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¿La violencia que padecen los pueblos originarios y comunidades equiparables puede terminar? ¿México puede florecer y vivir con mayores grados de sustentabilidad a través de su patrimonio biocultural? Jurídicamente hablando estas interrogantes pueden ser resueltas positivamente a la luz de los paradigmas del Estado garantista y pluricultural que se encuentran consagrados en nuestra Constitución. Las respuestas que demos se vuelven aún más relevantes si se considera la crisis climática que enfrentamos y la nueva administración que gobernará por los próximos 6 años en la República Mexicana.
México es un país Megadiverso, es decir, un país con una doble diversidad: biológica y cultural, ésta última sustentada en sus pueblos originarios y las comunidades equiparables (v.gr. campesinos y afrodescendientes) así como en el enorme patrimonio natural; mismos que son interdependientes pues la manera como los pueblos manejan los recursos naturales moldea su cultura, al mismo tiempo que ésta influye en los procesos evolutivos-ecológicos. Países como Bolivia, Ecuador y Colombia han apostado por desarrollar el Estado pluricultural como forma de responder a las interrogantes que hemos planteado al inicio del artículo; México hizo suya esta ruta primero cuando suscribió en 1996 los Acuerdos de San Andrés Larraínzar y posteriormente en 2001 cuando se modificó el artículo segundo constitucional.
El Estado pluricultural es aquél que garantiza el derecho a la diferencia a través del cual los pueblos pueden mantener el control sobre sus elementos culturales y donde el propio Estado desarrolla políticas públicas que fomentan el florecimiento de todas las identidades en condiciones de igualdad y desde los territorios. Es importante consolidar este tipo de Estado, porque:
Genera las condiciones-garantías para eliminar la violencia estructural y simbólica del marco jurídico y la política pública mexicana. El paradigma del Estado pluricultural hace posible el pluralismo jurídico, el diálogo de saberes y las otras formas democráticas de toma de decisiones más allá de la democracia representativa.
Genera condiciones-garantías para conservar y manejar el patrimonio biocultural de México. Las regiones del país con mayor biodiversidad son los territorios indígenas y ello se debe al manejo cotidiano que hacen esos pueblos de ese territorio. El Estado pluricultural al apostar por la autonomía contribuye significativamente a combatir la crisis de la biodiversidad y el cambio climático.
Contribuye a aumentar el bienestar en general de la población del país. Las comunidades urbanas y mestizas se benefician de la aportación política y cultural que los pueblos indígenas y comunidades equiparables hacen cotidianamente de su patrimonio biocultural, esto es, que se benefician de los servicios que estos grupos generan (v.gr. gastronomía mexicana, turismo, arte, etc.).
El actual Gobierno de la 4T tiene una agenda para el Estado pluricultural, que ha levantado serias dudas sobre los aportes a la consolidación de este paradigma. Esta agenda abarca medidas legislativas y medidas administrativas entre las que se pueden mencionar a manera de ejemplo: las iniciativas de reforma a la Ley Minera, la Ley Federal de Desarrollo Agrario, la Ley de Consulta Indígena, la Ley General sobre Derechos de Pueblos Indígenas, la reforma al artículo segundo constitucional, la Ley del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y los planes sectoriales que de él deriven, el Plan del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, la Estrategia Nacional para la Conservación y Uso Sustentable de los Recursos Genéticos y del Conocimiento Tradicional Asociado, el Programa Sembrando Vida y los megaproyectos como el Tren Maya, la Termoeléctrica de Huexca, el Tren Transístmico y varios gasoductos.
Si bien el nuevo gobierno ha hecho suyo el discurso del Estado pluricultural y ha propuesto algunas medidas relevantes, pareciera que de fondo no ha habido cambio alguno en el forma de sentir y pensar el tema y por tanto no ha cambiado la forma en que se toman las decisiones. Lo que hemos visto en estos 100 días de la nueva administración da cuenta de la utilización de esquemas de democracia horizontal (consultas) para la imposición de proyectos, lo cual en última instancia constituye la imposición de la lógica dominante y la violación de los derechos humanos de los pueblos indígenas y comunidades equiparables.
El Estado pluricultural no es más que el acto de mirarnos en el espejo del reconocimiento y nuestro país requiere con urgencia de la consolidación y maduración del paradigma pluricultural para que, por el lado del gobierno, contemos con una política pública ad hoc para los pueblos y territorios (con el necesario abandono del modelo de los megaproyectos); y por el lado de los pueblos y comunidades, exista la posibilidad de florecer según el ejercicio de su autonomía y sin el miedo a que los líderes y defensores sean intimidados y/o asesinados. Aunque no se diga y no se vea, el Estado pluricultural es la piedra angular para el yeknimilis (vivir bien) y la yolseuilis (paz social) sean posibles en México.
Abogados del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, AC
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