Los separa un siglo de vida, pero los paisajes coloridos retratados en la actualidad por y en el siglo XIX por expuestos cara a cara en Ámsterdam, brillan de la misma manera, hablan el mismo lenguaje e inspiran similar alegría.

El humor y la actitud de pintor inglés Hockney gana con respecto a Van Gogh, pero la influencia del artista holandés en su forma de mirar el paisaje es inconfundible: "Si nos fijamos en los cuadernos de dibujos, se puede ver la misma línea energética y giratoria, los puntos, las mismas curvas", explica a Efe el curador Edwin Becker.

El uso salvaje del color abruma al caminar por esta exposición del Museo de Van Gogh de Ámsterdam, donde se exhiben desde este fin de semana y hasta el 26 de mayo un total de 60 obras de Hockney, incluidas libros de bocetos y dos series de acuarelas y dibujos de carbón, que consisten, respectivamente, de 36 y 25 obras más pequeñas.

La exposición se centra especialmente en los cuadros pintados por Hockney ante su abducción por los paisajes de su Yorkshire natal, donde regresó en los noventa después de haber vivido varios años en California.

La obra monumental de "La llegada de la primavera en Woldgate" (East Yorkshire, 2011) es una de las muestras más impresionantes. Consta de 32 partes y en total mide 10 metros de ancho por 4 de alto y está colocada en el centro de la exposición, para "no dejar indiferente a nadie".

"Cuando miras esta obra sientes una colisión con las pinturas de Van Gogh, y entonces miras para arriba, hacia la gran llegada de la primavera como un escenario, de telón de fondo. Hemos hecho una especie de interacción dramática entre Van Gogh y Hockney", explica Becker, sobre esta exposición titulada "La alegría de la naturaleza".

Van Gogh (1853-1890) estaba obsesionado con la naturaleza y los paisajes de Yorkshire fueron los que también dieron la fama mundial a Hockney (1937): "Cuando llegué de Los Ángeles a Yorkshire era como si se me abriera el mundo porque nunca experimenté bien las cuatro estaciones", dijo el pintor inglés.

Esto se puede comparar con lo que Van Gogh sintió cuando abandonó Paris "dejando atrás el alcohol, las prostitutas y la vida tan agitada que llevaba" y llegó al "silencio y la sobriedad" de Arles, en el sur de Francia, donde acabó por experimentar "una luz diferente", según el conservador.

Becker cree que lo de ambos artistas es, al fin y al cabo, "una cuestión de actitud" porque seguramente hayan visto paisajes impresionantes antes pero no fue hasta que se cambiaron de lugar cuando se les abrieron los ojos, lo cual es "algo que te hace darte cuenta de que debes mirar la naturaleza con cuidado".

Ambos pintores tienen el mismo mensaje, dice: "Sal fuera, vete a un parque, pasea solo, observa los aspectos fascinantes de la naturaleza, que puedes encontrar en cualquier sitio, porque no necesitan ir a zonas pintorescas o paisajes grandiosos, solo mirar a tu alrededor".

Los cuadros pintados por Hockney en torno al 1978, cuando experimentaba con tinta de sepia, son los que más "traicionan" al británico en su inspiración en Van Gogh porque es cuando "se ve la clara similitud en el estilo de pintura" entre los dos artistas.

"Hay parecidos fuertes en cuanto a colores, tiene contrastes de morado y amarillo, recorta los árboles, permite hacer zoom de vez en cuando en un simple camino", concluye Becker, la mano que organizó está exhibición.

Es la primera vez que este museo sienta a su artista de renombre frente a un pintor vivo, pero es que Hockney, de 81 años, es considerado uno de los artistas "más inspiradores de nuestro tiempo", en palabras del director de esta pinacoteca, Axel Rüger, y hace unos meses, subastó uno de sus cuadros en Nueva York por un récord de 90.3 millones de dólares, la cantidad más alta cobrada, en vida, por una obra de arte.

akc

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