Las acciones legales emprendidas en contra del convenio que hizo el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) sobre la Colección Gelman, compiten una carrera contrarreloj, antes de que este acervo con obras de Diego Rivera, Frida Kahlo, María Izquierdo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco –todos ellos con obra declarada monumento artístico–, entre otros artistas, concluya su exhibición en el Museo de Arte Moderno el 19 de julio y finalmente sean exportadas a España.
Los abogados Eduardo Pizarro y Jesús Soledad, representantes de algunos miembros del grupo “Defensa de la Colección Gelman”, dicen en entrevista con EL UNIVERSAL que el tiempo de entrega de la resolución ha tardado más de lo normal, si bien esperaban recibir respuesta este viernes 3 de julio –cosa que no ocurrió–, señalan que esta debió realmente haber llegado el lunes 29 o martes 30 de junio.
“Las primeras resoluciones sí se esperaban hoy, pero para nuestra sorpresa no ha habido aún una publicación de la decisión del juez en la primera demanda presentada. Espero que sea el lunes, pero no tenemos claridad. Confiamos que el tiempo extra que se está tomando esta publicación sea porque está meditando la decisión y esto va a resultar en una mejor decisión”, dice Soledad. El abogado añade que según la ley, un tribunal hace pública su decisión un día hábil después de que se recibe la demanda de amparo física, cosa que ocurrió el viernes 26 de junio.

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La demanda de amparo busca que se anule el convenio realizado por el INBAL entre los dueños de la colección, la familia Zambrano y Fundación Santander, porque argumentan que está viciado y es inconstitucional. En caso de admitirse esta demanda de amparo, se suspenderían los efectos del convenio en el corto plazo, es decir, se pausaría la exportación a España de las obras. Pero si esto no ocurre antes del 19 de julio, este acervo podría salir del país y la demanda se quedaría sin materia.
“Imagínate que el INBAL le ordene a Santander o a los Zambrano regresar la colección. Si no se logra en los próximos días, se acaba. Si se logra, se va a tratar de un juicio que puede durar entre 12 y 24 meses”, dice Soledad. Aunque señala que, si llegara a ocurrir el peor escenario, se podría continuar intentando, “sería más difícil, pero no imposible”.
Pizarro y Soledad, quienes trabajan este caso pro bono y “por amor al arte”, dicen que el convenio realizado por el INBAL tiene vicios: “El INBAL sí puede autorizar la exportación de obras declaradas, lo que pasa es que el procedimiento tiene una serie de pasos que no se cumplieron”, dice Soledad.
Uno de esos procedimientos es que, como las declaratorias de los artistas son diferentes, debió hacerse un proceso distinto por cada artista. “Lo que hacen en el convenio es una vía exprés, agarran a la colección como un conjunto”, añade el abogado.
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El otro vicio es que la Ley de Monumentos Históricos prohíbe la exportación definitiva de obra con declaratoria, pero las autoridades dijeron que se “prevé un plazo hasta 2028, prorrogable. Aquí se le da la vuelta de forma burda, o con artilugios, para que se quede abierta la puerta y no hay garantías de que en tres o cinco años regrese”.
Pizarro, dice a título personal, que todo el proceso de la Colección Gelman está viciado, desde que Robert Littman incumple con las condiciones que dejó Natasha Gelman en su testamento. Sin embargo, la materia de esta demanda de amparo –realizada en contra de autoridades del INBAL– no tiene que ver con las voluntades de Natasha ni la venta que hizo Littman.