








Llegó el momento de que se le haga saber a Washington que entre nuestros afanes nacionales no está el de andar asesinando gringos y que si hay tráfico de fentanilo y otras drogas es por la gigantesca demanda de sus millones de adictos.


EU, que había sido la potencia hegemónica con la fuerza para ordenar los desequilibrios mundiales y evitar la temida conflagración nuclear que hoy se vislumbra en el horizonte, no es más ese fiel de la balanza.




