metropoli@eluniversal.com.mx

Las calles peatonales del Centro Histórico son víctimas de una masa negra de unos cinco centímetros de diámetro que se confunde con mugre o con el propio modelo del piso, pero en realidad son los cadáveres de los chicles que dejan los visitantes.

Retirar cada chicle cuesta dos pesos, y para hacerlo se utilizan líquidos desengrasantes e hidrolavadoras, que son máquinas que expulsan agua a presión a una temperatura de hasta 80 grados centígrados.

Cuando son días de limpieza, ésta se realiza durante la mañana. La gente pasa y sólo se hace a un lado, el operador de la máquina libera un chorro de vapor sobre la goma de mascar para ablandarla y luego la máquina libera un químico no tóxico que disuelve el residuo. Se enjuaga y queda limpio. En un día se llegan a retirar entre 800 y mil chicles en un tramo de alguna vialidad del Centro Histórico.

Madero, Palma, Isabel La Católica, 5 de Mayo, 16 de Septiembre y Bolívar son las calles y corredores donde los residuos se cuentan por millones.

Esta afectación ocupa la tercera parte de las calles del primer cuadro del Centro Histórico, pues de cada metro cuadrado, 30% está contaminado con goma de mascar que arrojan los visitantes, que rondan los 5 millones por día. La situación es grave. Sacar el chicle de la boca y tirarlo al suelo tiene consecuencias no sólo sanitarias, sino también económicas.

Datos oficiales detallan que cerca de 20% del primer cuadro padece este problema y, de acuerdo con la Autoridad del Centro Histórico, en 2013 se retiraron 72 mil 488 chicles.

La goma de mascar no sólo daña la imagen urbana, sino que es una amenaza mortal para las aves que la confunden con alimento, y al ingerirla les provoca obstrucción intestinal.

Los chicles también se convierten en foco de infección porque acumulan hasta 10 mil bacterias y hongos que pueden resultar dañinos para los visitantes de la zona turística más importante del país.

Una vez que se seca con el sol el problema se convierte más es un asunto de contaminación urbana, más si se toma en cuenta que un chicle tarda cinco años en degradarse por acción del oxígeno y volverse polvo.

Una trabajadora encargada de retirar las gomas de mascar del corredor Madero indicó que el principal problema es la falta de conciencia de la gente. “Las personas prefieren escupir el chicle que esperarse para tirarlo, no entienden lo que implica quitarlos del suelo. En muchas ocasiones hay uno sobre otro e incluso intencionalmente los embarran en bancas, muros y jardineras, eso también es un abuso”, dijo.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses

[Publicidad]