Lo suspenden de Cultura por “revoltoso”

Por querer emular a Tin Tan haciéndola de Hombre Mosca en su ascenso a la cima de la Catedral Metropolitana en la película El revoltoso, el arquitecto Alberto Ceballos Sánchez, director de Estudios y Proyectos de la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura federal, cayó y salió mal parado. El pasado domingo al mediodía, mientras los feligreses comulgaban, el funcionario se saltó las trancas y subió, junto a varias personas, a la cornisa del inmueble histórico, sin permiso de las autoridades religiosas, informó la Arquidiócesis Primada de México el lunes, luego de que en medios circularon fotos de la imprudente visita a áreas restringidas.

En foros dedicados a la defensa del patrimonio, el funcionario negó que se trató de una visita organizada por él. “Estuve en el lugar para pedirles amablemente que se retiraran del lugar por su propia seguridad”, dijo. Pero en las imágenes más bien parece que las personas lo están acompañando. El funcionario, cuentan, está suspendido de su cargo mientras se investiga el caso. Bien dicen que más pronto cae un hablador que un cojo.

Propone el PAN educar a los malhablados

La nota no es que la ex diputada federal Kenia López Rabadán y su compañera de fórmula, la ex directora del INBA, Teresa Vicencio, busquen llegar a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, la noticia es que entre sus principales propuestas está impulsar una Ley de Cultura que estipule que los ciudadanos deben utilizar un lenguaje sin groserías ni malas palabras, y también proponen cerrar las escuelas que abrió Andrés Manuel López Obrador. Nos cuentan que el pasado sábado, las dos panistas convocaron a gente de la cultura, a trabajadores y, sobre todo, a ex trabajadores del INBA a un desayuno en el Konditori de Mixcoac; allí, López Rabadán mostró su confianza en llegar a la Constituyente pues es la quinta en la lista del PAN, por lo que tiene garantizado un lugar mediante el método de “elección pura” que usarán. Lo que también dejó traslucir la abogada, nos cuentan, es que no tiene gran simpatía porque la lista del PAN la encabece su colega Santiago Creel Miranda.

Que Maraki aclara que no es @maraki_INBA

Un día, así nomás, apareció en Twitter la cuenta @maraki_INBA, atribuida a la directora del INBA, María Cristina García Cepeda; seguía a poco más de 200 y una veintena comenzó a seguirla. Pero la funcionaria ya tenía una cuenta: @mcristina_gc desde 2012, que usa como cartelera cultural y para compartir imágenes de sus actividades; sigue sólo a 20 cuentas de secretarios de Estado, dependencias, legisladores y revistas; y en cuatro años sólo ha escrito poco más de 500 tuits, y es seguida por casi 2 mil cuentas. Ante la pregunta del crítico musical Lázaro Azar, Maraki, como le dicen cariñosamente, aseguró que la otra era apócrifa. Poco después, la cuenta desapareció. ¿Quién querría usurpar a la funcionaria? ¿Para qué? ¿Por qué fue eliminada casi inmediatamente después de la aclaración? Esa rapidez ya la quisiera Francisco Toledo, quien tras tolerar por tres años que usurparan su identidad en esa red social, exigió que eliminaran la cuenta cuando comenzaron a escribir en su nombre comentarios políticos. Hasta hoy no lo han hecho.

El muro de los lamentos gachos

¿Qué es lo más gacho que te ha pasado como profesional de la cultura? La pregunta que lanzó en Facebook la artista visual Mónica Mayer alcanzó rápidamente curiosas y escabrosas respuestas. Desde despidos injustificados y cancelación de proyectos internacionales, hasta apropiación de ideas y despidos acomodados. Es un mar de historias que sólo ahora, al calor de las redes sociales, se hace público: la de una institución que pide a los artistas trabajar gratis para una delegación; un episodio de acoso cibernético y presencial, con amenazas de violencia física, llamadas intimidatorias y negligencia absoluta por parte de las autoridades; la historia de que en la UNAM a la artista Fanny Rabel le dijeron que tenía que pagar ella misma el catálogo de su exposición y que sus nietos estarían muy orgullosos al verlo; cancelación de exposiciones sin explicación alguna tras meses o años de trabajo; la censura por parte del INBA y el MAM de la revista Artes Visuales; hacer renunciar y cerrarle las puertas del sector a alguien con 15 años de experiencia por un cambio sexenal; retención de apoyos por parte del FONCA… Hay muchas historias con nombres propios, por ejemplo el de Francesca Gargallo, quien relata que al llegar a la mediana edad —ni joven ni anciana— las editoriales vieron en ella a una mujer, “o sea a alguien que no vende tanto como un hombre” y le rechazaron sus tres novelas de literatura científica. Ni el sector público ni el privado quedan inmunes en esta lista de “los más gachos en la cultura”.

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