Durante la pandemia de COVID‑19, el cierre de escuelas se tomó como una medida sanitaria inevitable. Sin embargo, hoy contamos con evidencia empírica que muestra que esta decisión tuvo efectos colaterales profundos y duraderos que no fueron suficientemente considerados en el debate público. Entre los más relevantes está el incremento significativo del agotamiento y del burnout en las madres trabajadoras en México, también en aquellas con puestos de liderazgo (Mucharraz y Cano et al., 2024).
Un estudio reciente realizado en el país por el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del IPADE, con una muestra de 704 madres ejecutivas, documentó que el cierre de escuelas y guarderías eliminó una de las principales fuentes de apoyo estructural para conciliar el trabajo remunerado y el cuidado familiar, lo que derivó en mayores niveles de agotamiento mental y emocional durante la pandemia.
Las escuelas también forman parte de la infraestructura de cuidado. Entre 2020 y 2021, las escuelas en México permanecieron cerradas 214 días, uno de los periodos más prolongados entre los países miembros de la OCDE (OECD, 2021). La imposibilidad de enviar a los hijos a la escuela tuvo un impacto directo en el aumento del agotamiento excesivo.
Uno de los hallazgos más reveladores fue que, a pesar del aumento del agotamiento, el desempeño laboral de las madres trabajadoras no se deterioró, pero tuvo impacto en materia de salud mental, en un potencial incremento del autoempleo y del empleo informal, además de la deserción escolar de miles de mujeres jóvenes. En el largo plazo tiene otras implicaciones, por ejemplo, en cuestión del ahorro para el retiro, dado que al salir del empleo formal o no insertarse en el mismo desde un inicio, las aportaciones al esquema de pensiones se ven disminuidas, así como el acceso a la seguridad social y al cuidado de la salud.
Durante la pandemia por COVID-19 y contrario a lo que suele asumirse, el apoyo familiar no tuvo un efecto estadísticamente significativo para mitigar el burnout durante el confinamiento. Dado el debate público que ha habido del tema, se vuelve necesario identificar si en otro contexto algunas variables podrían replicarse, lo cual llevaría a analizar la mejor manera de empatar el cuidado con el trabajo remunerado de los padres, para lo que el calendario y el horario de las escuelas, se podrían adecuar como en aquellas escuelas con esquema de tiempo completo, o conforme a lo que ya lo hacen otras regiones del mundo.
Las decisiones de esta naturaleza, no son neutras desde el punto de vista social ni de género. Ignorar esta evidencia implica contribuir a una pérdida silenciosa de bienestar para las mujeres y las familias, con impacto en la salud mental y en la participación del talento femenino en la economía.
Fuente: Mucharraz y Cano, Y., Dávila‑Ruiz, D., & Cuilty‑Esquivel, K. (2024). Burnout resilience in the face of the COVID‑19 pandemic. TEC Empresarial, 19(1), 36–50.
*Profesora del área de Dirección de Personal en IPADE Business School y directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD)
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