Comprar simpatías a través de programas sociales pagados con recursos que todos tributamos es una senda insostenible, tarde que temprano la billetera se vacía, el descontento comenzará a crecer y cuando el dinero falta el amor sale por la ventana.
El morenismo no es una filosofía, ni un credo político, es una mera vía de acceso al poder cimentada en el discurso de odio y polarización contra la opulencia que se sembró en el fértil campo de la población empobrecida. No hubo agenda, proyecto, ni idea de nación, el esfuerzo se volcó en ahondar las distancias en el inexistente tejido comunal, porque su base electoral está justamente en los que menos tienen.
Dividir privilegiados y excluidos ha sido la tarea matutina durante años. Se institucionalizó la precariedad y se perpetuó la miseria convirtiéndola en destino, ‘¿para qué dos pares de zapatos, si con uno es suficiente?’ o la versión reformada ‘Si no te alcanza para Premium, ponle Magna’, expresiones perversas de dirigentes que procuran hacer permanente la marginación. Simple y llanamente, la estrechez es virtud oficial; satanizan al ‘Tío Richie’ por tener y canonizan al desposeído.
El lopezobradorismo, que aún perdura, no se ha ido, persiste en su ambiciosa meta: mantener la necesidad en lugar de combatirla, pero con una distinción, a los amigos les generan jugosos ingresos, de hecho, se construyó una nueva élite, la mafia guinda de billonarios, los ahora intocables, los mandamás, ellos dicen qué cosas caminan. Juniors que, incluso hoy en día, la Presidenta sigue defendiendo, que seguramente no viven con 200 pesos en el bolsillo.
Sumado a este vergonzoso embrollo de la corrupción lacerante sin consecuencias, el aparato de investigación, la FGR de Gertz, se empleó en la persecución de Alejandra Cuevas y los Jenkins, solo asuntos personales, dejó de lado lo importante, provocando que la impunidad reine como eje de la supuesta administración del ‘cambio’. A este escenario, se acumularon garrafales decisiones que son un auténtico fracaso: el Tren Maya, el AIFA, Dos Bocas, el brutal costo por el cierre del aeropuerto de Texcoco, la pérdida del Seguro Popular, el abandono del sector educativo y desde luego, la cereza del pastel, la abdicación absoluta, sin condición alguna, ante los amos del crimen organizado.
Entregar la plaza es mucho más que el disimulo, no se limita a estirar la mano para recibir las monedas de la traición, es permitir que hagan lo que quieran sin miramiento. Sinaloa, Tamaulipas, Baja California, Guerrero y Tabasco son muestra de los efectos de la aceptación pasiva de la derrota. Después viene el señalamiento internacional: son un gobierno que practica la desaparición forzada, pero lo rechazan y, con ello, se desprecia el dolor de miles de familias que lo sufren.
Finalmente, la ‘mañanera’ fue la concentración categórica de la retórica, se hizo imperial, hegemónica, dominante. No había gabinete que resistiera, mentes brillantes optaron por poner tierra de por medio y se fueron.
El problema es que la historia montada en la inercia continuó con los mismos reflejos. El fracturado y desquebrajado segundo piso, mantiene las conductas propias del ya, velozmente, viejo régimen: maniobras recurrentes, métodos de coacción y usos clientelares, pero Sheinbaum olvidó lo elemental, que ella, no es Andrés Manuel y el modelo se le agotó.
El desgaste por el control despótico cobra factura, haber sometido a la Corte, obras irracionales, denostar a la democracia, agraciar la violencia, tuvo su precio y hay que liquidarlo. Son oportunidades para rehacer la ruta que, parafraseando al tabasqueño, la actual nos lleva directo al despeñadero.
Abogado. @VRinconSalas
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