Nos quieren acallar. Aunque lo nieguen, desde el poder pretenden censurar con mordazas legales. Bajo el argumento de defender a las audiencias, otorgan atribuciones a la autoridad para que defina qué información es verdad. La más alta tribuna de Palacio Nacional podría convertirse en juez y determinar qué es verdad y qué es mentira. Pretenden legalizar su autoritarismo.

En medio de la consulta pública para analizar los lineamientos del anteproyecto de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones sobre los derechos de las audiencias, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que su movimiento defiende la libertad de expresión, la cual está asociada al bienestar; sin embargo, la mandataria omitió mencionar que se refería al bienestar del oficialismo.

Hablan de la libertad de expresión como si fuera un obsequio, cuando se trata de un derecho. Exigen lo que no ofrecen. Quieren convertirse en auditores de la información cuando a ellos, a los morenistas, nadie los fiscaliza.

Dentro de los lineamientos, obligan a los medios a otorgar derecho de réplica en caso de que se publiquen o difundan hechos que consideren inexactos o falsos. ¿Quién obligará al gobierno a conceder dicho derecho? Si en junio de 2023 acudí a Palacio Nacional a ejercer mi derecho de réplica, con amparo de un juez en mano, y el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador me lo negó. Me cerró las puertas de Palacio Nacional que alguna vez prometió que estarían abiertas.

Qué fácil fue para él, con todo el aparato del Estado, acusarme de querer quitar los programas sociales a los mexicanos. Una mentira que repitió durante meses en su conferencia mañanera, en sus giras por el país y que fue difundida por los personeros del gobierno que contaban con espacios en medios oficiales y otros digitales. Ni la orden de un juez hizo justicia. ¿Qué nos hace pensar que son defensores de la libertad de expresión? No han cambiado, son los mismos.

Hoy el oficialismo quiere evitar que se le critique. Aprovecha todo su poder para censurar. Recurre a todos los medios para silenciar a quien le llama narcopartido. No se han dado cuenta que no lo están ofendiendo, lo están describiendo. Muestra de ello son las acusaciones en contra de Rocha Moya por vínculos con el crimen organizado y el crecimiento descomunal del huachicol fiscal en gobiernos de la 4T, cuya operación no se entendería sin la complicidad de autoridades.

La presidenta Sheinbaum ya dejó ver el camino que seguirá para responder a quienes no piensen como ella. A quienes criticaron su Mañanera dijo irónica: “Que no la vean”, dejando ver su taante autoritario. No se da cuenta que ese espacio del que hace uso todos los días es pagado con el erario público. Y que como presidenta de la República, sus declaraciones se difunden en diferentes medios de comunicación, así sean mentiras.

No pueden imponer su verdad. En una democracia se disiente, se respeta la libertad de expresión. No podemos permitir que pasen por encima de este derecho porque mañana vendrán por otro más. Son autoritarios.

Comentario final. Semana cuarenta y cuatro: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

Ciudadana

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