Están ya entre nosotros las primeras vacunas anti Covid-19 y su entrada al mercado ha causado tanto esperanza como desconfianza. Las primeras en llegar al mercado (Pfizer y Astra Zeneca) son elaboradas con la novedosa técnica de ARN mensajero, que deriva de los avances en genómica, los cuales permitieron caracterizar al virus y sus mutaciones, y producirlas en tiempo récord. Pese a la desconfianza, la tecnología ya se había usado con éxito en ensayos clínicos de Fase I y II para enfermedades como zika, gripe, rabia, cáncer de próstata y mama. La técnica es prometedora por su bajo costo y rapidez, además de que las dos mencionadas ya han sido probadas hasta Fase III (la necesaria para liberarlas al mercado).

Desafortunadamente hay sectores de la población mundial que aún niegan la existencia del virus y la necesidad de vacunarse, estos últimos más presentes en Europa y Estados Unidos que en Latinoamérica. Hay noticias falsas y campañas malintencionadas que difunden engaños para que la gente no se inmunice.

Más que la cuestión científica y de bioseguridad, lo que está definiendo el destino de las vacunas son las relaciones de poder entre países. Lejos de distribuirse como un bien público, lo que está sucediendo es el acaparamiento de los antígenos en un puñado de países y dominan los criterios de fines de lucro de las empresas transnacionales farmacéuticas. Esto llegó al grado de que la Organización Mundial de la Salud tuvo que crear el consorcio COVAX para asegurar la vacunación de todos los habitantes del planeta, pues si se dejaba su fabricación y distribución a las fuerzas del mercado y al poder económico de gobiernos y empresas, los países más pobres quedarían relegados. COVAX es una entidad mundial en la que participa Gavi (Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización), vincula organizaciones públicas y privadas, y en ella participan 170 países, aunque a la fecha no ha demostrado mucha eficiencia, pues no han llegado todas las vacunas prometidas a varios países (entre ellos el nuestro). La desigualdad es tal, que un 75% de las dosis a la fecha se concentran en 10 países y en Israel ya se vacunó al 49% de la población, mientras que, según la Universidad Johns Hopkins, en algunos países como Marruecos apenas se llega al 1.61%, de la mayoría de los países africanos no hay información disponible y sólo unas cuantas naciones están por encima del 10%. Los países que más han acaparado dosis de inmunizadores son Estados Unidos, Reino Unido, Israel y Emiratos Árabes Unidos, y las empresas farmacéuticas transnacionales acumulan ganancias, no han tenido la capacidad de producir al ritmo de la demanda y han incumplido contratos. Hay urgente necesidad de sistemas eficientes de salud pública, que fueron desmantelados en las décadas del neoliberalismo. Es imposible que la salud privada y las aseguradoras hagan frente a la emergencia sanitaria que la pandemia global ha provocado. En un alarde de “generosidad”, Pfizer dona 40 millones de dosis a COVAX de su producción total estimada de 2 mil millones de dosis en 2021.

México está en una situación difícil, pasamos de tener la capacidad de producir nuestras propias vacunas en los Institutos Nacionales de Higiene y de Virología, a ser importadores netos gracias al cierre de estas instituciones por los gobiernos neoliberales en los años noventa. Estos institutos tenían liderazgo mundial en los setentas en producción de los antígenos, y el gobierno de Zedillo los cerró (aunque desde el sexenio salinista se habían disminuido sus fondos y capacidad), se perdió la autosuficiencia, y se crea la muy reducida empresa paraestatal Birmex. Hay contraste con Cuba, un país pequeño y asediado que ha cuidado su capacidad científica y puede producir su propia vacuna y exportarla.

Nuestro país, por el contrario, ha tenido que recurrir a COVAX ante el incumplimiento de Pfizer del abastecimiento de los 32.4 millones de dosis que le compró el gobierno mexicano, de las cuales llegaron con retraso el 23 de febrero 500 mil dosis, adicionales a las 766 mil anteriores ya aplicadas. Los precontratos de compra de vacunas con COVAX son de 51 millones (que no han arribado al país), con Astra Zeneca 77.4 millones y con Cansino 35 millones. De la rusa Sputnik V acaban de llegar 200 mil dosis y 800 mil de la china Sinovac, mientras que la de Astra Zeneca se produce en el laboratorio argentino mAbxience, en parte con financiamiento de Carlos Slim, y se envasa en México en el laboratorio Liomont. A la fecha se han aplicado 2 millones 455 mil vacunas en el país a 603, 447 personas.

El problema no está solo en el acceso, también es crítico el operativo de distribución, para ello otra vez es necesario un buen sistema de salud pública. En nuestro país hay propuestas de que se haga en las farmacias y que las adquieran los agentes privados, en medio de críticas vociferantes contra el gobierno. Se ignora la limitada oferta mundial y que las vacunas de ARN mensajero requieren de ultracongeladores de menos 70 grados centígrados, éstos escasean en el país, y los inmunizadores sólo sobreviven cinco horas fuera. Al enorme reto de la aplicación y distribución se suma la coyuntura del año electoral, por lo que desafortunadamente veremos manipuleos de la información y uso político de la inmunización. Resta ver si como sociedad, clase política y gobierno seremos capaces de poner por encima de intereses mezquinos la salud de la mayoría de la población.

Google News

TEMAS RELACIONADOS