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Francisco regala diadema a la Virgen de Guadalupe

Nación 13/02/2016 19:10 Notimex Actualizada 19:20

El Papa esparció con agua bendita la corona que regaló a la Virgen de Guadalupe y se la entregó al rector de la Basílica

"Tan sólo camina por los caminos de tu vecindario, de tu comunidad, de tu parroquia como mi embajador, levanta santuarios compartiendo la alegría de saber que no estamos solos, que ella va con nosotros", destacó el obispo de Roma. Foto EFE

A la ceremonia eucarística asisten cerca de 30 mil fieles. Foto AP

"Al venir a este santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. Mirar a la madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: ¿Qué puedo aportar si no soy un letrado?", mencionó el Pontífice. Foto Luis Cortés/EL UNIVERSAL

En su encuentro con la imagen de la virgen de Guadalupe, como lo había deseado desde hace tiempo y anunciado en diciembre pasado, como un motivo de su viaje a México, el religioso argentino se refirió al milagro guadalupano con las apariciones de la llamada Morenita del Tepeyac a Juan Diego. Foto Luis Cortés/EL UNIVERSAL

Los miles que se aglutinaron en las inmediaciones de la Basílica siguieron la misa que ofició el Obispo del Vaticano por medio de pantallas. Foto Juan Boites/EL UNIVERSAL

Un buen número de feligreses se arrodillaron al ver al Papa. Muchos gritaban y lo fotografiaban. Foto Juan Boites/EL UNIVERSAL

Las personas que se quedaron afuera de la Basílica han comenzado a cantar "La Guadalupana". Foto Alejandra Leyva/EL UNIVERSAL

Una vez concluida la misa, el presidente Enrique Peña Nieto acompañado de su esposa, Angélica Rivera de Peña, se acercó al Papa Francisco, le dirigió unas palabras y se despidió de él. Foto Luis Cortés/EL UNIVERSAL

Tras esto, el Pontífice se dirigió a un camarín para estar a solas con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Foto AP

Francisco recordó a "los excluidos", a "los descartados" y a las personas que han visto perder un familiar por la violencia criminal, durante la homilía pronunciada en la misa celebrada en la Basílica de Guadalupe. Foto EFE

En punto de las 16:35 el Papa Francisco llegó a la Basílica de Guadalupe en medio de porras y aplausos, procedente de la Nunciatura Apostólica. Foto AP

Su paso en el papamóvil fue rápido, pero suficiente para mucha gente que desde la madrugada arribó a este lugar con la esperanza de verlo. Foto Alejandra Leyva/EL UNIVERSAL

Desde que llegó el Pontífice e ingresó a la Basílica se escucharon las campanas repicar. Foto Alejandra Leyva/EL UNIVERSAL

Al final de la misa que celebró esta tarde en el Santuario del Tepeyac, el Papa Francisco regaló una diadema a la Virgen de Guadalupe y rezó ante la imagen de la tilma en el camarín.

Antes de la bendición final de la eucaristía, Francisco escuchó unas palabras de saludo del cardenal Norberto Rivera Carrera y después pronunció una oración especial.

“Bendito eres, Señor, Dios del cielo y de la tierra, que con tu misericordia y justicia dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes; de este admirable designio de tu providencia nos has dejado un ejemplo sublime en el verbo encarnado y en su Virgen Madre”, dijo.

“Tu hijo, que voluntariamente se rebajó hasta la muerte de cruz, resplandece de gloria eterna y está sentado a tu derecha como rey de reyes y señor de señores; y la Virgen que quiso llamarse tu esclava, fue elegida madre del redentor y verdadera Madre de los que viven, y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles, reina gloriosamente con su hijo, intercediendo por todos los hombres como abogada de la gracia y reina de misericordia”, agregó.

Pidió a Dios mirar “benignamente” a los siervos que, al ceñir con una corona visible la imagen de la madre, reconocen en Jesús al rey del universo e invocan como reina a la Virgen.

“Haz que, siguiendo su ejemplo, te consagren su vida y, cumpliendo la ley del amor, se sirvan mutuamente con diligencia; que se nieguen a sí mismos y con entrega generosa ganen para ti a sus hermanos; que, buscando la humildad en la tierra, sean un día elevados a las alturas del cielo, donde tú mismo pones sobre la cabeza de tus fieles la corona de la vida”, completó.

Al terminar la oración, el Papa esparció con el agua bendita a la corona regalo para Guadalupe y se la entregó al rector de la Basílica.

Después de la bendición final, Francisco fue acompañado al camerino donde pudo admirar de cerca la imagen de la tilma y rezar largamente ante ella.

jram

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