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La entrañable amistad que Alfonso Reyes (Monterrey, 1889- Ciudad de México, 1959) y Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899- Ginebra, 1986) sostuvieron desde que el escritor y ensayista mexicano estuvo al frente de la Embajada de México en Buenos Aires será motivo de una conversación que Roberto Alifano y Adolfo Castañón sostendrán este miércoles 13 de abril, a las 19 horas, en la Capilla Alfonsina.
En esa charla, que se realiza con motivo del 30 aniversario luctuoso de el autor de El Aleph, los escritores y ensayistas hablarán de esa amistad que nació cuando en 1927 Reyes fue designado embajador en el país sudamericano y que se mantuvo a través de correspondencia; una relación que despertaría una gran admiración de Borges hacia el ensayista regiomontano. “Borges decía que la mejor prosa castellana de este y del otro lado del Océano la había escrito Alfonso Reyes”, refiere Alifano.
Quien fuera amanuense del poeta, ensayista y narrador argentino durante una década recuerda en entrevista que todos los domingos por la noche el autor de El Aleph iba a cenar a la Embajada de México en Buenos Aires. En esas cenas, además de crear lazos entre sus familias y amistades, nació una mutua “simpatía y coincidencia literaria”. “Borges llega a considerar a Reyes como uno de sus maestros”, refiere Alifano, quien sostiene que fue la erudición del escritor mexicano lo que más cautivó al argentino. “A Borges le impactó la calidad y el nivel intelectual de Reyes. En 1927, Reyes ya era un escritor famoso, un erudito conocido entre los escritores de lengua española.
“Eran dos hombres literarios que esencialmente vivían de la literatura. Reyes se ganaba la vida como embajador, pero era, esencialmente, un escritor”, comenta Alifano.
Sin embargo, a la distancia, sólo uno de ellos alcanzaría el reconocimiento universal. “Borges se convirtió en los últimos años de su vida como en una leyenda. El sostén inicial de Borges es su literatura, no hay ninguna duda, sus temas siguen vigentes (los espejos, los sueños, los laberintos), pero la idea y las imágenes de ese poeta ciego con su bastón, un poco como Homero, creo que han calado profundamente en la gente. Borges se convirtió en un mito viviente, y después de muerto sigue proyectando esa imagen de leyenda”, comenta el también ensayista y narrador argentino.
En el caso de Reyes, añade Alifano, su obra y figura fue menos conocida, en gran parte, considera, por la falta de los medios de difusión que tenía en ese momento. Sin embargo, dice, la obra de Alfonso Reyes es “extraordinaria, maravillosa, tanto en lo poético como en lo narrativo”.
Compartirá anécdotas junto al argentino. Autor de el libro El humor de Borges y director de la revista Proa desde 1988, fundada por Borges, Alifano fue el más cercano colaborador del célebre autor durante sus últimos 11 años de vida. De esos años de colaboración y cercanía, Alifano alista una trilogía en la que sacará a la luz algunos de los momentos que compartió con el autor de El libro de arena. Se titulará Cuaderno Borges y ocupará tres tomos, uno de los cuales se publicará este año, posiblemente con la editorial Planeta, adelanta.
“En esos 10 o casi 11 años que trabajé con Borges, yo tomaba notas todos los días en un cuaderno, llevaba un diario. Allí está todo lo que iba viviendo durante el tiempo que trabajé con él”, cuenta.
Estos cuadernos, explica, incluirán historias de todo tipo. “Hay cosas muy divertidas, porque él era un hombre con gran sentido del humor”, relata.
Una de esas anécdotas, relata, hace referencia al escritor y ensayista, también argentino, Ernesto Sabato, con quien Borges no simpatizaba por “su afán de promoción y de querer figurar todo el tiempo”. “Una mañana llegué a trabajar y Borges me dice: ‘Miré lo que es la fama, Alifano. Anoche tomé un taxi y cuando me bajé, el taxista no me quiso cobrar, me reconoció y me dijo: ‘Señor, cuando yo le cuente a mi mujer y a mis hijos que usted ha sido mi pasajero no lo van a poder creer, porque ¿quién no conoce a Ernesto Sabato?’”.
“Borges era una persona muy divertida, un hombre al que le gustaba hacer muchos chistes, contar anécdotas, uno no se aburría nunca con él”, recuerda.
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