El lunes pasado me referí al caso de Ana María Velázquez Colomer, una mujer que se enteró —por un papelito pegado en una parada de autobús— de una oferta de empleo bien remunerado en un rancho de Topilejo, salió de su casa para entrevistarse con el supuesto empleador, un tal “señor José Luis”, y no regresó. Desapareció. No se sabe nada de ella desde entonces.