Son más de 30. Tienen el rostro curtido y algunos han estado presos. Provienen de distintos barrios o colonias de la capital y de municipios del Estado de México, por ejemplo, Nezahualcóyotl, Tultitlán, Ecatepec, Aragón, Chimalhuacán, San Felipe y La Argentina.

Sentados sobre sus lowbikes, con el Monumento a la Revolución a sus espaldas, posan para una fotografía que los muestra como parte de Chilangos Lowbike Club México, la nueva tribu urbana que representan. Los une un objetivo que se aleja de la violencia que los rodea con frecuencia: rodar en bicicleta y pasarla bien.

No se trata de un grupo cualquiera. Algunos de sus integrantes eran miembros activos de pandillas. Cambiaron sus odios colectivos por pasiones personales, los pleitos en el barrio, por un pacto de paz.

Es imposible no reparar en los colores vivos, brillantes, que ruedan por avenida Reforma. En los neumáticos pulcros. Tampoco se puede evitar detener la mirada sobre los propietarios, su aspecto tampoco es común.

Visten pantalones tumbados o caídos, característicos de la vestimenta de los cholos; tenis blancos y calcetas que cubren toda la pantorrilla, limpios e impecables. Quienes se despojan de sus playeras dejan ver los tatuajes en sus torsos. Uno de ellos, David, conocido como El Pizarrón, luce su cuerpo completamente cubierto de tinta. Comenzó a rayarse el rostro después de la muerte de sus padres.

En principio, se puede pensar que son una clika (como se hace llamar un grupo o pandilla de barrio, cuyos integrantes son inseparables y entre quienes está prohibida la traición). Su apariencia engaña. Es un error pensarlo. No se trata de una clika, sino de un club de ciclistas.

“Lo único que pensé cuando me invitaron fue: ‘Voy en son de paz y a lo que tope’”. Eso fue lo primero que pensó Daniel Nájera cuando era integrante de una pandilla de Nezahualcóyotl y los Chilangos Lowbike Club lo invitaron a viajar con ellos. Lo dice entre risas. Hace casi un año de ese momento. “No hay comparación, éste es un grupo de ciclistas, nada de clikas, putazos, ni esas cosas”, comenta mientras me mira sereno, aunque parece rudo.

Chilangos Lowbike Club, tribu en pro de la paz
Chilangos Lowbike Club, tribu en pro de la paz

El origen

El Bajito Sandoval, miembro fundador de Chilangos Lowbike Club México, cuenta que las bicicletas que los unen representan una evolución de los automóviles bajos, también conocidos como lowrider, que fueron creados como parte de la cultura chicana en la década de los años 40.

Cuando él tenía 13 años, narra, sus papás decidieron irse a vivir a Tijuana, donde tuvo contacto directo con los automóviles modificados y las bicicletas bajas; actualmente vive de su fabricación.

Estas biclas se caracterizan por ser de colores brillantes y tener cuadros inspirados en las clásicas motocicletas choperas. Casi siempre tienen asientos de banana con un pequeño respaldo, los manubrios pueden ser muy altos o abiertos, pero siempre están pulcramente pulidos, y los rines están saturados de rayos.

Las lowrider tuvieron un auge mediático en la década de los 60, debido a que el personaje infantil Eddie Monster usaba una George Barris, en la serie de televisión The Munsters . “A pesar de que no es oficial el dato, hay quienes creen que fue la primera”.

La estancia de El Bajito Sandoval en la ciudad fronteriza de Tijuana se prolongó casi una década. A su regreso, su afición no murió, pero se apaciguó. Tenía pocos amigos con biclas bajas y muchos no querían salir a rodarlas por el miedo a que se las robaran. Hasta que llegó el momento.

La gestación de Chilangos Lowbike Club México comenzó con una convocatoria en Facebook: “Le dije a un amigo que iba a organizar el evento, para ver quién jalaba. Necesitábamos desempolvar nuestras bikas”.

El punto de reunión de ese primer llamado fue el Metro Hidalgo. Para su sorpresa, ese día se reunieron más de 40 personas.

“Fue tanta gente que lo repetimos dos veces más. Fue en febrero de 2015 cuando salimos como Chilangos y llevamos un año y cuatro meses”.

Con voz pausada, pero segura, El Bajito, quien pertenece a una clika de Neza, explica que esta experiencia no es exclusiva de pandilleros. También hay abogados, veterinarios, estudiantes, policías y vendedores. Cualquiera con ganas y con bicicleta puede ser Chilango.

“Al principio siempre estaba la alerta de que la banda se sacara de onda, ya sabes, los homies [colegas] tienen pedos entre pandillas; sin embargo, no, todos saben que aquí adentro no hay barrios, no hay clikas, somos amigos”.

Lo más que ha llegado a pasar son escenas de celos, “pero de esos bonitos”, cuenta El Bajito. Como le bajó al chupe —declara—, porque si no, no aguantaría las rodadas, no sale en las noches, se duerme temprano y eso incomodó un poco a sus homies de la clika, pero pasó rápido e incluso ha logrado seducir a un par de amigos para que salgan a rodar con ellos.

“Quiero que Chilangos se vuelva una epidemia y que sea un ejemplo de que puede existir la paz entre pandillas. Los pleitos siempre se dan por territorio y eso es una tontería, al final todos somos mexicanos”.

El Suave, Guillermo Alcántara, tiene razón, para salir con ellos no es necesario ser pandillero.

Sólo las ganas y una bici. Él es veterinario de profesión y rapero de corazón; a pesar de que tiene amigos que forman parte de clikas, a él nunca le interesó.

“Son muchos problemas si entras a una pandilla, te arraigas demasiado. Cuando entras a una pandilla es de por vida”, dice.

Chilangos Lowbike Club, tribu en pro de la paz
Chilangos Lowbike Club, tribu en pro de la paz

Los chiflidos se convierten en señal de salida. El grito de guerra para subirse a la bicicleta y empezar el viaje. Atravesamos la Alameda desde el Metro Hidalgo y toda la gente al paso mira. Imposible ignorar al contingente.

Allá va Alejandro Madrid, El Mupet, con su vehículo de casi dos metros y medio de largo; el manubrio es blanco, ligeramente curveado. El tatuaje de una bici kalashnikov, que se segmenta a lo largo de sus falanges, combina con las empuñaduras negras de la lowbike.

Él llegó al club, como la mayoría, por invitación. Asegura que pertenecer a Chilangos lo ha ayudado a controlar su carácter. “Antes era muy violento, me encantan los putazos y siempre me quería romper la madre, pero entré aquí; me dijeron que así no era, me tenía que calmar y así fue”, recuerda.

En esta rodada les piden ser parte de varias selfies. Son los Chilangos Lowbike Club México. Parece que no, pero cualquiera puede ser parte de su rodada.

Sólo hacen falta ganas de estar aquí y una bike lowrider.

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