La exposición temporal del Museo del Templo Mayor (MTM), "El juego de pelota en Tenochtitlan", revela que las canchas o tlachtli fueron, además del lugar destacado en la vida política y social de los mexicas, espacios de convivencia y entretenimiento, donde se reunían gobernantes, nobles, practicantes profesionales y espectadores.
La muestra reúne más de un centenar de piezas y lotes arqueológicos y etnográficos, en su mayoría recuperadas del Teotlachco o “juego de pelota de los dioses” de la capital tenochca, en más de un siglo.
En la inauguración, el coordinador nacional de Desarrollo Institucional del INAH, Antonio Huitrón Santoyo, manifestó que “esta propuesta museográfica es un recordatorio de que los lazos que nos unen, a través de la historia, trascienden las fronteras del tiempo”.

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Al respecto, el coordinador nacional de Arqueología, Francisco Mendiola Galván, comentó que, por vez primera, se juntan los descubrimientos en torno al Teotlachco de Tenochtitlan, donde esta práctica adquirió un matiz distintivo, vinculado con la guerra y el sacrificio, durante el periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.).
Esta particularidad es evidente en los objetos recuperados por los arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana (PAU), entre ellos su titular, Raúl Barrera Rodríguez, y la investigadora Lorena Vázquez Vallín; así como por su fundador, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, quienes realizaron la curaduría de la exhibición, la cual permanecerá hasta septiembre de 2026.
La recuperación del Teotlachco, cuyos restos yacen bajo la calle Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, dijo Mendiola Galván, ha sido un esfuerzo generacional: “Las primeras tareas fueron realizadas por Leopoldo Batres, a inicios del siglo XX, durante las obras porfiristas de infraestructura en el área.
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“Luego, entre 1967 y 1968, en la construcción de la Línea 2 del Metro, el arqueólogo Jordi Gussinyer ubicó el centro de la cancha. Un par de décadas después, durante los trabajos de recimentación de la Catedral Metropolitana, que acompañó el PAU, se halló otra sección del espacio”.
A su vez, la directora del MTM, Patricia Ledesma Bouchan, añadió que otra parte del rompecabezas se completó en 2014, cuando al supervisar las obras del Hotel Catedral, en Guatemala 16, el PAU detectó la esquina norte de la cancha y parte de las escalinatas.
El responsable del PAU, Raúl Barrera Rodríguez, destacó que, en una ocasión inédita, se reúnen los descubrimientos relativos al Teotlachco de Tenochtitlan, desde un conjunto de pelotas de piedra, parte del citado hallazgo de Batres, hasta las ofrendas registradas por Gussinyer, que fueron prestadas por el Museo Nacional de Antropología (MNA).
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Sobresale la exhibición de dos pelotas de hule, procedentes del sitio olmeca El Manatí, en Veracruz, que, con una datación de 3,700 años, se consideran las más antiguas del mundo. Al respecto, la coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, Thalía Velasco Castelán, explicó que, para mantener estas piezas en condiciones estables de temperatura y humedad relativa, se diseñaron cápsulas especiales.
Finalmente, la exposición incorpora una referencia comparativa con el juego de pelota en Tula, y aborda la continuidad de la práctica en la época virreinal y hasta la actualidad, con testimonios de época y objetos etnográficos de las colecciones del MNA, como guantes de cuero y de metal, un bastón de pino y pelotas de madera, de Michoacán y la zona tarahumara de Chihuahua.