Los temblores que preceden una gran sacudida en la Casa Blanca de Donald Trump ya no se pueden ocultar y auguran un terremoto. La dimisión de Michael Dubke como jefe de Comunicación, luego de menos de tres meses en el cargo, puede ser el detonante de la gran reforma que se prevé en el organigrama presidencial.

La dimisión se produjo hace un par de semanas, pero Dubke aceptó quedarse hasta después de la gira internacional del presidente y ayudar al traspaso de responsabilidades con los que vayan a asumir su tarea.

La contratación de Dubke fue, en su momento, vista como la aceptación de Trump a abrirse a opiniones diferentes a las del núcleo duro que lo rodea.

Sin embargo, parece que Trump, convencido de que las crisis que vive su gobierno son causadas por una prensa “hostil” y fallos en la comunicación, está dispuesto a volver a su plan original y rodearse de aquellos en los que confía.

Que va a haber cambios en el área de comunicación es un hecho que nadie discute, y menos tras la salida del director del área. Dubke es sólo la primera cabeza en ser cortada y las próximas no deberían tardar en rodar.

Asimismo, el retorno del portavoz Sean Spicer a sus conferencias de prensa casi diarias, tras dos semanas sin aparecer, no pudo ser más tenso y violento, recordando las primeras comparecencias agresivas y a la defensiva que le valieron ser objeto de parodia.

Su tono pareció el de quien está en el patíbulo a la espera de ser degollado, y es que Spicer es uno de los nombres que más suena para caer en el equipo. Parecería que Trump quiere volver a la dinámica de su campaña electoral, rodearse de hombres leales y agresivos capaces de conectar con su base y mentir, si es necesario, para defender a su líder.

Desde hace días se habla de que la reforma del staff de la Casa Blanca empezaría por el retorno de dos pesos pesados de la primera etapa del Trump candidato: el controvertido jefe de campaña Corey Lewandowski y el exvicejefe de campaña David Bossie, quienes integrarían el “equipo de guerra” para frenar el sangrado de la administración Trump, especialmente en su fallido freno del Rusiagate.

Trump también podría deshacerse de su jefe de gabinete ligado al establishment del Partido Republicano, Reince Priebus, y mandarlo de embajador a Grecia. Se habla de que las conferencias de prensa dejarían de ser transmitidas por televisión y de que el presidente transmitiría su mensaje en mítines.

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