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José Ramón Sánchez Castañeda tiene 25 años, está a punto de terminar la carrera y se va a titular como licenciado en Biología por la Facultad de Ciencias de la UNAM, a través de una tesis que está preparando. Su vocación, platica, está orientada al estudio del medio ambiente y a la protección de la naturaleza; le gustaría convertirse en divulgador de la ciencia e investigador sobre la contaminación del agua.

Su deseo era estudiar Ciencias Ambientales, pero se enfrentaba al problema de que en la Ciudad de México (de donde es originario) no hay muchas instituciones de educación superior que impartan esta carrera con un programa académico de calidad.

Como había estudiado en escuelas privadas desde la primaria, puesto que es egresado del sistema Lasallista, en específico de la Escuela Cristóbal Colón, que imparte de preescolar a bachillerato, antes de entrar a la UNAM analizó la posibilidad de estudiar Ingeniería Ambiental en la Universidad La Salle, aunque no la consideró una opción tan “cercana”, porque la institución sólo le ofreció una beca de 20% sobre la colegiatura. Aun con el descuento, sus padres no podrían pagar sus estudios. El inicio de cada semestre, comenta, implicaba el desembolso de cuando menos 10 mil pesos entre colegiatura e inscripción.

Ante esta situación sus profesores de La Salle, que eran catedráticos de la UNAM, le recomendaron que se preparara para el examen y buscara ingresar a la licenciatura en Biología de la Facultad de Ciencias. La biología, le explicaron, es un campo de estudio muy amplio que después le permitiría especializarse en ciencias ambientales.

En clases, los profesores hicieron repasos de las principales materias a manera de preparación para el examen de ingreso a la licenciatura; además, tomó cursos que ofrecen empresas privadas, gracias a lo cual obtuvo un puntaje de 92 en la prueba y se ganó su lugar.

“Me sentí bien en el examen, el sistema se me llegó a dar muy bien. No sé si fue porque en mi escuela [bachillerato] acostumbraban a hacer exámenes departamentales en los que tenías que contestar bajo un tiempo determinado. No sé si estaba acostumbrado, pero no me sentí tan mal, lo pude acabar y hasta me sobró tiempo”, declara el joven.

“El pase reglamentario puede hacer que algunas personas puedan confiarse o hacer el mínimo necesario para entrar, aunque depende de cada persona. Creo que no estaba mal preparado en la preparatoria y que el curso [clases privadas de preparación para el examen] me ayudó bastante”.

Para él, la razón principal de estudiar en la UNAM y no en una universidad de paga es que el monto de la colegiatura en el sistema privado es muy alto y, como en su caso, no todas las familias pueden costearlo; después está el prestigio de la UNAM.

Para él, el cambio principal entre la educación privada y la pública ha sido la disciplina del primer sistema y la libertad que se goza en el segundo. “Estaba acostumbrado a entrar al salón de clases cuando sonaba la chicharra y no te podías salir porque había cámaras en todos lados; aquí era de: ‘Si quieres entra, pero tú pagas las consecuencias si no lo haces’. Fue el principal cambio”, dice. Menciona que es importante preservar instituciones como la UNAM, porque ofrecen programas de calidad a sus alumnos, cuyas familias en muchas
ocasiones no tienen los recursos para pagar
instituciones privadas.

“Es muy importante por la calidad que tiene, no todas las personas cuentan con los recursos para pagar una universidad privada y en muchos países el sistema educativo te permite estudiar sin tener que pagar. Yo creo que la educación no tendría que ser una cuestión de poderla pagar o no, sino que pueda estar al alcance de todos”, remata.

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