Los científicos que trabajan durante meses en estaciones situadas en zonas polares experimentan una reducción de una parte del cerebro responsable de la atención selectiva y el pensamiento espacial, según un estudio publicado este jueves.

Un grupo de investigadores del hospital universitario Charité y del Instituto Max Planck -ambos en Alemania- llegaron a esta conclusión tras estudiar a cinco hombres y cuatro mujeres que en total pasaron 14 meses en la estación Neumayer III, en la Antártida .

Al escaso contacto con el exterior y a la imposibilidad de abandonar la base, salvo fuera del breve verano, se suma un entorno extremadamente hostil, como temperaturas de hasta menos 50 grados centígrados y una oscuridad casi permanente en invierno.

Tras el fin de la expedición, las resonancias magnéticas a las que fueron sometidos los participantes mostraron una reducción de una zona del hipocampo -una parte del cerebro implicada en la memoria y el manejo del espacio-, conocida como giro dentado.

Además, tras tan sólo tres meses en la base, los sujetos del estudio ya presentaban una menor capacidad de concentración , así como niveles reducidos de una proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC), que estimula el crecimiento de neuronas y sinapsis.

El estudio descubrió que, un mes y medio después de que abandonaran el aislamiento, sus niveles de FNDC no se habían normalizado.

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Por otro lado, diversos tests cognitivos mostraron que las capacidades de los participantes en materia de pensamiento especial y atención selectiva, necesaria para ignorar informaciones no relevantes para el cerebro, habían empeorado.

Por norma general, el desempeño en este tipo de tests mejora en función de las repeticiones, pero en los sujetos estudiados el aprendizaje resultó ser menor cuanto más había disminuido el volumen del giro dentado.

El director del estudio, Alexander Stahn, advirtió en un comunicado difundido por la Charité que en vista del reducido número de participantes los resultados deberían ser acogidos con cautela.

"No obstante -al igual que los primeros resultados en ratones- suponen un importante indicio de que las condiciones meteorológicas extremas afectan negativamente al cerebro, en particular a la formación de nuevas células nerviosas en el giro dentado del hipocampo," destacó.

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