Clara ha vivido cerca de la durante toda su vida. Desde que tiene memoria, su madre vive con la enfermedad. Muchos consultados y ninguno era capaz de dar un diagnóstico hasta que una crisis la puso al borde de la muerte. Clara tuvo que entender la enfermedad aún siendo adolescente para acompañar a su madre en la depresión que afecta a 300 millones de personas en el mundo y que integra variables que pueden cambiar la vida del enfermo, y de quienes lo rodean.

Definición y retos

Mañana 13 de enero se hace eco mundial con el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una enfermedad que es el resultado de interacciones complejas entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Es una enfermedad discapacitante que impide realizar labores cotidianas.

Puede presentar varios síntomas: dificultad para concentrarse, sentimientos de culpa excesiva o de baja autoestima, falta de esperanza acerca del futuro, irritabilidad, pensamientos de muerte o suicidio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o peso y sensación de profundo cansancio o de falta de energía.

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David Amaya Mora, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, señala que uno de los retos a nivel salud pública en México es la cantidad de profesionales de la salud que hay para detectar la enfermedad. “El primer reto tiene que ver con la forma de mejorar la detección de la depresión en nuestro país”. Y apunta que es uno de los trastornos prioritarios según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS prioriza la depresión por ser un trastorno mental muy común, y por ser la principal causa de discapacidad a nivel mundial, con enorme impacto socioeconómico por los sufrimientos y costos, riesgo elevado de suicidio. A pesar de ser tratable, gran parte de la población no accede a ayuda por estigma o falta de orientación y recursos.

Amaya dice que la sociedad tiende a definir la depresión “como problema de débiles, de falta voluntad” y “la persona con depresión es estigmatizada con la idea de que es solo tristeza y es culpa de las personas por pensar negativo”.

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Afirma que otro reto importante en el país es la creación de campañas que luchen contra estos estigmas que afectan, cuando menos, a 280 millones de personas en el mundo, pero puede haber muchos más sin diagnóstico.

“Las campañas pueden ayudar a detectar todas estas actitudes que no ayudan a su detección oportuna y también como instrumentos que ayuden a reconocer que la depresión es totalmente tratable. Hay medicamentos efectivos que acompañados de tratamiento psicológico pueden lograr que en menos de seis meses se combata la enfermedad adecuadamente si se atienden tras la aparición de los primeros síntomas”, apunta.

Afirma que una persona con depresión, fácilmente puede salir adelante con un profesional competente tras una intervención psicológica y farmacológica. “Si se detecta a tiempo y es primera vez de un episodio depresivo con tratamientos psicológicos, como activación conductual, puede funcionar primero sin fármaco y luego con acompañamiento farmacológico”, pero si la depresion es grave, los fármacos son la base.

Infografía: Elaboración propia
Infografía: Elaboración propia

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“El esquema de tratamiento puede funcionar en 70 u 80% de casos que van iniciando, pero también es importante que la gente entienda que no hay un medicamento mágico o una intervencion que quite los síntomas en un día porque nuestro cerebro es complejo y las adaptaciones neuroquímicas llevan tiempo”, señala Amaya y agrega que cuando la depresión es crónica hay otros tratamientos que pueden coadyuvar.

Una de estas terapias es la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), un tratamiento para la depresión que se resiste a fármacos y terapia; usa pulsos magnéticos para activar áreas cerebrales poco activas relacionadas con el ánimo; un tratamiento que ha tenido resultados no solo con la depresión.

Otro tratamiento es la psilocibina, un compuesto natural psicoactivo que se encuentra en ciertos hongos (como las especies del género Psilocybe) y que produce efectos alterando la percepción, el estado de ánimo y los pensamientos; pero se trata aun de tratamientos experimentales que se investigan.

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“El uso de la psilocibina de manera científica ha mostrado mejora con los síntomas de la depresión, pero eso no significa que alguien que usa hongos se sienta mejor. Los resultados aún son experimentales, pero entran de la gama de tratamientos propuestos”, puntualiza.

Investigación y cifras

El especialista señala que en la actualidad los objetivos de las investigaciones tienen que ver con cuestiones sociales y biológicas que se estudian de manera dividida, pero al final se interrelacionan. “En el caso de las determinantes sociales es encontrar qué eventos van a generar que una persona en específico genere depresión. Por ejemplo, en una guerra no todos desarrollan depresión, o no con la misma gravedad; es decir, puede existir un mismo determinante social, pero las investigaciones buscan desentrañar cuáles son las mejores formas que buscan los organismos para enfrentar eventos estresantes”.

Dice que tras largos periodos de estrés el cuerpo de desgasta y en muchos casos sobreviene la depresión. Por ejemplo, en la pandemia el diagnóstico por depresión aumentó 25% de casos. Es necesario identificar socialmente qué puede hacer que una persona se sienta mejor, pero también cuáles son los aspectos en el organismo que predisponen a la condición, como los genes.

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“En un mapeo se puede identificar a genes para interelacionar con la información social, pues aunque se tenga el gen, no necesariamente se va a activar; hay condicionantes contextuales que es necesario determinar. Así se va viendo qué genes se pueden activar, qué neurotransmisores están implicados, cuál es el nivel de resistencia al cortisol, entre otras cosas, es decir, cómo funciona la compleja neuroquímica del cerebro”.

Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (PAHO), el 5.8% de la población adulta sufre de depresión en nuestro continente y los trastornos mentales representan el 22% de la carga de enfermedad. “Según cifras del Instituto Nacional de Psiquiatría, INEGI y ENASUT, la depresión afecta de 7 a 10 millones de mexicanos”. De esta cifra, los porcentajes muestran prevalencia de dos mujeres por un hombre. El grupo con más casos en México es el de 18 a 25 años; en general se estima que solo se diagnostica al 45% con una brecha amplia en todos los problemas de salud mental.

La investigación avanza hacia una medicina personalizada para la depresión, integrando genética, biología y herramientas digitales para mejorar la predicción y el tratamiento, pero David Amaya señala que una de las principales banderas contra la depresión es ayudar a reconocer que la depresión no es tristeza. Se trata de un trastorno mental persistente que afecta la funcionalidad de la vida diaria, no se trata de un evento pasajero.

Explica que han detectado que una persona tarda hasta 14 años en recibir atención y si nuestro cerebro muestra afectaciones por un periodo corto, las afectaciones se van sumando tras años de intentar enfrentar los síntomas. “Está bien pedir ayuda. El tratamiento en salud mental no tiene que ver con la voluntad. La neuroimagen de la enfermedad revela un metabolismo diferente en las personas con depresión. El cerebro está teniendo un funcionamiento diferente. Si alguien se rompe el pie, no le va a echar ganas y se curará. Tras 14 años sin tratarse, una fractura puede impedir volver a caminar, lo mismo ocurre con la depresión. Lo que se requiere es recibir atención especializada con tratamientos efectivos y acciones puntuales para, en este caso, recuperar la salud mental”.

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