa nueva y, burlándose –si esto es posible, que no lo es– de los poemas de Gilberto Owen. Nunca, le juro a usted, me he sentido tan vivo y deseoso de la lucha. Ahora creo que algo valen los que trabajan conmigo en lo suyo espiritual. También hemos organizado exposiciones: la de Manuel Rodríguez Lozano se llevó a cabo; seguirán las de Abraham Ángel, Julio Castellanos y una mía de dibujos y otra de Roberto Montenegro. Nunca como ahora lo he extrañado: Robinson Gorostiza. No se sentiría solo y tendría una sonrisa en los labios frente a este pequeño esfuerzo de teatro que era uno de sus mejores discos.”1
Para lograr este cometido, a finales de 1927, empezaron a ensayar las obras en el “Cacharro”, allí prepararon las escenografías, diseñaron las invitaciones y los programas de mano. La inauguración del Teatro de Ulises se llevó a cabo los días 4 y 5 de enero de 1928, con la representación de Símili de Claude Roger-Marx, y La puerta resplandeciente de Lord Dunsany.
Las siguientes presentaciones fueron de febrero a julio de 1928, con el siguiente repertorio: Ligados de Eugene O’Neill; El peregrino de Charles Vildrac; Orfeo de Jean Cocteau; y El tiempo es sueño de Henri René Lenormand. Las traducciones de las obras al español las hicieron Rivas Mercado, Owen, Novo, Jiménez Domínguez y Barga.
Las actuaciones quedaron a cargo de Antonieta, Isabella Corona, Clementina Otero, Lupe Medina de Ortega, Matilde Urdaneta, Emma Anchondo, Judith Martínez Ortega, Novo, Villaurrutia, Owen, Carlos Luquín, Ignacio Aguirre, Rafael Nieto y Delfino Ramírez Tovar. Dirigieron Jiménez Rueda, Celestino Gorostiza y Villaurrutia. Las escenografías fueron diseñadas por Adolfo Best Maugard, Roberto Montenegro, Manuel Rodríguez Lozano y Julio Castellanos. Antonieta le escribió a Alfonso Reyes:
“Mi querido Alfonso: Debe haber recibido ya las invitaciones a nuestras dos obras. En breve le llegará una tercera. Esta vez se trata del Orfeo de Jean Cocteau y del Peregrino de Charles Vildrac. El programa que está en preparación es el que más me gusta. Además, tengo curiosidad respecto a la reacción de nuestro público. Lo más selecto de México ¿entenderá a Cocteau? Tengo interés en que su Ifigenia tenga el éxito que merece. Con ella estrenaremos el Teatro al Aire Libre de la Condesa. Pero antes, en sesión privada, daremos en el Cacharro. (Así se llama el estudio de Mesones). Por ser exiguo el local de que disponemos, allí pienso sustituir el coro de mujeres por máscaras. En cambio, en el teatro, quiero tener un coro hermoso, de hermosas mujeres. Le aseguro que con todo amor trabajaré la Ifigenia. Por lo que usted es para mí, por lo que le debo y lo que le quiero, pero no sólo, por la obra en sí.”2
En mayo de 1928, el Teatro de Ulises presentó su repertorio en el Virginia Fábregas, donde su versión de Orfeo recibió los más severos ataques de la prensa por el aspecto innovador del proyecto.
Las críticas fueron el resultado de la ignorancia en el medio. Antonieta señaló en una entrevista con El Universal:
“–Natural era que la crítica se equivocara al querer juzgar nuestra labor. ¡Cómo podríamos esperar que fuera capaz de discernir atinadamente por qué presentamos precisamente las obras que dimos, y justamente en esa secuencia! –A los críticos no les gustó el Orfeo, pero a mi hijo sí. El argumento no es mío. Está en el Evangelio. Sólo los niños podrán entrar en el reino de los cielos, y no hay que olvidar que Cocteau dice que ‘ese es el reino de la poesía’”.
En julio de ese año, el Teatro de Ulises regresó con su repertorio a Mesones, donde ofreció sus últimas funciones. Con una breve temporada en 1928, consiguió provocar un escándalo, los medios pusieron su atención en el proyecto dramático de Ulises y hubo críticas positivas que defendían el aspecto renovador del teatro mexicano, pero un sector, obstinado en mantener una práctica teatral sumergida en el retraso de las costumbres, atacó de forma encarnizada al proyecto y a sus integrantes.
Sin embargo, se ha confirmado que con el Teatro de Ulises se inauguró el teatro moderno en México. Antonieta escribió a su amigo Arturo Pani: “Arturo: mi querido y buen amigo. En cuanto a mí, el teatro. Con unas funciones públicas que dimos, causamos escándalo. No personalmente sino por las obras que presentamos y Cocteau llevó la peor parte, porque muy pocos entendieron su Orfeo. Estamos estudiando El tiempo es sueño de Lenormand y La vida que te di de Pirandello. También quiero montar la Santa Juana de Shaw. Ya le contaré. Con el producto de las funciones públicas, vamos a editar obras originales y traducciones importantes. Ya tenemos tres libros en prensa, originales. Cuando estén listos le avisaré. Ulises se está convirtiendo, tal como yo lo deseaba, en un foco de cultura que alcanzará cada vez un radio mayor.”3
El último proyecto que persiguió el grupo fue la edición de obras de sus escritores. En mayo de 1928, apareció el libro de ensayos Hipótesis, de Samuel Ramos; en junio, se publicó Dama de corazones, de Xavier Villaurrutia; y Novela como nube, de Gilberto Owen. Estos tres libros publicados en el sello “Ediciones de Ulises”, así como Margarita de Niebla, de Jaime Torres Bodet y Return Ticket, de Salvador Novo, fueron un parteaguas para el grupo y la literatura de la época.
El proyecto del grupo Ulises nació de una conjunción sólida de los escritores que más tarde fueron conocidos como los Contemporáneos.
Ulises, por medio de su plan artístico, dictó mucho de lo que se repitió en la etapa de los Contemporáneos. Por ejemplo, los artistas Celestino y José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Clementina Otero formaron la compañía del Teatro de Orientación en 1932; la compañía del Teatro de México en 1943; y con las gestiones del entonces secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, fue como Celestino Gorostiza, Villaurrutia, Novo y Clementina Otero fundaron, en 1946, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y la Escuela Nacional de Arte Teatral, que justo este 2026 cumplen 80 años de su creación. Para precisar, porque es necesario precisar, el ahora Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y la Escuela Nacional de Arte Teatral son el resultado final de los proyectos que empezaron en 1926 el grupo Ulises y en 1928 el grupo Contemporáneos.
Notas
1. Carta de Xavier Villaurrutia para José Gorostiza, 11 de enero de 1928, José Gorostiza, Epistolario (1918-1940), pp. 169-170.
2. Carta de Antonieta Rivas Mercado para Alfonso Reyes, 28 de febrero de 1928, Antonieta Rivas Mercado, Obras, pp. 106-107.
3. Carta de Antonieta Rivas Mercado para Arturo Pani, 14 de junio de 1928, Antonieta Rivas Mercado, Obras, pp. 113-116.