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Un pueblo que vende y regala a los niños

Estados 23/09/2015 00:11 Alba Calderón Actualizada 10:17

El poblado de Miguel Alemán, en Hermosillo, Sonora, es considerado foco rojo por la violencia intrafamiliar

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Los dos niños que Carmen cuida desde hace año y medio llegaron a su casa de noche. Su mamá acababa de morir y su papá no pudo o no quiso cuidarlos. Los entregó al cuidado de una desconocida a quien le dijo que pensó en venderlos y le prometió que volvería por ellos.

Carmen, de 40 años, los cuida porque siempre quiso ser madre de un niño; ella tuvo tres hijas con su esposo. Dice que cuando los niños llegaron a su casa, uno de apenas unos meses de vida y otro de poco más de un año, estaban muy enfermos y no comían. Ahora los dos corren y gritan en la casa con piso de tierra y techo de lámina reforzado con madera.

Viven en el poblado de Miguel Alemán del municipio de Hermosillo, Sonora. Una zona marcada por sus altos índices de violencia, marginalidad y migración, en donde los niños son vulnerables por la violencia intrafamiliar y por la impunidad con la que algunas autoridades han comercializado sus vidas y su derecho a una familia.

Apenas termina la plática con la familia de Carmen cuando otra vecina del poblado cuenta al equipo de EL UNIVERSAL que acaba de ser atacada por la familia de su nuera. Le quitaron a su pequeño nieto a golpes, a pesar de que el DIF municipal intervenía en el proceso de custodia que las dos familias realizaban. Ambos padres tienen 15 años y son originarios de Oaxaca.

“Lo acabé de bañar, lo estaba vistiendo para irnos ya al DIF”, dice la señora de pies descalzos, quien no quiere dar su nombre por miedo a más represalias. “Me dijeron que se van a morir mis hijos. Que me van a matar”, alega.

Los pozos de agua y el desarrollo de la agricultura tecnificada han sido los detonantes para que en los últimos años Miguel Alemán sea un polo de atracción para migrantes originarios de comunidades indígenas en Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Los nuevos habitantes se dedican principalmente a la agricultura.

Raúl Rodríguez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos en Sonora, dice que tienen un registro de 16 casos de adopciones irregulares en el estado. Explica que se dieron por el abuso de funcionarios de la anterior administración del DIF, policías estatales e incluso por regidores, que aprovecharon la vulnerabilidad de las familias para comercializar a los niños.

Rodríguez advierte que tienen un problema grave en poblados como Miguel Alemán, y en otros municipios como Guaymas, Empalme y Nogales. Por eso, pide la intervención de las autoridades federales, desde la PGR hasta el DIF nacional, para su investigación. Adelanta que presentarán una iniciativa para que se tengan mayores restricciones a quienes emiten certificados de nacimiento y registro de menores.

“Cualquier médico puede expedir una ficha de nacimiento. En Sonora hay un problema muy serio que implicó la complicidad de muchas personas, de bastantes instituciones”, dice.

Niños “fantasma”. Los papás de algunos menores ni siquiera migran con papeles. Sus hijos nacen sin tener identidad en hospitales públicos.

Elvira Espino y su esposo Francisco Merino son triquis, originarios del poblado Río Venado, en Oaxaca. Llegaron hace un año a Miguel Alemán y engendraron un bebé que nació en el Hospital Infantil de Sonora. La Procuraduría en Defensa del Menor y la Familia del estado les quitó hace unos meses la custodia de su hijo por denuncias de maltrato. Ahora, la pareja quiere recuperarlo, aunque todavía no dominan muy bien el idioma español.

“No tenía nada [de papeles el bebé]. Ya tramitamos todo. Fui a Hermosillo, fui al hospital infantil, fui hasta casa hogar. Nos dijeron: sácale una credencial a tu esposa que va a salir más pronto el niño, y pídele al MP el papel de aviso para que vayas a registrar a tu hijo”, explica. “Soy trabajador del campo. No fumo ni tomo cerveza”, dice.

Silvia Félix de López, quien fue presidenta del DIF en Hermosillo los últimos tres años, asegura que no es fácil trabajar con la comunidad de Miguel Alemán.

“Es muy poca la gente que tiene su vivienda establecida y por años, por eso es que es una área que se ve todavía sucia, deteriorada… Hay una comunidad triqui, está específicamente en un área donde a todas luces se ve que sus usos y costumbres predominan y prevalecen a pesar de los pesares. No hay forma de que haya un cambio de mentalidad”, diagnostica.

Según el titular de la CEDH en Sonora, así como las autoridades municipales salientes en Hermosillo, la necesidad de regularizar las condiciones en que los niños nacen y se desarrollan en las zonas marginales es indispensable para evitar que las adopciones irregulares y los abusos contra los derechos de los menores sigan.

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