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Washington.— El secretario de Estado de Estados Unidos, Michael Pompeo, prometió que la administración de Donald Trump trabajará para “convencer” al Congreso de su país para que avance sin más demora en la aprobación del texto del nuevo tratado comercial trilateral entre México, EU y Canadá (T-MEC), especialmente por el “componente de seguridad nacional” que incluye.

“[El T-MEC] Tiene un componente de seguridad nacional en él y me interesa profundamente; así que trabajaré con los miembros del Congreso [estadounidense] para convencerles de que este es el camino correcto hacia adelante para Canadá, Estados Unidos y México, y hay que hacer lo correcto y apoyar este acuerdo”, comentó el secretario en un debate organizado por el diario The Hill.

Pompeo insistió en que “lo correcto para la relación trilateral” es aprobar el acuerdo comercial, y que por ese motivo pondrá todo el esfuerzo necesario para que los congresistas de la Unión Americana “apoyen el objetivo de la administración de llevar este acuerdo hasta la línea de llegada”.

Panorama. Sin embargo, los ánimos en el Congreso estadounidense no son los más halagüeños a corto plazo. Esta semana los congresistas regresan a Washington luego del receso de Pascua, y la Casa Blanca continuará con su ofensiva para avanzar en materia comercial.

Desde hace unos días, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, realiza una gira por el país para convencer de las bondades del acuerdo que debería sustituir al actual Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Quien tiene la llave en su mano para avanzar en la aprobación y ratificación en el legislativo de la Unión Americana es el Partido Demócrata, gracias al control de la Cámara de Representantes. Los demócratas siguen insistiendo en su preocupación por la implementación de las nuevas regulaciones laborales mexicanas, una ley que debería aprobarse esta misma semana.

Líderes demócratas, como la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, han asegurado que no llevarán a votación sin cambios en el documento o la creación de herramientas que garanticen la aplicación de ciertos estándares laborales en México, necesarios (en su opinión) para que no hiera a la clase trabajadora estadounidense.

Los principales sindicatos de Estados Unidos han advertido, a su vez, que se encargarán de que el T-MEC no se apruebe en el Congreso sin la legislación e implementación de esas mejoras laborales en las plantas mexicanas.

La dureza e intransigencia demócrata y de los sindicatos de estadounidenses hacen que las opciones de que el acuerdo se apruebe antes de las elecciones presidenciales de 2020 se vayan desvaneciendo.

Las críticas también llegan desde el bando republicano. El senador Chuck Grassley, presidente del Comité de Finanzas del Senado, advirtió al presidente Trump que “si no levanta los aranceles [a México y Canadá], el T-MEC está muerto”.

“No hay apetito en el Congreso de debatir el T-MEC con los aranceles sobre la mesa”, escribió el senador en una columna publicada en The Wall Street Journal. Iowa, el estado originario de Grassley, está siendo muy afectado por los aranceles que México y Canadá impusieron como represalia, especialmente los referentes a productos agrícolas.

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