El milagro del softbol mexicano

A finales de la primera década del 2000, la selección femenil de softbol mexicana no tenía peso, ni siquiera en Centroamérica

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Universal Deportes 13/04/2020 00:50 Alain Arenas Actualizada 03:04
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Carlos Caro no tiene filtro al preguntársele cómo era el nivel de la selección femenil mexicana de softbol al final de la primera década del nuevo milenio.
 
No le ganaban a nadie. Ni siquiera a los equipos a los que en teoría tenían que ganarles”, cuenta el ahora coach del seleccionado tricolor y exrival de México en aquella época, a EL UNIVERSAL Deportes.
 
El softbol es un deporte similar al beisbol, pero con algunas diferencias.
 
En el softbol, la pelota es más grande y menos dura. El bat profesional es de aluminio. Se lanza por debajo del hombro. El campo mide, entre sus bases y jardines, 60 pies. El beisbol, por su parte, se juega profesionalmente con una pelota dura, con bat de madera, los pitchers lanzan por arriba del hombro y su campo mide 90 pies.

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Las diferencias también se perciben en México. El beisbol varonil cuenta con dos ligas profesionales, una de ellas, la Liga Mexicana de Beisbol, se fundó hace 94 años. La selección ha jugado Mundiales constantemente (los llamados Clásicos Mundiales) y ganado medallas en Juegos Centroamericanos y Panamericanos.
 
El equipo femenil de softbol nacional, en cambio, era anecdótico en los torneos regionales y nunca había destacado en los certámenes internacionales. Tampoco cuenta con una liga profesional. Pero eso estaría cerca de cambiar cuando nombraron a Cruz Guerrero, un ex ingeniero eléctrico de Pemex y un amante del beisbol, como nuevo mánager de la novena nacional, en 2009.
 
Su primera decisión fue organizar visorías para atraer a jovencitas en diferentes zonas del país, especialmente en la Ciudad de México, así como el noreste, en los estados de Baja California, Sonora y Sinaloa, que tienen una tradición añeja en el beisbol mexicano.
 
Poco a poco la selección empezó a fortalecerse y competir con las mejores selecciones del orbe, que al igual que en el beisbol, se encuentran en norteamérica, el caribe y la región de Asia-Pacífico.

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Pero entonces murió el Presidente de la Federación, Andrés Montes”, cuenta Guerrero a esta casa editorial. ”Fue de repente y un golpe muy duro. Él fue quien me había contratado como mánager. Aún sufriendo el duelo, todavía en 2013, me propusieron para que tomara la presidencia. La asumí. Tuve que cambiar de plan. Buscar un nuevo coach, pero ¿quién?
 
Guerrero pensó en Caro, el ex entrenador de las selecciones de República Dominicana y Puerto Rico, quien recientemente había renunciado a manejar a éste último representativo.
 
Cruz era un viejo conocido del cubano Caro, a quien se había enfrentado como mánager. Le propuso un proyecto titánico: manejar la selección mayor y buscar una inédita calificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. México no contaba con liga profesional, tampoco con peloteras de nivel mundial y mucho menos tenía el apoyo gubernamental de la Conade.

Aún así, Caro aceptó la misión.

“México no tenía el potencial para producir jugadoras de élite. Por eso tuve que hacer una labor de scouteo en Estados Unidos, donde se juega el mejor softbol femenil del mundo. Sabía que hay muchas peloteras dominicanas, puertorriqueñas y, por supuesto, sabía que debían de haber muchísimas mexicanas”, cuenta Caro.
 
El cubano no tenía quien lo apoyara para hacer las visorías y la federación tampoco tuvo los recursos para contratar a alguien que lo ayudara. Todo lo hizo él
 
Observaba, por internet, a las integrantes de los mejores equipos colegiales de Estados Unidos. Por cada equipo anotaba las jugadoras que podrían ser mexicanas. Hernández, Gutiérrez, González… todos esos apellidos podían ser una seleccionada mexicana. Así revisé universidad por universidad, equipo por equipo. Luego, comencé a hacer llamadas telefónicas”, agrega el mánager.
 
