Por Óscar Colorado Nates*
Siempre tendemos a pensar que, ante una obra de arte, el creador es quien tiene todo qué decir. Sin embargo no es así. Una fotografía, además de un discurso por parte de su autor, también es un diálogo; más aún: es una comunión.
Se trata de la conjunción de dos mundos: Una la del fotógrafo quien creó la imagen a partir de sus conocimientos, arte, condicionamientos y circunstancia. Sin embargo, este microcosmos condensado que es una fotografía se combina con la visión de otro. El observador tiene un papel mucho más activo de lo que parece. Y es que la misma imagen puede tener sentidos totalmente diversos para dos personas diferentes.
El corazón de este diálogo y entrecruce de miradas es la cultura. No es un concepto fácil de definir, hay más de 150 definiciones distintas. Matthew Arnold (1867) diferenciaba la “alta cultura” de la “cultura popular”; Edward Tylor (1870) aporta que la cultura es multifacética y compleja; Franz Boas (1911) establece que no hay “salvajes” ni “civilizados”, sino que todo individuo y colectividad tienen un valor cultural.
Geert Hofstede, antropólogo social holandés, habla de un “software” y dice que la cultura es una programación mental colectiva que distingue a los miembros de un grupo o categoría.
Cuando observamos una fotografía, nuestro propio “software mental” (siguiendo a Hofstede) altera la recepción de la imagen. Existen ciertos universales culturales que nos permiten un entendimiento común. Los seres humanos asumimos que cualquier pueblo se comunica con un lenguaje verbal, que la masculinidad y feminidad ofrecen propiedades específicas, que la edad afecta la producción y la recepción de productos culturales; si se es soltero, casado, viudo o divorciado también hay una influencia en la lectura y la producción; la privacidad también es una noción cultural lo mismo que el comportamiento sexual.
La cultura es algo vivo, un fenómeno muy complejo y que transita en el tiempo.
Así, es fundamental comprendernos a partir de los rasgos que nos hacen individuos pero, también, aquellos elementos aprendidos y que nos permiten identificarnos como parte de un grupo (familia, región, estado, nación), distancia al poder y también en qué medida somos producto de nuestro tiempo.
Cuando se lee una fotografía y conocemos estos elementos podremos comprender mejor su sentido. Sin embargo esto no solamente está en el lado del fotógrafo, los factores culturales del lector afectan, de muchas maneras, la percepción de una fotografía. Observe la imagen que ilustra este artículo, realizada por el fotógrafo ruso Alexander Rodchenko. La misma imagen puede despertar muchas interpretaciones (sentidos) distintos. ¿Qué evoca en el lector?
Si desea conocer más sobre la fotografía, cultura e interpretación, puede encontrar más información en este enlace.
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*Óscar Colorado Nates es titular de la cátedra de Fotografía Avanzada en la Universidad Panamericana. Autor de libros como Instagram, el ojo del mundo; Fotografía de Documentalismo Social, entre otros. Editor y Director General de la revista fotográfica universitaria MIRADAS. Columnista en el diario El Universal (Cd. De México). Miembro de The Photographic Historical Society (Rochester, NY) y creado de www.oscarenfotos.com, blog de reflexión fotográfica líder en Iberoamérica. En redes sociales: twitter@oscarenfotos | Instagram@oscarenfotos | Facebook@oscar.enfotos
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