Un equipo de científicos de la Universidad de Texas A&M y de la Estatal de Florida está estudiando un peculiar problema de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), el cual solo las mujeres astronautas están libres de poseerlo: el síndrome neuro-ocular asociado al vuelo en el espacio, una discapacidad visual que afecta únicamente a los hombres después de una exposición prolongada a cero gravedad .

Los investigadores aún desconocen qué lo provoca y por qué solo afecta a los exploradores de un solo sexo. “Esta es una gran preocupación para los astronautas, que en su mayoría son pilotos”, advirtió David Zawieja, académico de la Facultad de Medicina de la U. de Texas A&M, al periódico regional Houston Chronicle . “Debes permitir que puedan aterrizar y poder ver apropiadamente. Deben llegar, aterrizar, hacer lo que deben hacer y luego regresar”.

Entre las hipótesis que se manejan al respecto está la presión, que es mayor en la cabeza de los hombres, y el juego de los fluidos vasculares en el espacio. Además, se estudia el rol de la función de la arteria coronaria, es decir, las que irrigan sangre al corazón .

En relación a la primera idea, los expertos estudian cómo la presión del fluido cambia en la cabeza de una persona. Tal como el líquido cefalorraquídeo que protege el cerebro y la médula espinal, y que justamente regula la presión intracraneana, del cual creen que la gravedad cero aumenta la tensión ejercida en la parte posterior de los globos oculares y del nervio óptico. “Cuando hay una mayor presión sobre el nervio, no actúa adecuadamente”, explica Zawieja.

En tanto, otros creen que el fenómeno se causa por el aumento de la sangre y la linfa en la cabeza. En el espacio, el líquido de las piernas — equivalente a una botella de bebida de dos litros — pasa a la cabeza del astronauta.

Scott Kelly, el primer estadounidense en pasar un año en el espacio, relató en su libro “Endurance” algunos cambios de visión que experimentó en su vuelos. Su visión, por ejemplo, se volvió borrosa a unos tres metros aproximadamente, pero en la Tierra volvió a la normalidad.

“Existen pocos datos para determinar el alcance o la causa” del síndrome, indica un informe de riesgos de noviembre de 2017 elaborado por el Johnson Space Center de Houston. De igual forma, los investigadores de la NASA han identificado éstos y otros problemas oculares, como el aplanamiento de la forma del ojo, y esperan idear una forma de alivianar la presión.

“Ese es el objetivo: averiguar cómo prevenir esto, así que cuando vayamos a Marte, cuando regresemos, podremos ver”, finaliza Zawieja.

jpe

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