Se comunicó a las universidades. Habló con los entrenadores de esos equipos y los cuestionó sobre las peloteras latinas. Así descartó decenas de nombres y detectó a las que sí eran mexicanas. Pidió hablar con ellas. Muchas se negaron y otras aceptaron escucharlo.
 
A éstas últimas les ofreció jugar para la selección mexicana. Les dijo que tendrían la opción de defender al país en el que sus padres o abuelos habían nacido. En otros casos les aseguró que en la selección mexicana, a diferencia de la estadounidense, sí podrían jugar y buscar una medalla olímpica.
 
“Unas aceptaron de inmediato. Otras, no. Muchas de ellas habían sido ex seleccionadas de Estados Unidos en categorías con límite de edad. Pero después nunca más las volvieron a convocar. Era vital para el proyecto que estas últimas aceptaran jugar para México”, agrega el caribeño.
 
Así llegaron a la selección jugadoras de talla mundial, como la pitcher Dallas Escobedo, la mejor jugadora a nivel universitario del Draft 2014 de la National Pro Fastpitch, la liga estadounidense de softbol profesional, y la también lanzadora Danielle O’Toole, a quien Carlo la invitó por siete años para que jugara por México, hasta que en la víspera de los Juegos Panamericanos de Lima celebrados el año pasado, aceptó.
 
Escobedo, O’Toole y doce jugadoras más que fueron detectadas por el sistema de visorías de Caro, actualmente integran la selección. Sin embargo, hay docenas más, que también podrían integrar el representativo en un futuro.
 
Han sido fundamentales para nosotras”, dice Stefanía Aradillas, una de las jugadoras de la selección mexicana a este diario. “Con ellas hemos podido alcanzar los éxitos que hemos tenido en estos últimos años”.
 
Esos éxitos incluyen la inédita medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018 y la brillante clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuando arrasaron en el Clasificatorio de las Américas al coronarse de manera invicta, con victorias incluidas ante Puerto Rico y Canadá, dos potencias de la zona.
 
Guerrero sostiene que ha sido un camino difícil. No sólo para detectar y convencer a las jugadoras mexicoamericanas de defender la franela tricolor. También dice que ha sido muy complicado conseguir los apoyos económicos para que las jugadoras puedan enfrentarse a equipos de élite.
 
“Fue en la administración de Jesús Mena en la Conade en la que nos apoyaron por primera vez. Ahí recibimos los mejores apoyos. Luego, con Alfredo Castillo sufrimos porque casi no nos daban. Ahí tuvimos que hacer rifas para solventar los gastos de los viajes. Ahora con Ana Guevara tenemos varios apoyos, aunque menores a los que tuvimos en algún momento con Mena”, agrega Guerrero.
 
La delegación mexicana nunca ha ganado, en deportes de conjunto femeniles, una medalla en la historia de los Juegos Olímpicos. El seleccionado de softbol femenil se encuentra en el quinto lugar del ránking mundial y apunta para ser el único seleccionado de mujeres que representará al país en Tokio 2020.
 
Las posibilidades de que el equipo gane una presea son altas, especialmente porque son sólo seis naciones las que participarán en el torneo olímpico. Caro, además, dice que el equipo al que maneja es superior a Italia y Australia, dos de los equipos calificados, porque han derrotado a las australianas en varias ocasiones, mientras que las italianas, dice, tienen un nivel inferior a Estados Unidos, Canadá, Japón y también a las mismas mexicanas, las otras clasificadas el certamen.
 
“Todas sabemos que estamos en una oportunidad única para conseguir una medalla. No sólo vamos con esa mentalidad. Nosotras queremos ser campeonas olímpicas. Tenemos todo para hacerlo”, añade Aradillas.
 
La única presea de oro que ha ganado México en deportes en conjunto fue en Londres 2012 en futbol varonil, un deporte que cuenta con una liga profesional de respaldo y centenas de jugadores. Si el softbol femenil igualara ese hito en Tokio 2020, sería prácticamente un milagro, teniendo en cuenta que la disciplina despuntó apenas hace un década y que todavía no cuenta con una liga nacional, ni profesional. En los Juegos Olímpicos de Tokio buscarán reescribir su historia.

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