La gente sobria regularmente es mala, pasa demasiado tiempo consigo misma, es oscura y perversa, envidia la pasajera felicidad del otro, puesto que prefiere su constante amargura y la acidez del alma

Desde el comienzo de la pandemia escribí en esta columna que la docilidad, amansamiento civil y la ausencia de afirmación individual resultaban más escandalosos que la tragedia sanitaria

Los partidos carecen de ideología, son empresas que andan a la búsqueda de clientes, denigran al árbitro electoral como estrategia para ejercer presión

Hay que decir lo que se nos dé la gana y rezar para que los juicios o acciones que provoquen nuestras expresiones no sean asunto de inquisidores primitivos, sedientos de santidad

El ensayo es también una especie de anti o contra género, de género problemático, pues en él cabe desde una gallina hasta la dialéctica de Hegel

Vivimos en el centro de una sociedad dócil, demasiada dispuesta a obedecer y empujada de antemano a caGUILLERMO minar hacia direcciones determinadas de antemano

La clase política, en su gran mayoría, carece de ideales, estrategias morales, programas sociales, pragmatismo eficaz, y sólo siguen las instrucciones de algún líder que es, más bien, su domador